lunes, 10 de abril de 2017

Luego dicen que los gays ya no tenemos de qué quejarnos…


Bilbao, año nueve d.c. (después de la crisis, o sea, de la estafa). Sí, en España hay matrimonio igualitario desde que Zapatero lo aprobase en 2005. Eso no quiere decir que desde entonces no hayan seguido aumentando los ataques homófobos. Si hace unas semanas todo el país se revolvía ante la inmunda campaña neofascista del autobús del odio (que, por cierto, ha dado más publicidad positiva gratis a la comunidad trans en
este país que cualquier empresa de marketing multimillonaria hubiera podido hacer), esta semana nos hemos tenido que desesperar otra vez ante las últimas noticias. Primero fue la agresión homófoba en Holanda, sí, ese país tan moderno y liberado que fue el primero en legalizar el matrimonio de parejas del mismo sexo en 2001. Parece ser que una pareja de hombres fue atacada brutalmente a la salida de un club porque iban agarrados de la mano. De nuevo, la reacción en los medios fue tal que ha ocupado páginas en las publicaciones de todo el mundo, con fotos de hombres de todo tipo agarrados de la mano en apoyo a la libertad de expresar tu sexualidad cómo y cuando
quieras. Así que desde policías, personajes anónimos, doctores, deportistas y hasta políticos, posaban felizmente agarrados de la mano. ¿Os podéis imaginar algo así en este país? ¿Que el señor Rajoy y sus acólitos posaran sonriendo agarrados de la mano en apoyo a los gays y sus derechos…? ¡Ah, se me olvidaba, que este ya no es un país moderno y progresista y por un quítame allá esos chistes puede uno acabar en la cárcel!


Y con tintes mucho más oscuros, nos llegan recientes denuncias de que la población gay de Chechenia está desapareciendo misteriosamente. Se hablaba ya de unos cien muertos y otros tantos desaparecidos. Parece ser que toda la información que nos ha llegado está basada en rumores y no en datos, ya que la población chechena en general es tan homófoba que eso hace muy difícil recoger datos fiables. Alvi Karimov, portavoz del gobierno checheno declaró (muy asquerosamente, por cierto, como ya no soy periodista puedo dar mi opinión) que “no se puede detener lo que no existe en la república. Pero si existiera, la policía no tendría ningún problema porque sus propias familias los enviarían a un lugar sin retorno”. Según Euromaidan Press (noticias desde Ukrania), el líder de Chechenia, Ramzan Kadyrov, habría abierto el primer campo de internamiento de homosexuales desde que lo hiciera Hitler en los años 30, con la intención de ejecutar u obligar a abandonar el país a todo aquel hombre que practique una “sexualidad no tradicional”, como les gusta llamar en este país a la homosexualidad. Aparentemente allí se realiza terrorismo de estado, incluyendo torturas a los apresados
para que confiesen los nombres de otros “desviados como ellos”. Se conoce la localización de al menos uno de estos campos de concentración, una antigua base militar situada en Argun, en el número 996 de la calle Kadyrov. Todo esto recuerda muy peligrosamente a lo que ocurría en España durante la dictadura franquista y principios de la democracia, cuando la homosexualidad (tanto masculina como femenina) se pagaba con cárcel, palizas, violaciones, chantaje y electroshocks. 


Por otra parte, y en una nota más festiva por lo ridículo del caso, el gobierno de Putin, públicamente homófobo, ha prohibido la publicación de una conocida imagen del susodicho macho, con maquillaje sobre el fondo de una bandera gay del arco iris (más conocida
popularmente como el meme del “gay clown”, o sea, del payaso gay). Supuestamente esta imagen implica la idea de que el presidente sea gay (Dios o Diosa no lo quieran). Por lo tanto, y ante semejante infamia para la masculinidad del todopoderoso jinete despechugado, se ha incluido este póster entre los considerados en Rusia como “material extremista”. La pena incluye 15 días en prisión (¿en Siberia?) o el pago de 3000 rublos (unos 53 dólares). Como era de esperar semejante prohibición ha provocado una campaña online en la que se comparte incesantemente la imagen del señor Putin (menudo nombrecito, ¿sabrá lo que significa en castellano? ¿Nos declarará la guerra por ello?) maquillado como si se tratara del maestro de ceremonias de “Cabaret”. 



