Mostrando entradas con la etiqueta Día Internacional de la Mujer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Día Internacional de la Mujer. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de marzo de 2015

Microteatro para un micropaís










Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Como ya hemos aprendido del estado de la nación (de ciencia ficción, en plan: “en una galaxia muy lejana había un país donde crecía miel en los árboles y todo el mundo era feliz…”) que España va bien (parafraseando al insigne señor Ansar que la hizo famosa y que tantos réditos ha dado al partido en el gobierno) me embarqué este fin de semana en gastarme algunos cuartos dedicado a la cultura, más concretamente al teatro. OMG (Oh, my God!), se echarán algunos las manos a la cabeza -¡qué dispendio, gastar en cultura, qué extravagancia, gastar en teatro…! Y con los tiempos que corren…- No os preocupéis, ya sé que en este país la
cultura es secundaria, que no se entiende como embajadora de un país ni tan siquiera como industria, se maltrata, se graba con un IVA imposible y se difama. Pero yo opté por cultura en minúsculas, por algo muy de moda hoy en día (muy hipster, muy trendy, muy cool) que se llama Microteatro. Y lo de minúsculas no es peyorativo porque en realidad significa “de pequeño formato”. Vamos, lo que ha sido un corto de toda la vida en relación a un largometraje –“¿que no hay dinero para marcarnos un largo?, ¿que nadie nos lo va a producir? Pues nos hacemos un corto”- Ahora, coges ese mismo concepto y lo trasladas al teatro, cambias el escenario profesional o independiente por las habitaciones de un hotel y ¡tachán! Habemus Microteatro. 

"El testamento de María"
Si hace unas semanas se me desencajaba la mandíbula en el señor de los teatros de esta ciudad con la magnavillosa Blanca Portillo interpretando a una Virgen María anciana arrepintiéndose de muchos momentos de su vida en un desgarrador monólogo de casi dos horas (“El testamento de María”, claro que la dirección era de Agustí Villaronga, maestro engoyado del cine español), esta vez me tocó sentarme a una cama de distancia de una pareja de lesbianas que discutían si aparecer en la reunión del colegio católico de su hija donde se reclama un padre, o asistir divertido al proceso de depilación de una actriz contorsionista que se queja de la esclavitud de la mujer ante las exigencias de una sociedad que las quiere así, guapas, limpias, depiladas, disponibles… Era la noche anterior al Día Internacional de la Mujer Trabajadora (algún día dejarán de ser necesarios los “Días Internacionales de…”) y esta primera muestra de Microteatro hacía

el énfasis en “la igualdad de mujeres y hombres”.  Y es que de todo te podías encontrar en una sucesión de microrepresentaciones de lo más asequibles que se repetían durante cuatro horas (ocho obras en total, cuatro amateur a 2€ cada una y cuatro profesionales a 4€). Llegabas a la recepción del bar del Hotel Ercilla y te recibían unos divertidos maestros de ceremonias con mendigosales de diseño que entretenían la espera hasta que te llamaban para acudir a la habitación donde se representaba tu obra elegida.

Y así acabé a dos palmos de la mismísima Pasionaria. Sí, como lo oyen, a esta distancia estuve de esa mujer legendaria en la historia política reciente de nuestro país, la hija de mineros de aquí al lado, la primera mujer en tener asiento en el Parlamento (que nunca llegó a ocupar por la guerra y que, ya en democracia, ocuparía a modo simbólico, recuerdo el aplauso cuando entró anciana a sentarse allí con el orgullo de toda una vida de lucha). Y es que las habitaciones de un hotel tampoco dan para más… si los que la ocupan son más de diez personas, claro. Todos éramos público boquiabierto de esta estupenda escenificación de menos de 15 minutos de una noche en la vida de la Pasionaria allá por el año 1936 (“CTRL-C. 1936 / CTRL-V. 2015”), en la que intenta acabar un discurso para el día siguiente con el que no menospreciar el papel de la mujer en esa guerra salvaje que nos hundió en la miseria moral y económica de las que aún no hemos conseguido salir. Le ayuda su amante, mucho más joven que ella, y juntos se enfrentan a los prejuicios de una sociedad que abarcan por igual a izquierdas y derechas. Verdadera total la interpretación de la murciana Brígida Molina, cuyo físico de otra época absorbe por completo la personalidad de la luchadora comunista de Gallarta. Y estupendo también su compañero Xabi Ortuzar, real, cotidiano, tierno y sexy a la vez. Me quedé con ganas de saber más de esta pareja, de continuar con ellos la historia para ver en qué acabó su discurso, en qué acabó su amor. Un pedazo de teatro que, por ser micro, no desmerece para nada del arte que representa. Ojalá su autor, Chema Trujillo, pueda continuarlo, convertirlo en largo para los escenarios o para la pantalla grande o pequeña, pero que nos deje saber más de ellos.

