Mostrando entradas con la etiqueta Jane Fonda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jane Fonda. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de mayo de 2013

Vivimos en un mundo de ciencia ficción

©RM




Bilbao, año 2013. O quizá debiera decir, año 5 dc (después de la crisis). Vivimos en un mundo de ciencia ficción. Y no, no lo digo por la cantidad de aparatitos y gadgets de los que nos hemos rodeado, pequeños robots que nos hacen la vida más fácil (o más difícil) ni porque ya por los años 70 se rumorease que tanta tecnología acabaría quitando puestos de trabajo... Y con esto no quiero decir que la culpa del 27% de parados de este país sea de la informática, la tecnología y los robots que nos han invadido. Simplemente creo que algo habrán contribuido. Claro que cuando dejamos de tener industria, los cultivos se reorganizaron por imposición de la UE y nuestra única exportación pasó a ser ZARA, las armas y el sol, pues quizá alguien debiera haberse parado a pensar en lo que se nos venía encima. Pero incluso con todo esto, cuando me refiero a ciencia ficción no estoy realmente hablando de todo esto, sino de las últimas declaraciones de Rajoy, ese magnánimo presidente, valiente donde los haya, sin problema alguno en enfrentarse al pueblo para dar explicaciones de sus “razonables” actos. Ahora resulta que el único que ve el futuro color de rosa (por no hablar de brotes verdes) es él. Él. El que nos ha llevado a una realidad totalmente orwelliana en la que nuestro líder indiscutible (o sea, él) se comunica con nosotros a través de pantallas de plasma. Sí, señoras y señores, ahora resulta que vamos viento en popa y que todo es gracias a su reforma laboral. Yo sinceramente creo que este señor (que por cierto, se tiñe el pelo muy mal y no sé para qué, porque no aparenta ni más joven ni más guapo sino todo lo contrario, será por quitarse de encima esa imagen de “abuelito de Heidi”) vive en una distopía en la que su realidad avanza a un ritmo totalmente diferente a la del resto del país, una de esas realidades paralelas que tanto aparecen en la ciencia ficción, en las que todo guarda mucha similitud con lo que ocurre en esta realidad pero al mismo tiempo es increíblemente diferente. Y en esa distopía, la sociedad española crece en PIB, crece en empleo y en felicidad de sus habitantes mientras la deuda baja por motivos lógicos y creíbles y el rescate nunca ha sucedido...

Umberto Tozzi en la actualidad
¡cómo pasa el tiempo!
Así que dediquémonos a la ciencia ficción, las realidades paralelas y frivolidades varias que nos alegren un poco esta auténtica realidad que todos conocemos ya demasiado bien y que, por una vez, no voy a describir aquí. Resulta que el otro día salía yo del supermercado (sí, también seres como yo acudimos periódicamente a llenar la despensa por lo que pueda pasar), cuando de pronto, en el hilo musical sonó una canción que hacía años que no oía, que ni siquiera recordaba: era “Gloria”, de Umberto Tozzi. ¡Qué temazo!


El caso es que al llegar a casa no pude resistirme y busqué en esa enciclopedia musical que es youtube el link que os acabo de dejar. No os perdáis los pasos de baile del italiano, son irrepetibles. Eran los tiempos de “Tocata” y “Aplauso”, de tardes púberes escuchando los últimos hits venidos de más allá (que no del más allá). Y ya puesto a recordar, seguí mi furia de archivista de la memoria y busqué la siguiente versión que se hizo popular de esa misma canción, pero esta vez cantada (sin la garra del anterior) por Laura Branigan (también es imprescindible echar un vistazo al decorado de bolas de cristal y al vestuario de la niña en su vídeo).


Mando Diao. Mira que es guapo...