When we rise
Y para acabar con más reivindicaciones LGTB, si realmente quieres conocer una aproximación a lo que esta comunidad ha tenido que pasar en las últimas décadas (discriminación, agresiones, asesinatos, lucha por los derechos civiles, sida y estigma social, lucha por el matrimonio igualitario, persecución…) os recomiendo la serie de HBOWhen we rise(con unos estupendos Guy Pearce, Rachel Griffith, Mary-Louise Parker y Whoopi Goldberg). Allí os lo cuentan todo. Eso sí, preparad los pañuelos porque no es para corazones sensibles…


viernes, 20 de enero de 2017

Nueva forma de ver la tele (II)


Bilbao, año nueve d.c. (después de la crisis, o sea, el robo a mano armada del que todos somos víctimas). Y mientras los canales de televisión en abierto (léase, los gratis, los de siempre) continúan midiendo sus audiencias a la clásica, yo, como os había prometido, voy a seguir hablando de las últimas novedades en series de televisión. Pero de las que sólo se pueden ver en las nuevas plataformas, porque hoy en día Netflix, HBO, Movistar y pronto Amazon, son las que acumulan la mayor parte de la ficción que merece la pena verse. Desde luego, esto no deja de ser un blog de alto contenido crítico personal, con lo que ni son todas las que están ni están todas las que son. Pero es lo que tienen los críticos, que nuestros gustos personales se imponen sobre cualquier otro factor. Y si no que se lo pregunten a Mr. Boyero.

Voy a empezar por la recién llegada (como quien dice acaba de iniciar su andadura internacional como plataforma, aunque no deje de ser también el canal con mejor reputación en series de los últimos 15 años por lo menos), HBO. Y claro, hay que
mencionar a su buque estrella de los últimos tiempos: “Juego de tronos”. Pero ya se ha hablado mucho de esta serie que va  por la séptima temporada, aunque aún tendremos que esperar meses para ver el material rodado aquí al lado, en el País Vasco (en las temporadas anteriores ya pudimos reconocer los escenarios del Desierto de las Bardenas, el centro histórico de Girona, las tierras de Aragón o algunos edificios de Sevilla). Así que mejor empiezo con la que ha llegado para (supuestamente) ocupar su sitio cuando esta saga llegue a su conclusión. Estamos hablando, claro, de “Westworld”. ¿Cómo, que no sabes qué es? ¿Has tenido apagado internet los últimos meses? ¿Te has estado tapando los oídos? Porque no han dejado de hablar de esta nueva serie en todas partes. En realidad se trata de un remake de una peli de ciencia ficción de serie B de los 70, que tenía como estrella en decadencia a Yul Brynner y que mostraba un futuro cercano en el que un parque temático del oeste americano lleno de robots ofrecía a los visitantes la posibilidad de ejercer todo tipo de maldades bajo la excusa de que los robots no tienen alma. ¿Pero y si la tuvieran? A pesar de sus fallos, la historia resultó un éxito y se convirtió en película de culto, dando lugar a una secuela menos conocida titulada “Futureworld”, que contaba con Peter Fonda y Blythe Danner (la madre de la actricísima Gwyneth Paltrow) regresando a una reapertura del parque temático. Ya en el año 80 llegaría una primera serie de televisión que trataba de ser una continuación de estos dos films, pero sólo duró 5 capítulos y pasó completamente desapercibida. Así que hubo de esperar hasta este remake de lujo que ha sido la estrella del lanzamiento de esta plataforma en el mundo. Una primera temporada irregular, sorprendente a ratos, algo repetitiva y repleta de nombres conocidos del cine y la televisión, Anthony Hopkins, Ed Harris, James Marsden (el Cíclope de la trilogía original de X-Men) y Sidse Babett Knudsen (de Borgen), que mantiene la premisa del original y que, si no la alargan al estilo “Perdidos”, puede llegar a tener mucha miga. 


El otro gran desembarque de HBO internacional ha sido su primera producción italiana, “The young Pope”,  dirigida por Paolo Sorrentino, gran artista del cine que nos dio el lujazo que supuso “La gran belleza”. Si no te gustó aquella, no te molestes con esta. Sigue el mismo apabullante y elegante estilo visual, una acción entrecortada y llena de ironía (¡Dios mío, ¿el Vaticano la habrá visto?) con un joven y hermoso Papa interpretado por Jude Law, que fuma sin parar por las elegantes y barrocas estancias de los palacios eclesiásticos, acompañado a veces por una magnífica Diane Keaton en el papel de monja (ya era hora de que dejase de hacer esas payasadas de comedias americanas que casi siempre transcurren en bodas) y un sutilísimo Javier Cámara (¡qué gran actor tenemos, que lo mismo nos hace reír que llorar que pensar!). Un lujo tranquilo que no es para los amantes de la acción. Intrigas palaciegas en pleno Vaticano, mucho surrealismo (marca de la casa Sorrentino), magníficas interpretaciones y el primer Papa guapo de la historia, que además no tiene problemas en enseñar el culo.

Y la recién llegada, nada más estrenarse en la BBC ya está en HBO: “Taboo”, apabullante recreación del Londres de principios del siglo XIX a la manera de un western, que se adentra en una complicada herencia familiar con un misterioso personaje central que parece recién llegado de… la mismísima muerte (Tom Hardy), su exquisita medio hermana (la española Oona Chaplin, aristocracia del cine por apellido y de la tele por su participación en “Juego de Tronos”) y unos negocios turbios con empresarios y banqueros muy parecidos a los actuales, o sea, chacales en toda regla. La cosa promete.

