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domingo, 8 de diciembre de 2013

Lo confieso: tengo una relación íntima con Beckham


Bilbao, año 5 dc (después de la crisis). Como parece que en cualquier momento el país se hunde o nos meten a todos a la cárcel por levantar la mano en el sentido equivocado, creo que ha llegado el momento de hacer una confesión, no sea que más tarde no me dé tiempo y me quede yo con esta exclusiva tan sabrosa. Y no es que quiera yo pasearme por los platós de ningún programucho de esos que te dan un bocadillo y te obligan a comértelo en directo. No, es que yo quiero que si me van a llevar al cadalso, al menos se me quede la conciencia tranquila. Porque yo no puedo vivir más con este secreto. Y es que, desde hace unos cuantos meses, tengo una relación más que íntima con David Beckham. Y claro, aquí os preguntaréis que cómo de íntima. Pues sólo os puedo decir que me abraza las partes íntimas y me aporta mucha seguridad y sujeción. La verdad que me resulta bastante cómoda esta relación y cuando por la mañana he decidido que éste va a ser uno de mis días Beckham ya sé que el transcurso de la jornada va a ser más que satisfactorio.


Y es que claro, no hay más que mirarlo con esa sonrisa traviesa, esos ojos claros y chispeantes, ese pelo afeitado a la perfección, esas mechas divinas que parecen hasta reales, esa mandíbula, esas abdominales, las uñas de manicura perfecta, el abrazo sensual con el que te recibe sólo con mirarte. Porque, ay amigos, que te mire Beckham de frente no es como que te mire Luis Ramírez el de la oficina de al lado ni como que te mire Alberto el del gimnasio o el reponedor del supermercado. No, esto es una mirada directa, profunda y con toda la intención, del mismísimo David Beckham. El rey. El del balón. El de las portadas friendly en las revistas gays para demostrar que su metrosexualidad no se queda en la estética. El de la mujer absurda (que a mí me empezó a caer bien desde que se refirió a la Obregón como “esa barbie geriátrica”). El de los sueños húmedos de muchos y hasta muchas. El de la moda. Definitivamente, Beckham el de los calzoncillos.

 

Y es que yo, que no soy muy dado a las marcas, que presumo de que la publicidad me pasa por encima sin afectarme, que siempre digo que nunca llevaré una camiseta que diga Armani porque me debería pagar él a mí por hacerle publicidad, no pude resistirme: me compré unos calzoncillos de marca Beckham. Y desde entonces mi vida cambió. Son de un color gris oscuro con goma negra y unas discretas letras que deletrean ese apellido… Y no, a él no le pediría que me pagara por hacerle publicidad. Al fin y al cabo, ¿cuántas personas me ven en calzoncillos? Tampoco voy a pretender que soy el príncipe del gimnasio. Para cuatro veces que voy tampoco llamo tanto la atención. Pero a lo que iba. Yo me pongo esos calzoncillos grises y ya me siento otra persona. Me siento íntimamente conectado a David (a él no le importa que le llame así). Desde la mañana, desde que salgo de la ducha. Y estoy seguro que él lo nota. ¿Cómo no lo va a notar si se trata de una conexión tan especial? Me pregunto si su mujer también lo nota y se pone celosa… ¿Cómo me catalogaría? ¿El Jon Kortajarena maduro, como me decía una conocida de Madrid? ¿El Clooney bilbaíno como me ha dicho alguna fan alguna vez? ¿O quizá la Norma Desmond del 2013 (sí, hombre, la de “El crepúsculo de los dioses” que siempre soñaba con hacer un comeback)?

En el curso de Community Manager que estoy haciendo (online, soy así de moderno) dicen que las marcas usan los medios de comunicación para mantener una relación más humana con los usuarios/clientes, gracias al canal de comunicación de ida y vuelta que suponen. A mí, la verdad, lo de meterme en el Facebook de Starbucks o de Calvin Klein no me quita el sueño, vamos, que no le dedicaría ni cinco minutos de mi ajetreada vida. Y además, ¿cómo se va a comparar eso con llevar puesto un Beckham auténtico desde la mañana? ¿Se puede llegar a una relación más humana, más íntima que ésa? Y ahora que lo pienso, ¿tendrá Beckham una página de Facebook que humanice la marca? Me voy a meter a ver si cuenta algo de mí…

 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Una jornada particular... en Bilbao II (continuación del capítulo I)


©RM  Coquelot,  Licenciado Poza 33

(Para escuchar la banda sonora de esta segunda parte de la historia, sólo tenéis que abrir en otra ventana el siguiente link, saltar la publi y escucharlo según leéis) http://www.youtube.com/watch?v=HLEA3bc-3p0

Secuencia 5. Exterior – día. Indautxu.

¿Cómo conoce George Clooney tan bien las calles de Bilbao Centro? Si ni siquiera se para a mirar los nombres. ¿Habrá estado aquí a menudo? Pero de verdad, ¿es que nadie reconoce al actor? ¿Y cuál es el contenido de su misterioso maletín? Un aleteo de mariposas se había aposentado en mi estómago desde que esa tarde lluviosa descubriese a la estrella saliendo discretamente del Hotel Dómine… Tras perderle y reencontrarle en el concierto de Amparanoia en FNAC, ahora le seguía a muy poca distancia por las calles de Indautxu. Mi instinto detectivesco me decía que lo hiciera con precaución, así que de vez en cuando me paraba a mirar escaparates para disimular. Me di cuenta de que habían abierto un montón de comercios nuevos que no conocía. Incluso con la tensión del momento, no dejaron de llamarme la atención los colores y la iluminación de algunas tiendas. El Coquelot, por ejemplo, por la apariencia de la primera planta, te pensarías que es un salón de té o una peluquería, pero no, se dedica a los complementos. Y Bambola, como su
©RM Bambola, Rodríguez Arias 39
 propio nombre indica (“muñeca” en italiano) abarca todas las variedades rosas de Hello Kitty y similares. Ideal para las niñas (y niños) con querencias muñequiles. Pero Clooney no se paró en ninguna de ellas, sino que se fue directamente, y sin dudarlo (¿se habrá memorizado el callejero de Bilbao como se memoriza los guiones de sus pelis?) hasta el Viejo Zortzi.