Y claro, el hilo de la memoria y la cultura musical de uno no tiene fin, así que me enfrasqué en la búsqueda de esa otra Gloria, la que cantaban hace poco los exquisitamente marchosos Mando Diao:



No, no es la modelo,
es Jane Fonda...
Jane en el festival de Cannes


En realidad no sé si me gusta tanto la canción por lo bueno que está el cantante de este grupo sueco, por la fuerza intrínseca del temazo o por el vídeo de regusto vintage que parece sacado de una película de Steve McQueen de finales de los años 60, evidentemente protagonizada por la sinpar Jane Fonda de la época de “Barbarella” o “Descalzos por el parque”. ¿O es que soy el único que encuentra a la protagonista de este vídeoclip absolutamente idéntica a la hija de Henry? Mirad el vídeo, luego mirad las fotos, miradlas bien, y comparar. La Gloria de la canción es una modelo sueca (que no puedo mencionar por temas de la ley de protección de datos), un auténtico bellezón que en un bucle distópico podía ser la nieta de la auténtica Jane Fonda, que habría heredado la frescura de su abuela y los rasgos de su bisabuelo, el magnífico Henry. El caso es que buscando su nombre en internet he encontrado que existe otra mujer del mismo nombre que nació en 1882 y murió en 1968, exactamente la época en la que Jane Fonda lucía el look de la modela en el vídeo de Mando Diao. ¿Os habéis perdido ya? Pues aún queda. Si lo que queríamos era hablar de ciencia ficción y no meternos en la consabida polémica de la ley Wert, detestada por todos, pero defendida a ultranza por un gobierno que habita su propia realidad distópica (algo así como “El planeta de los simios” del PP), y por lo tanto más cercano a la ciencia ficción (sobre todo en sus declaraciones, si no, repasad las famosas-legendarias declaraciones de la Cospedal sobre el finiquito en diferido)… Entonces será mejor que echemos un vistazo a la última aparición pública de Jane Fonda en el festival de Cannes. Eso sí que es de ciencia ficción. No tenéis más que comparar su imagen de joven y la de ahora. Lo primero, ¿cómo puede nadie de 75 años tener ese tipazo? ¿Hay cirugía que lo consiga? ¿No os parece más de ciencia ficción ahora que cuando se paseaba en shorts interespaciales por las galaxias de Barbarella…? Desde luego que, si ponemos en una balanza a Jane Fonda paseándose por la torre Iberdrola (ya sea en versión Barbarella o en versión Cannes), a Cospedal hablando de finiquitos, Umberto Tozzi dando pasitos de baile bajo bolas de cristal de discoteca o a Rajoy diciendo que el país va viento en popa a toda vela… ¿Qué os parece que se acerca más a la ciencia ficción? Quizá sea la peregrina (nunca mejor dicho) idea de los obispos de reclamar como derecho propio el que la religión (o sea, su religión) forme parte de todas las asignaturas que se estudien en este país… 


 
Henry Fonda con la cara de su hija,
¿o era al revés?

sábado, 24 de marzo de 2012

Seguimos en la realidad


Jane Fonda como Barbarella
Cleopatra Jones, qué nombre...
Antes de proseguir con mi camino por la cruda realidad, me gustaría subsanar algunos pequeños olvidos de mi aportación anterior. Me refiero principalmente a las mujeres fuertes y mediáticas de los 60 y 70 con las que crecimos los de mi generación. O al menos aquellas que consiguieron alcanzar el protagonismo absoluto de películas y series de televisión, sin tener que ser de nuevo la chica del prota o la novia del jefe o la esposa de… Ellas llegaron a reinar en la pantalla por sí solas y todas, sin
excepción, daban título a la película o serie que protagonizaban. Me refiero, cómo no, a Barbarella y a Cleopatra Jones, que en su versión rubia despampanante y negra afro consiguieron apoderarse de géneros tan “masculinos” hasta entonces como la ciencia ficción y las pelis de policías callejeros y detectives privados desastrosos… Os recomiendo encarecidamente que las busquéis en vuestros servidores secretos para que podáis disfrutar al máximo con su poderío kitsch. Quizá os sorprenda ver a una Jane Fonda espacial en su época sexy, cuando andaba liada con Roger Vadim, que la convirtió en una muñeca como había hecho ya con sus anteriores parejas, Brigitte Bardot y Catherine Deneuve… Y Cleopatra Jones, bueno, digamos que para ella los plataformones y las campanolas no tenían secretos. 
 