Pero si a relaciones turbias nos asomamos, no podemos dejar escapar la oportunidad de hablar de “The affair”, esta vez en Movistar Series. Otra exquisitez (al menos su primera temporada lo fue, la segunda ya no llega a
tanto) de las relaciones de pareja complicadas. Originalísimo punto de partida ya que, cada capítulo de la primera temporada está dividido en dos partes en las que vemos los distintos puntos de vista de los dos protagonistas de este affair doblemente adúltero (ambos están casados) protagonizado por Dominic West (“The Affair”, ¡qué potencia física la de este animal!) y Ruth Wilson (tremenda en “Luther”). Así podemos ver los mismos hechos contados desde la perspectiva masculina y la femenina (muy interesante, de verdad). Los papeles del marido engañado (Joshua Jackson de “Fringe”) y la esposa abandonada (Maura Tierney) tampoco tienen desperdicio. De hecho la segunda temporada incluye también sus puntos de vista diversificando la historia, que se va más hacia el thriller con crimen y juicio incluidos, lo que hace que pierda su sentido original. La tercera temporada promete aún más cambios. Esperemos que no bajen la temperatura de las escenas de sexo, mucho más realistas (y profundas) de las que solemos ver en la tele. 


Y si hablamos de sexo habrá que pasarse por Netflix (sí, se han comido el mercado, hay que reconocerlo). Porque “Sense8” la aventura internacional de las hermanas Wachowski (filmaron la trilogía de “Matrix” cuando aún eran los hermanos Wachowski) en la que tiene un papel importante nuestro sexy Miguel Ángel Silvestre, no se corta un pelo a la hora de aderezar su extraña ensalada intercontinental con escenas de sexo de lo más calientes. Y si no lo creéis revisad el capítulo 6 de la primera temporada y veréis que es lo más parecido a una orgía en directo que habéis visto en vuestra pequeña pantalla. La espectacular cinematografía impacta en un principio pero finalmente acaba por perder interés a la vez que la historia se prolonga sin avanzar, convirtiéndose toda la primera temporada en una larguísima introducción de personajes (incluyendo esporádicas apariciones de Daryl Hannah para dejar claro que lo que estamos viendo es una historia de ciencia ficción -¿de verdad, no era un tripi?). Y por lo que he visto en el primer capítulo de la segunda temporada (o especial de Navidad), la línea argumental continúa igual. O sea, sin avanzar.

Y siguiendo con Netflix no podemos olvidarnos del que ha sido su gran exitazo: “Stranger things”, que consigue reunir en 8 capítulos la esencia de “ET”, “Los goonies”, “Encuentros en la tercera fase”, “Scanners” e incluso “The thing”, todos ellos exitazos de los 70-80. Y es que esta serie transcurre en la década de los cardados imposibles, recreándola hasta en los más mínimos detalles (incluida la banda sonora). Historia de aventuras infantiles que recupera a una histérica Winona Ryder en plena forma y a un Mathew Modine canoso y malvado. Bicicletas en escapadas nocturnas, una hermana mayor idéntica a la Kitty Pryde original de los cómics de X-Men de los 80 e incluso su propia mutante preadolescente con poderes psíquicos, que ha convertido a Millie Bobby Brown en la nueva it girl del momento. Un gran disfrute de serie.

Y en otra línea totalmente distinta (o sea, en plan “Downton Abbey”) se encuentra “The crown”, elegantísima puesta en escena de los jóvenes años de una reina, en este caso Isabel II de Inglaterra. Pero no os esperéis ñoñerías tipo Sissy, esto es
material serio que reconstruye una década (los 50) en el Reino Unido, consiguiendo que personajes que siempre nos han parecido de cartón piedra (la reina, su marido, su hermana, sus padres, Churchill…) tomen forma como personas de piel y sangre y pulsaciones, lo que hace que nos interesemos por lo que les pasa (increíble, les pasan cosas). Un placer tranquilo y una gran lección de inglés. 

Y para cambiar de rumbo qué mejor que “The get down”, un colorista musical como es debido. O mejor, una reconstrucción de un capítulo de la historia de la música que yo desconocía totalmente: el paso de la música disco al hip hop a finales de los 70. Con una espectacular dirección de Baz Luhrmann que convierte en un auténtico ballet cualquier escena aunque nadie baile, unos actores frescos y muy jóvenes que nos hacen pasar por la época de Dona Summer hasta empezar a rayar los vinilos al modo rap en fiestas que transcurrían en talleres industriales en pleno Bronx neoyorquino. Un auténtico deleite con una estupenda banda sonora (incluyendo la canción que crean al final de la primera temporada “Set me free”). Y un Giancarlo Esposito (el dueño de Los Pollos Hermanos en “Breaking Bad”) en un registro totalmente diferente al que tanta popularidad le dio.