Dolores Ibárruri "La Pasionaria"
Al salir de la habitación no pude más que decirles a los actores lo genial que habían estado. Y me fui imaginando qué pensaría la Pasionaria ahora si levantase la cabeza y viera que toda su lucha, que tanto esfuerzo, tanta sangre y sudor y lágrimas han quedado en esto. En un Microteatro, en un país de microideas y microvidas donde los políticos no llegan ni a micro y el pueblo se escandaliza inmóvil ante la que nos ha caído encima, al ver que finalmente nos la han clavado sin disimulo, sin ni siquiera un poco de lubricante. Para seguir ganando ellos, los de siempre, los que nos devoran. 

lunes, 12 de marzo de 2012

De vuelta a la realidad



©RM
El puente Calatrava desde el parque Etxebarria
Y después de tantos paseos por el tiempo, por los mundos alternativos de las posibilidades infinitas (porque sí, todas esas posibilidades que podían haber ocurrido, sólo con pensarlas, ya están creando existencias paralelas, mundos donde nosotros mismos existimos pero viviendo otras vidas posibles…), como decía, tras tanto barullo existencial, no nos queda otra que volver a la realidad. Sí, a la cruda, a la que tenemos cada mañana al mirarnos al espejo, al encender la radio, al abrir el periódico… Es decir, que estamos de vuelta en el Bilbao de hoy. Ése en el que Gorordo nunca construyó su super cubo sobre la Alhóndiga, ése en el que sí que desembarcó el Guggenheim y la ciudad se desarrolló de cara al turismo. Y llegaron los puentes (el de Calatrava el primero) y los rascacielos, y la Torre Iberdrola… Pero también llegó la crisis y el paro y siguieron los enfrentamientos políticos… Éste es el Bilbao actual, al que yo regresé hace ahora ya casi un año. Después de veintitantos de vivir fuera. ¡Qué vértigo!


©RM
El parque Etxebarria con la Torre Iberdrola al fondo
¿Y qué me encuentro yo en este Bilbao del año 2012, fecha fatídica del fin del mundo tal y como lo conocíamos? Pues el otro día me pasó algo muy curioso. Bajaba yo hacia el ascensor de Begoña (desde que he llegado a esta ciudad mi vida es un continuo subir y bajar cuestas, subir y bajar escaleras, pero de eso ya os hablaré en otro momento, y de los estupendos muslos que estoy echando). Como decía, iba yo por el parque de Etxebarria, cuando a lo lejos oí como una tamborrada, que inmediatamente me recordó a las de la Semana Santa de mi niñez. Pero no es posible –pensé- aún estamos en marzo, ¿o será que tanto viaje temporal me ha traído al mes equivocado? Pero no, al entrar al vetusto ascensor me fijé en el calendario del trabajador (voy a empezar a escribirlo con mayúsculas: el Trabajador) que lo maneja y vi claramente que era día 8 de marzo de 2012. Así que al salir junto al Arenal, agucé el oído y pude escuchar no una tamborrada… ¡sino dos! Sólo que la segunda no era una tamborrada de Semana Santa, sino una batukada en todo orden. Seguí los ritmos de la segunda, claro, que tiene un aire mucho más festivo y reivindicativo que los aburridos sones de Semana Santa. ¿Y con qué me encontré? Pues está claro. Con el final de la manifestación del Día Internacional de la Mujer. Se me había olvidado, y eso que en la clase de euskera por la mañana habíamos hablado del tema, porque como soy el único chico ya insinuaron que me tocaba invitarlas a todas a café… 