Angie Dickinson fue la mujer policía
Linda Carter como Wonder Woman
Las inolvidables Jill, Sabrina y Kelly



  



A estas heroínas se unieron muy pronto, esta vez en la pequeña pantalla, series tan estimulantes para aquel momento como La mujer policía, Wonder woman, La mujer biónica y, desde luego, Los ángeles de Charlie (cada uno teníamos nuestro ángel favorito, ¿cuál era el tuyo?). Pobre Farrah Fawcett, la rubia de la melena imposible que, tras pasar a la historia por ese póster en bañador rojo que sigue siendo hoy en día el más vendido en el mundo, y una carrera sin demasiados éxitos, tuvo la
¡Qué pelazo!

mala fortuna de no poder elegir ni el día de su muerte (¡qué pocos pueden hacerlo y qué bueno sería!), coincidiendo con la de Michael Jackson, lo que le quitó todo el protagonismo que se merecía. Sobre todo después de una valiente batalla contra el cáncer que incluso fue grabada en un documental. Pero ahí quedan ellas, glamurosas, florecientes, en la cumbre de sus carreras y su representación de una época en la que parecía que sí, que la igualdad había llegado por fin…
Pippi y su mono
Claro, que todas ellas eran guapas, jóvenes y sexys, cada una a su manera. No sería hasta la llegada de una cría pelirroja de trenzas absurdas que se rompería este molde: Pippi Calzaslargas. Ella sí que era fuerte e independiente.
©RM
Escaleras del ascensor de Begoña

Pero me temo que la memorabilia de hoy se acaba aquí, porque por petición popular de mis lectores y lectoras habituales (os recuerdo que en esta misma página os podéis suscribir para recibir una notificación cada vez que haya una nueva entrada en el blog) tengo que hablaros de mis muslos. O por lo menos, explicar a qué se debe ese espectacular desarrollo al que se han visto sometidos desde mi vuelta a Bilbao, hace ya casi un año… (el tiempo vuela, qué dicho tan común pero qué verdadero, ya me lo decía mi aita: “hijo, a partir de los 30 el tiempo se va con una velocidad increíble…”)   

Pues resulta que desde que me asenté aquí, en la ciudad de las maravillas, he descubierto un Bilbao que yo no conocía antes. Estoy hablando del Bilbao de los barrios. Claro, como yo vivía en uno de esos pueblos industriales que rodean a la capi, cada vez que venía a visitar la urbe siempre acababa en el Casco Viejo, en la Gran Vía, el Museo de Bellas Artes y poco más. Para mí, por aquel entonces era suficiente. ¿Qué más quería yo que bares, cines y un único museo, donde además se podían ver pelis en versión original? De hecho, he estado pensando desde que comencé este blog, cuándo fue la primera vez que pisé esta ciudad. Y estoy casi seguro de que fue cuando era muy pequeñito, no recuerdo exactamente la edad (hace tanto tiempo…), pero seguro que tendría unos seis o siete tiernos añitos. Y cómo no, la razón de mi primera visita no fue otra que… ir al cine (tengo que ser un cinéfilo a la fuerza, si lo mamé desde pequeño…). A un cine de los grandes, de los de antes, de esos que estaban cerca de la Gran Vía; podría haber sido el Capitol o el Buenos Aires, creo que incluso tenían carteles gigantes pintados ex profeso anunciando las pelis en el exterior. Tampoco puedo decidir cuál fue la película exactamente, pero estoy casi seguro de que era Bambi. ¿O sería El libro de la selva? Bueno, definitivamente era una de Disney de dibujos animados. Y en mi distorsionada memoria creo recordar que nos trajo a mi hermano y a mí, mi tío Julen, que
©RM
Escaleras de Mallona, son tan góticas...
fue el primero de la familia en trasladarse a la capi. Para mí, la impresión de ver esos carteles gigantescos adornando el exterior de los cines pudo ser precisamente uno de los factores que me dejó clavado en el alma la pasión cinéfila de por vida. También recuerdo que un verano, una tienda que había debajo de mi casa colocó en sus escaparates dos pósters enormes, uno de Lo que el viento se llevó (con unos colores vivos y un predominio del rojo escarlata…) y otro de la rubia entre las rubias, Marilyn Monroe. Ya no pude despegarme de esas imágenes. De hecho marcarían muchas de las decisiones que he tomado en mi vida.
Pero sigamos con Bilbao. Después de eso, mis visitas a la capital se limitaban a las veces que iba a visitar a mis tíos y a mis primas o alguna vez que, como una especie de lujo, mi madre me llevaba al Corte Inglés y yo volaba por esas escaleras mecánicas que nunca había visto en ningún otro sitio antes y que aún tardaría en odiar. Para mí Bilbao era eso, una gran avenida llena de cines coloristas y unos grandes almacenes con escaleras mecánicas. Ya adolescente, recuerdo haber ido allí mismo en busca de un libro sobre sexualidad que
©RM
Escaleras de Zurbaran alto... Y tan alto
despejara mis dudas (entonces no teníamos ni internet ni wikipedia). Y lo encontré. Era muy moderno (¡hasta tenía fotos!) y muy clarito, pero no sé si mis dudas se despejaron o no. Cuando estaba ya en el instituto, convencí a mi amiga Idoia para que se uniera a mí en un trabajo para la clase de Ética (¡menudo nombre!) sobre la homosexualidad. Y allí nos presentamos los dos, como dos críos que no tenían ni idea de nada (lo que éramos), en el Txoko-Landan, la sede de la que entonces era la única asociación gay de Bilbao (aparte de un bar divertidísimo que años más tarde descubriría). Nos recibió un chico altísimo (o eso me pareció) con unos ojos azulísimos (o eso me parecieron) y nos dio toda una serie de panfletos y explicaciones, con las cuales Idoia y yo (me imagino, porque no me acuerdo) hicimos un trabajo genial para clase. El caso es que para mí aquel chico alto de rizos y ojos azules, era la primera persona gay que conocía en mi vida. Y aparte de parecerme guapísimo, me aclaró una cosa muy importante: yo no era el único en el planeta (aún no había llegado Jesús Vázquez…) Y mi concepción de Bilbao empezó a cambiar. Durante los años en la universidad, los añorados y locos años 80 (algún día os hablaré de ellos), la ciudad me descubrió sus lados más urbanos, nocturnos, alegres y divertidos. El Casco Viejo empezó a no tener secretos para mí y la ciudad se me acabó quedando pequeña. Pero ésa es ya otra historia.  