Y el contraplano de esta serie sería (volviendo a HBO para cerrar el círculo) “Vynil”, la historia (mucho más oscura y drogada) de un productor discográfico tratando de sobrevivir a principios de los 70. Producida por Martin Scorsese y el mismísimo Mick Jagger, nos
cuenta la bajada a los infiernos del protagonista (Bobby Cannavale) para sacar adelante su propia empresa discográfica en pleno boom de la movida neoyorkina, donde nieva polvo blanco todas las noches y el sexo y el alcohol son habituales en las reuniones de negocios.

Y atentos a Amazon. Después del éxito de “Transparent” están a punto de desembarcar con la primera serie de televisión dirigida por el mismísimo Woody Allen… Eso es todo por ahora. Hay muchas más que seguro que merecen la pena. Si las habéis visto, escribidme y contádmelo… 

miércoles, 11 de enero de 2017

La nueva forma de ver la tele (I)


Bilbao, año 9 d.c. (después de la crisis, o sea, de esta estafa a la ciudadanía). Primer post del año y ya ha llegado la hora de hablar de la televisión. Pero de la de hoy en día, no de las vetustas programaciones de las cadenas concedidas por el gobierno, sino de lo que ya usa la mayor parte de la población activa. Sí, estoy hablando de plataformas como Netflix, HBO, Movistar o incluso Amazon, que nos ofrecen todas las series de nuestros sueños, todas esas maravillas que han inundado los mercados en los últimos diez años o más, en eso que se conoce como la Segunda Edad Dorada de la Televisión


Y aquí hay que aclarar que, desde las magníficas “A dos metros bajo tierra” (Six feet under) y “Los Soprano”, dio comienzo un renacer de este medio tan querido que había sido considerado como la hermana pequeña del séptimo arte. Y si durante varias décadas los actores con caché y renombre no querían ni oír hablar de la tele, ahora se pelean por aparecer en ella. De hecho, incluso la gran dama de la interpretación, Meryl Streep (¡qué gran discurso anti Trump en los Globos de Oro!), ha grabado ya su regreso al medio
(“The nix”, de J.J. Abrams) que le dio la popularidad en los lejanos 70 con “Holocausto”. Y es que hoy en día el trasiego de actores entre cine y televisión o al revés, es ya algo cotidiano. Y si no que se lo digan a Brian Cranston de “Breaking Bad” o a Christina Hendricks de “Mad Men”, que no dan abasto. Y otros nombres como Glenn Close, Jessica Lange, Dustin Hoffman o Nick Nolte no han perdido la oportunidad de hacer el camino a la inversa. Por algo todos dicen que hoy en día las mejores historias se escriben (y se cuentan) en la televisión.   


Pero hablemos de plataformas. Si en el principio fue e-mule y luego vinieron torrent y la infinidad de plataformas de descarga gratuita (obviamente de manera ilegal), las que nos permitían ver todas las series que venían del mercado americano y de las que todo el mundo hablaba (como las ya mencionadas o “The wire”), pronto nos cansamos de pasarnos horas descargando a velocidades dignas de Los Picapiedra y empezamos a ver los capítulos directamente en streaming, sin necesidad de descarga. Pero esto también
contaba con inconvenientes, ya que existían cantidades inacabables de versiones truco: porno, páginas de juego, virus, etc. Para entonces ya habían entrado en el juego las joyas nórdicas como “The bridge”, “Borgen” o “Bron/Broen”. Y siempre les hacían la competencia las originalidades inglesas del tipo “Sherlock”, “Life in Mars”, “Misfits” o “Being human”.

Y claro, el mercado sabe lo que quiere el cliente, así que como manera de rentabilizar tantos años de pérdidas con bajadas ilegales, surgieron Netflix y HBO (por ahora las que se están comiendo el pastel). Y es que la televisión en directo, es decir con las series programadas a las 22.40 y con anuncios, con dos o tres capítulos seguidos, y siempre pendientes de la audiencia, ya no se la traga más que la generación jubilada… Y al tiempo. Porque ahora, por 7.99€ al mes, cualquiera puede tener acceso a una lista inacabable de series y de películas de manera legal. Para que no venga el señor Montoro a acusarnos de lo que ellos hacen tan bien, o sea, robar. Así que voy a comentar algunas de las series de última hornada que he visto últimamente y que creo que merecen la pena verse… O quizá lo haga en el siguiente post, y así, en el mejor estilo de capítulo de fin de temporada, os dejo con el cliffhanger…, es decir, con la miel en los labios. 

TO BE CONTINUED

lunes, 21 de noviembre de 2016

Nosotras, mujeres de Euskalduna


Bilbao, año 8 d.c. (después de la crisis). El sábado, en Zinebi (Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao) me llegaron noticias de unas mujeres luchadoras (lucharon antes y seguro que lo siguen haciendo ahora, en su día a día). Nadie se acordaba de ellas, nadie les había dado unas palmaditas en la espalda, nadie les había hecho un homenaje por su labor. Hasta ahora. Porque ahora ya lo tienen, ahí, en la pantalla grande, en forma de documental. Se llama: “Nosotras, mujeres de Euskalduna”.