Secuencia 6. Exterior – día. Viejo Zortzi.

Entonces lo entendí. Claro, las palabras que le había oído pronunciar al teléfono en FNAC: eight, “8”… zortzi. Ésa era la clave del mensaje en código. Porque, ¿qué mejor para recibir a todo un Clooney que un local cuyo escaparate está formado de coloridas botellas de vinos y licores? Espero que tengan Martini blanco, con lo que le pega al Clooney –pensé inmediatamente, pero no me dio tiempo a comprobarlo porque me cerraron la puerta en las narices. Todavía no era la hora de abrir al público. Pero a él, obviamente, le habían dejado pasar (¿quién no lo haría...?) Así que ya me veía sin saber qué ocurría dentro y a quién le daba el dichoso maletín. Después del frío que estaba chupando me iba a quedar sin enterarme. Pero no tuve que esperar mucho, porque enseguida volvió a salir el verdadero protagonista de esta película. Le daba la mano muy sonriente a alguien que estaba en el interior y a quien no pude ver, protegido por las sombras. Sólo escuché lo que le decía. Una única palabra: “Kortajarena”, que el actor repitió sin dificultad imitando el acento de su interlocutor (estos actores pillan los acentos al vuelo).

El Viejo Zortzi, Licenciado Poza 54
Kortajarena, claro, ¿qué mejor representante internacional de esta ciudad que el cosmopolita modelo? Pero mejor me doy prisa o se me escapa otra vez. Mientras le seguía, mi cerebro iba a mil revoluciones por minuto. Kortajarena, Jon Kortajarena, ¿qué tendrá que ver el guapísimo modelo en todo esto? ¿Y dónde está en estos momentos? A ver, su madre tiene varias peluquerías en Bilbao… Y sus fotos… Rápido, piensa, ¿para qué marca posa habitualmente? Piensa, revisa mentalmente los folletos, los suplementos del fin de semana… ¡FLASHBACK!
©RM Café Iruña, frente a los Jardines de Albia

El bello Kortajarena
 














Secuencia 7. Interior – día. Café Iruña.

El pasado fin de semana estuve en este antiguo café leyendo los suplementos de los periódicos que ya no me compro (la crisis, claro) mientras disfrutaba de la decoración mudéjar que incluye incluso partes del Corán. Alguien me contaba hace poco que entre sus paredes ha ocurrido de todo a lo largo de su más de un siglo de existencia, desde cupletistas que se subían a la barra hasta extraperlo, pasando por el piano donde practicaba el mismísimo maestro Guridi y, alucinante, el primer ejemplo de “take away” (comida para llevar) allá por el año… ¡1917! Pero céntrate, volvamos a los suplementos del fin de semana… Y a Jon Kortajarena en las fotos de… Pero mira que es guapo este muchacho, ¡qué labios tiene! ¡Y qué pómulos! Ya sé… ¡Las fotos eran para Roberto Verino!

©RM Roberto Verino, Rodríguez Arias 18
Secuencia 8. Interior – día. Tienda de Roberto Verino.

Entro a uno de los templos de la moda masculina en Bilbao. El dependiente se muestra muy solícito y, aunque sabe al instante que no voy a comprar nada (no hay más que ver lo que llevo puesto) me trata como si fuera un cliente habitual. Me pregunto por qué no se dirige a Clooney, con lo bien que le quedan los trajes. De hecho, para cuando yo entraba, él ya se estaba probando una chaqueta. Le queda genial, claro, con esa planta… Sonríe satisfecho ante el espejo. Es obvio que se la va a comprar. Yo hago como que me interesan muchísimo unas camisas (que sí que me interesan, pero ya sabéis, la crisis) y me doy cuenta de que ha dejado el maletín delante del espejo. ¿Seré tan atrevido como para cogerlo mientras terminan la transacción y echar un vistazo a su contenido? Me acerco disimuladamente. Cada vez más. George está pagando con tarjeta de crédito, claro. Oigo el sonido del aparato. Estoy a punto de tocar el maletín. Mi mano se acerca. Pero en ese momento una voz femenina, suave, melodiosa, como si cantara, me saca del trance. –Señor, se deja su maletín- le dice a Clooney en perfecto inglés americanizado. Miro para ver quién es y casi me caigo allí mismo de la sorpresa. No puede ser. Definitivamente me estoy volviendo loco… ¿Ella? ¿Aquí? George levanta la mirada también. Sonríe, obviamente obnubilado por la visión. Pero no parece sorprenderse. Seguro que a los actores esto les pasa muy a menudo. Los dos se miran como si estuvieran hechos el uno para el otro. Clooney coge su compra y el maletín. Ella se engancha a su brazo como la cosa más natural del mundo. Y así salen los dos juntos, George Clooney y Audrey Hepburn a las calles de Bilbao Centro. Como si nada. Yo, claro, no puedo hacer otra cosa que seguirles… 

(to be continued)