La inolvidable Uhura de Star Trek
La entrañable doctora Zira
La doctora Helena Russell y Maya
Total, que allí estaba yo, en el puente del Arenal, entre dos ritmos de tambor muy diferenciados. De un lado me llegaban los aburridísimos y, seamos sinceros, casi-aterrorizadores golpes del ensayo de alguna cofradía de Semana Santa, y por el otro la batukada festiva y reivindicativa para recordarnos que aún hoy, en pleno siglo XXI, vamos, en el fatídico 2012, las mujeres siguen sin tener los mismos derechos que los hombres ni cobrar los mismos sueldos ni ocupar los mismos cargos de poder (claro, que esperemos que cuando lo consigan todas no sean como Thatcher o Merkel o la Espe), ni se sienten igual de seguras en la calle y ni siquiera en sus hogares… En fin, que volví a pensar en el pasado. O mejor, en el futuro del pasado. Me explico: el futuro que se imaginaban en el pasado. Porque cuando nosotros éramos niños y veíamos en la tele Espacio 1999 o Star Trek, se reflejaban sociedades en las que las mujeres ya habían alcanzado la igualdad. O eso parecía deducirse al menos de la presencia femenina en esos seriales. Si en Star Trek (aquí “La conquista del espacio”) las chicas eran la exótica Uhura (en swahili significa “libertad”), oficial de comunicaciones, y la enfermera Chapel (eso sí, ambas siempre con cortísimas minifaldas), en Espacio 1999 la cabeza médica era la sin par doctora Helena Russell (Barbara Bain, una de las chicas de la serie original de Misión Imposible), y también estaban la analista de información Sandra y la metamorfa extraterrestre Maya (que los salvaba con sus poderes a todos en más de una ocasión) que ya ni siquiera necesitaban llevar minifaldas. Pero si incluso en El planeta de los simios, la mona Zira era una reputada científica… Vamos, que hasta los chimpancés habían llegado más lejos que nosotros, que aún hoy, en el año 2012, necesitamos celebra el día de la mujer. ¿Por qué? Pues porque la igualdad real aún no se ha conseguido. Igual que se sigue celebrando el día del Orgullo Gay, no sólo para celebrar todo lo que hemos conseguido, sino para reivindicar también todo lo que nos queda por conseguir. Y si no que se lo digan al PP, que aún no se ha pronunciado sobre el matrimonio gay, pero viendo lo que están diciendo sobre el aborto, uno se imagina hacia dónde van a ir. Y 76 países musulmanes y africanos todavía penalizan la homosexualidad, en algunos casos incluso con la muerte. Con lo cual la historia se repite y, aquellos que han sido más marginados son ahora los que marginan. Y como botón de muestra no hay más que mirar hacia Israel, donde los que fueron exterminados por los nazis ahora se dedican a aterrorizar a los palestinos… 

¿A quién se parece?
Quizá a la Collares...
Creo que se me ha ido el hilo argumental. Yo simplemente paseaba por
Bilbao en el año 2012, aquel en el que el mundo, tal y como lo conocemos, llegó a su fin. Y me vi sorprendido por el hecho de que tantas cosas sigan igual que siempre, sigue habiendo las mismas injusticias y desigualdades y la Iglesia sigue ostentando su poder igual que cuando vivía Franco. Y si no, atentos a los modelitos que sacarán las señoras del PP esta Semana Santa: mantilla y peineta. Ellas sí que no salen a la calle a reivindicar igualdad. Ni la de las mujeres, ni la de los gays ni la de nadie. ¿Para qué? Con lo bien que les va así…