Hace muchos años (o quizá no tantos) el Guggenheim no había sido ni siquiera soñado. Bilbao era una ciudad gris, sucia, cubierta por una nube de contaminación que afeaba el Botxo. Las fachadas de todos los edificios estaban escondidas tras una capa de grima, llovía incesantemente (más que ahora, mucho más que ahora), la ría era una inmundicia de desperdicios tóxicos color marrón chocolate y por la noche había una lluvia de microscópicas partículas metálicas. Y es que la industria lo ocupaba todo, estaba por todas partes, rodeaba la ciudad y se introducía en su tejido vertebral. Si encima del Casco Viejo se encontraba la Fábrica de Echevarría y donde ahora está el BEC respiraba hondamente Altos Hornos de Vizcaya, a dos pasos del Sagrado Corazón se hallaban los Astilleros Euskalduna. Sí, de ahí el nombre del Palacio que lo recuerda. Las nuevas generaciones no han conocido ese Bilbao y quizá se piensen que esto ha sido siempre una ciudad limpia y llena de luz. Pero el pasado no hay que olvidarlo.

 

Porque en aquel mundo gris, a pesar de todo lo anterior, se escondía una ciudad muy viva, donde además, se respiraba una estabilidad especial (sólo en ciertos aspectos, claro): había trabajo, mucho trabajo, que pasaba de generación en generación y parecía que nunca se iba a acabar. Hasta que un día la alarma roja saltó: iban a cerrar Euskalduna. Corría el año 84, una época en la que los trabajadores y los sindicatos todavía luchaban por sus
Araitz Rodríguez y Larraitz Zuazo
derechos. Y luchaban hasta el final. Fueron años duros. Euskalduna fue la primera, pero las demás siguieron pronto su camino. Hoy ya no queda ninguna. Lo que sobrevive es el recuerdo de una gente que se sintió expoliada, atacada en lo que pensaba que iba a ser su vida para siempre. Y no fueron sólo los obreros. Fueron también sus mujeres, sus hijas, sus madres, sus hermanas… Y de ellas se ha acordado este documental dirigido y guionizado, claro, por otras dos mujeres: Araitz Rodríguez (hija de uno de los trabajadores de los astilleros y de una de las protagonistas de esta historia) y Larraitz Zuazo. Producido desde el mismo Zinebi, han participado la UPV y EiTB. 

Nosotras, mujeres de Euskalduna” es un documental sentido, sacado de las tripas de 9 mujeres (las dos creadoras y sus siete protagonistas) de una manera elegante, como las historias bien contadas, con sus silencios, sus miradas a cámara, algunas lágrimas y voces quebradas, con testimonios que se conjugan con las conversaciones entre ellas, con imágenes de archivo que nos muestran aquellas manifestaciones y encerronas en las que tomaron parte. Nos muestran también aquellos famosos tiragomas que los obreros usaban como armas contra la policía que trataba de hacerlos callar y que se convirtieron en símbolos de su lucha. Los que vivíamos aquí entonces recordamos cómo atravesar el Puente de Deusto en aquellos tiempos era como pasar por un campo de batalla. Y estas mujeres valientes (entonces por luchar, ahora por contarlo) nos narran su punto de vista de la historia, su participación, cómo les afectó, cómo en algunos casos les cambió la vida. Aún es palpable la frustración que las dejó marcadas, cómo la herida sigue abierta para algunas de ellas, cómo la lucha obrera, el sangrante desmantelamiento industrial de Bizkaia (nunca especialmente aclarado) es como un tatuaje en su memoria.


Es un hecho que el papel de la mujer en la Historia (con mayúsculas) ha sido olvidado, borrado, extraído, disimulado, menospreciado, mancillado… Pero hoy en día, cada vez más, surgen iniciativas para tratar de recuperar su protagonismo en episodios concretos, en la Guerra Civil, en la Guerra Mundial, en la lucha obrera... Como ha hecho este estupendo documental. Cuando aparecen los títulos de crédito te llevas la impresión de que conoces un poco íntimamente a estas mujeres, aunque hayas compartido con ellas sólo una hora, pero has visto a través de sus ojos, has entendido la parte de la Historia que les tocó vivir. Y has admirado su fortaleza. ¡Qué preciosas algunas miradas! ¡Ya quisieran las Kidman, las Jolie, las Vergara tener esa realidad en los ojos!

domingo, 6 de noviembre de 2016

The Kills y GEoRGiA: un concierto-concierto, no un festival



Bilbao, año 8 d.c. (después de la crisis). Como ya tenemos gobierno y no podía ser más deprimente, entre muchísimas razones porque se intentará aplastar cualquier manifestación cultural a lo largo de los próximos 4 años, qué mejor que ahogar las penas en un buen concierto. Y digo concierto, para diferenciar a los amantes auténticos de la música en directo de los asistentes a festivales tipo BIME (leer mi crítica en el blog de Más Que Traductores) que se han convertido en un auténtico evento social, un “must” al que hay que ir para contarlo a los amigos a través de Facebook, Instagram, Twitter y demás: no importa si me dedico a hablar a grito pelado durante las actuaciones (¿perdona, estás dando la espalda a PJ Harvey para contarle bobadas a tu amigo? ¿A PJ Harvey?) o a fumar todo lo que quiera aunque sea un concierto en interior (¿¿¿estamos en el año 2016???).