©RM
Escaleras hacia Arabella, que es un barrio y no una peli de Audrey Hepburn


Así que volvamos a mi regreso hace un año. Y a mis muslos. Resulta que mi amigo Aitor nos ofreció quedarnos en su piso, ya que él no lo usaba, y sabía que queríamos estar en la capi. Y eso hizo que me diera cuenta de una cosa que no sabía yo de Bilbao: ¡que está lleno de escaleras! Ríome yo de Lisboa o San Francisco... De ahí estas fotos con las que os estoy amenizando, alucinad con la perpendicularidad de algunas. Porque no sé si sabéis que todas las fotos de Bilbao que aparecen en este blog también las hago yo. De algo tienen que servir los estudios artísticos y el Photoshop… Pues como os decía, Bilbao está lleno de cuestas… y de escaleras. Sobre todo si se vive en cualquiera de los barrios que suben hacia el monte. Hay que tener en cuenta que por algo lo llaman el Botxo, porque está en un valle rodeado de montes, así que la expansión sólo podía ir hacia arriba. Y hacia arriba fue. Menudo filón que encontraron los arquitectos de los 50 y los 60 en esas faldas de monte virgen que ellos poblaron de edificios y rascacielos espantosos que afean el paisaje. Pero hay mucha vida en estos barrios. El mío sube desde Begoña y llega casi hasta el monte Artxanda en una continua cuesta arriba que se convierte en la rutina diaria. El primer día que decidí subir por el monte hasta el polideportivo de Artxanda por unas escaleritas casi verticales, agradecí llevar encima el móvil, porque de verdad pensé que el corazón se me salía por la boca. Y así he ido descubriendo todo un mundo de cuestas y escaleras, de escaleras y de cuestas: Ciudad
©RM
Escaleras Zurbaran bajo
Jardín, Matiko, Uribarri, Zurbaran, Zurbaranbarri, Arabella, Sarrikue, la vía vieja de Lezama, las escaleras de Mallona (mortales tras una noche de pintxos y zuritos en el Casco)… Y así me paso la vida, escalera arriba escalera abajo, siempre con los montes de fondo, mires donde mires (¡cómo los echaba de menos cuando vivía en Madrid!), echando muslos y echando el resuello. Lo curioso es que al final te acostumbras y los glúteos se fortalecen. ¿Que os sentís amodorrad@s y con algo de grasa extra en el cuerpo? Venid a verme a mi barrio. Hay hasta autobuses…