Lo de anoche en el Kafé Antzokia (auténtico templo de la música en directo en la noche bilbaína) fue un concierto de los de pelo en pecho. Y lo digo así porque sus protagonistas principales fueron las féminas. Auténticas rockeras de espíritu post punky, tanto la cantante de GEoRGiA como la de The Kills. Potencias de voz y garra sobre el escenario en un show que podría compararse a las sesiones dobles del cine de antaño. Nunca mejor elegidas las dos partes de un concierto para casar a la perfección su energía y su música, ambas difíciles de clasificar.

GEoRGiA fue una auténtica sorpresa, ya que nada sabía yo de este grupo (en realidad la banda la compone la líder, Georgia Barnes, batería y vocales, acompañada en esta ocasión por otra mujer a cargo de los teclados). Sentada a su batería, con voz potente y una presencia que para nada necesitaba de guitarristas melenudos con vaqueros rotos para dejar claros sus radicales mensajes. La clasifican de post-grime pop, algo así como una prolongación británica del garage y el jungle que surgió a principios del siglo XXI. Esta ex jugadora juvenil de fútbol parece haber encontrado una vía para expresar su rabia más allá de la competición deportiva. Ella misma compone y produce sus temas seudo rap y los defiende con pasión (incluidos esos aullidos que ponen la piel de gallina). No sé si el público la conocía, pero al de unos minutos todos éramos fans de la garra de esta tía que parecía decirte desde detrás de su batería: “no te voy a pasar ni una”. ¿Alguien se acuerda de Rihanna o Beyoncé con su exagerada y ultrafemenina sensualidad? GEoRGiA está aquí para demostrar que de algo han servido varias décadas de feminismo: una mujer normal en el escenario, que pasa de poses y de falsos glamoures. Porque ella ha venido aquí a hacer música. Y lo demás sobra.

Y luego llegaron The Kills. Cuentan que los dos integrantes principales (Alison “VV” Mosshart y Jamie “Hotel” Hince) se conocieron en un hotel cuando ella le escuchó a él practicando la guitarra en el piso de abajo. Llamó a su puerta y el resto es historia. E historia es lo que hicieron anoche sobre el escenario del Antzokia. Un público entregado se desgañitó para cantar sus temas bailando sin parar. Claro que nadie pudo alcanzar los espasmódicos movimientos de Alison, que parecía querer parecerse a la replicante

interpretada por Daryl Hannah en “Blade Runner”.  Desde luego GEoRGiA había sido el calentamiento ideal para la actuación de The Kills. A su música se la describe como post-punk revival e indie rock, y viendo la fuerza de la actuación de Alison no pude evitar pensar en una de las aristócratas del pop grunge (por matrimonio) Courtney Love; pero de nuevo, sin ningún intento por su parte de apelar a la sensualidad. Más bien todo lo contrario, fuerza pura, convulsa y rockera, pero carismática y bien compaginada con los alardes guitarreros de su compañero. Se comieron el escenario y se ganaron al personal desde el minuto 1. El momento en que todo el mundo se puso a corear “Doing it to death” te hacía sentir que estabas en uno de esos macro concierto de los grandes vencedores de la escena musical. Ayer, desde luego, The Kills lo fueron. 


Y sólo así, disfrutando de muchos conciertos en directo, yendo a ver pelis en el cine, pasando por el teatro, viendo exposiciones y leyendo libros en papel (no son los actores los únicos que no pueden vivir de su profesión, como han publicado tanto últimamente los periódicos), podremos vencer a esta confabulación anticultural que ha vuelto a establecer sus posaderas (y sus cuentas bancarias) en el gobierno. 

martes, 11 de octubre de 2016

Sonata de un escándalo... en la ficción televisiva


Bilbao, año 8 d.c. (después de la crisis). Sexo fuera del matrimonio, adulterio, ¿hijos ilegítimos?, cocaína, burdeles, alcohol, gángsters, clasismo, amores platónicos, obsesiones, mujeres psicópatas, represión, todo ello se da la mano en la nueva apuesta de la cadena pública por una ficción de calidad: “La sonata del silencio”, basada en la obra de la escritora Paloma Sánchez-Garnica. Se trata de una miniserie y, a diferencia del trato que se ha dado recientemente a otras del mismo formato, esta se emite semanalmente y en horario de máxima audiencia (aunque este sea ya a las 22.40).


Parece que últimamente a RTVE le ha dado por tratar de limpiar su reciente mala reputación (exactamente desde que gobierna el PP: informativos manipulados, quejas de los trabajadores, formatos con precios hinchados parac recompensar a los amigos, programas que aparecen y desaparecen de la parrilla…) con series de ficción de calidad que se dedican a revisitar el pasado. Si “El ministerio del tiempo(ya os hablé de ella en su momento) se ha convertido en serie de culto (uno de sus creadores, Javier Olivares, es también aquí guionista) y “Cuéntame cómo pasó” es la serie más longeva de la historia de esa cadena (a pesar de los casos de fraude en el pago de impuestos y su regusto por Panamá, que pusieron recientemente en peligro su supervivencia), habría que mencionar 

el éxito obtenido por “Águila roja”, así como el mal ojo al cancelar “El caso”, estupenda serie en la estela revival con un sentido del ritmo y los personajes muy bien situados en los años 60 (se agradecía incluso que el Madrid que reflejaba pareciese más el swinging London de la época) y unas tramas que nos han dejado con la miel en la boca a sus (al parecer) escasos seguidores. Thriller y sentido histórico mezclado con tramas sentimentales que hacían esperar cada capítulo con ilusión (algo que no ocurre muy a menudo en esta cadena).

La sonata del silencio” podría encuadrarse en la historia de RTVE entre las series que han adaptado obras literarias: de “Fortunata y Jacinta” a “La Regenta”, pasando por
No es Ava Gardner, sino Charo López en "Los gozos
y las sombras"
“Cañas y barro” o “Los gozos y las sombras”. Pero quizá se parezca más a “El tiempo entre costuras”. Material supuestamente creado para el público femenino, con glamour, caras guapas, enredos sentimentales imposibles, sentido histórico… pero todo contado con gusto y dentro de unos ambientes sofisticados que beben del cine de Hollywood de los años 30 y 40.

¿Que por qué me detengo a hablar de esta serie? Pues en primer lugar porque está muy bien hecha. La estética en encuadres, manejo de cámara y fotografía (picados y contrapicados, juegos de luces y sombras,  espejos y reflejos, encuadres escorados…) demuestra un interés por marcar un estilo determinado, similar al cine negro americano de la época que representa; pero en lugar de elegir un blanco y negro rabioso aquí han optado, claro, por el color elegante, ideal para verse con una copa de champán en la mano con guinda roja incluida. Por otra parte está Marta Etura. ¿Qué os puedo contar de este
Marta Etura
pedazo de actriz que no os haya dicho ya en otros posts? ¿Que me parece de lo mejorcito de su generación? ¿Que tiene una mirada que ilumina la pantalla? ¿Que en una ocasión la tuve al lado en la barra de un bar y me echó una de las sonrisas más bonitas que he visto? A su lado Daniel Grao (si os gustó ver su pecho en “Julieta”, aquí no os decepcionará, una pena que aparezca sin barba), Eduardo Noriega (adulto, cabroncete, con bigotito facha), Lucía Jiménez (cómo me recuerda a una Carmen Polo de Franco joven, tan católica, tan mala), Claudia Traisac (uno de los descubrimientos de “Cuéntame”, qué mirada más limpia, tiene mucho futuro esta chica), Fran Perea (oscuro, interesante, apuesto), Daniel Freire (polifacético, con dobleces, un gusto haber trabajado con él) y una magnífica Mabel Rivera (como siempre, desde que la descubrimos en “Mar adentro” siempre es un placer ver su increíble capacidad para la naturalidad). Una muy buena reconstrucción de época, estupendo nivel actoral y un guión que va de la represión de los años 40 a unos idealizados años 30 en una historia que va hacia atrás y hacia delante, y que te engancha, sobre todo, por el elemento culebrón.

"Hombre rico, hombre pobre"

Y aquí entramos en tema. Porque nos llegan los ecos de “Hombre rico, hombre pobre”, “Capitanes y reyes” o “Avenida del Parque 79” (grandes miniseries que iniciaron en los 70 esa moda de adaptar con calidad obras literarias-culebrón-historias-río). Pero también de “Dallas”, “Dinastía”, “Falcon Crest(sin el sentido del humor, claro) o incluso de “Arriba y abajo” e incluso “Downton Abbey”. Porque al fin y al cabo somos testigos de la bajada a los infiernos de una chica bien y su familia, de los tentáculos viscosos y lúbricos que se ciernen sobre ella y su dulce hija (reflejando a la vez la represión de la mujer propia de la época), la lucha entre familia pobre y familia rica, amores cruzados, violencia, el Hotel Ritz, las noches del Chicote, pero también los burdeles, las prostitutas y los chulos, incluso los garitos gays con drag-queens y fumadero de opio incluidos… Al fin y al cabo, a quién no le gusta un buen enredo sentimental con caras guapas y un poco de lujo. Mucho mejor que asomarse a un telediario y encabronarse con la realidad. Si aún no la has visto, ahí la tienes, en televisión a la carta. Pero asegúrate de ver sólo un capítulo a la semana. Como antes. Como esta serie se merece. Mantengamos el suspense... 

 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La puerta abierta... al buen cine


Bilbao, año 8 d.c. (después de la crisis). Hoy, miércoles, día del espectador en muchos cines, te recomiendo que vayas a ver “La puerta abierta”, primer largo de la directora Marina Seresesky y, tengo que decirlo, la película que le gustaría hacer hoy en día a Almodóvar. Y lo digo así, sin acritud. No porque me sienta traicionado cada vez que voy a ver uno de sus estrenos y salgo con la misma decepción del cine. Siempre busco un atisbo de aquel Almodóvar de los 80 que tanto nos hizo reír y soñar, que reflejaba como nadie la nueva realidad que veíamos en las calles. O la que nos gustaría haber visto. Sin embargo su obra actual (todos sus últimos años, a excepción de “Volver”, e incluyendo el culebrón “Julieta”, absurda decisión de la Academia hacer que represente a España en la carrera hacia los Oscar…) me resulta plana, sobreactuada, teatral, sin sentido, incluso aburrida, y me pregunto si no es el resultado de la mente de alguien que hace demasiado tiempo que no vive.  Todo lo contrario que “La puerta abierta”.

Y hago la comparación almodovariana, porque en sus tres personajes centrales (o debería decir cuatro, incluyendo a la magnífica niña) encuentro ecos de aquella maravillosa “Qué he hecho yo para merecer esto”. Hay aquí un estupendo trabajo actoral, qué grande Terele Pávez, qué tremenda, cómo me ha recordado por primera vez a su hermana (Emma Penella, la doña Concha de “Aquí no hay quien viva”), qué bombón de personaje para una señora de su edad, para una de las grandes damas de nuestra escena. ¡Qué cruel y qué tierna a la vez! Y qué decir de Carmen Machi. Su amargado personaje destila realidad por todos los poros de su imperfecta piel, como aquella Carmen Maura (también amargada) del éxito ochentero de Almodóvar. Machi es el centro de la historia, no intenta despertar simpatía, es lo que es, como le dice su madre en la película (la Pávez): “puta y amargada”. Porque en esta historia todas son putas. Hasta las que no lo son. Por eso todo resulta tan sórdido, tan real, casi se puede oler ese piso-desastre en una corrala madrileña habitada por putas e hijas de puta (muy similar estéticamente a la que yo disfruté durante mis años de vida en Madrid, pero allí sólo tuvimos a un chapero durante unos meses como vecino), todas amargadas, todas haciéndose la vida imposible
las unas a las otras. El único rayo de luz proviene de la casi-inocencia de la transgénero interpretada con dulzura por Asier Etxeandia (otro grande de nuestro panorama actoral, hay que verlo en musical, en comedia, en drama… Yo tuve el honor de trabajar con él en mi corto “Encruzijados”, un auténtico profesional), que tiene que trascender lo increíble de su caracterización para que nos creamos a su tierno personaje, el único que aún conserva cierta ilusión por la vida, ciertos sueños (en su caso un buen par de tetas).

Si las otras vecinas, la cubana, la rusa, son putas, no lo es menos la única que no se dedica a ello profesionalmente, la portera (Sonia Almarcha, tremenda en “La soledad”), que en su propia amargura se comporta como una auténtica hija de puta. Y la que sí lo es, la niña rusa interpretada (y muy bien) por Lucía Balas, encierra en
Sonia Almarcha y la niña Lucía Balas
su mirada la sabiduría que una cría nunca debería tener, por haber visto y oído demasiado, ese instinto de supervivencia que no la hace menos vulnerable. Ella es la que desencadena la riada de sentimientos que quizá llevaba demasiados años encerrada en el interior de estas dos prostitutas ajadas, una vieja (y ya retirada) y la otra a punto de serlo, madre e hija, que se odian, se desprecian, se gritan, pero a la vez te hacen reír. Esas miradas de la Machi, de persona que ya no espera nada, que ya no se cree nada, desmontada por la ternura desesperada de la cría. Esos ojos desorbitados de la Pávez, que se cree su pasado inventado de celebridad. Y esa baratez de todo lo que las rodea. Incluso el licor de la Nochevieja: “era el más caro del chino”… Pero todo puede cambiar cuando menos te lo esperas. Sólo hace falta dejar la puerta abierta.

Terele Pávez y Carmen Machi
Buen cine, simple, bien narrado (sólo me sobra la pistola, esto no es cine americano, aquí no nos hacen falta, ya lo demostró Carmen Maura en aquella maravillosa película con la pata de jamón…), personajes sólidos, interpretaciones que salen de dentro y que se salen de la pantalla… Y, a pesar de lo que pueda parecer, una película divertida, con diálogos chispeantes (el guión estaba pensado para Machi y Amparo Baró, ambas colegas de “7 vidas”, pero Baró falleció durante el proceso) y mucha fantasía (representada en esas pestañas postizas “tan caras”, en las pelucas, las fotos de Sara Montiel). Cine realizado con pocos medios, sin grandes productoras por detrás y sin gran campaña de publicidad. Probablemente si pestañeas desaparecerá de la pantalla. Así que mejor no lo hagas. Vete al cine. Y disfruta.