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domingo, 8 de diciembre de 2013

Lo confieso: tengo una relación íntima con Beckham


Bilbao, año 5 dc (después de la crisis). Como parece que en cualquier momento el país se hunde o nos meten a todos a la cárcel por levantar la mano en el sentido equivocado, creo que ha llegado el momento de hacer una confesión, no sea que más tarde no me dé tiempo y me quede yo con esta exclusiva tan sabrosa. Y no es que quiera yo pasearme por los platós de ningún programucho de esos que te dan un bocadillo y te obligan a comértelo en directo. No, es que yo quiero que si me van a llevar al cadalso, al menos se me quede la conciencia tranquila. Porque yo no puedo vivir más con este secreto. Y es que, desde hace unos cuantos meses, tengo una relación más que íntima con David Beckham. Y claro, aquí os preguntaréis que cómo de íntima. Pues sólo os puedo decir que me abraza las partes íntimas y me aporta mucha seguridad y sujeción. La verdad que me resulta bastante cómoda esta relación y cuando por la mañana he decidido que éste va a ser uno de mis días Beckham ya sé que el transcurso de la jornada va a ser más que satisfactorio.


Y es que claro, no hay más que mirarlo con esa sonrisa traviesa, esos ojos claros y chispeantes, ese pelo afeitado a la perfección, esas mechas divinas que parecen hasta reales, esa mandíbula, esas abdominales, las uñas de manicura perfecta, el abrazo sensual con el que te recibe sólo con mirarte. Porque, ay amigos, que te mire Beckham de frente no es como que te mire Luis Ramírez el de la oficina de al lado ni como que te mire Alberto el del gimnasio o el reponedor del supermercado. No, esto es una mirada directa, profunda y con toda la intención, del mismísimo David Beckham. El rey. El del balón. El de las portadas friendly en las revistas gays para demostrar que su metrosexualidad no se queda en la estética. El de la mujer absurda (que a mí me empezó a caer bien desde que se refirió a la Obregón como “esa barbie geriátrica”). El de los sueños húmedos de muchos y hasta muchas. El de la moda. Definitivamente, Beckham el de los calzoncillos.

 

Y es que yo, que no soy muy dado a las marcas, que presumo de que la publicidad me pasa por encima sin afectarme, que siempre digo que nunca llevaré una camiseta que diga Armani porque me debería pagar él a mí por hacerle publicidad, no pude resistirme: me compré unos calzoncillos de marca Beckham. Y desde entonces mi vida cambió. Son de un color gris oscuro con goma negra y unas discretas letras que deletrean ese apellido… Y no, a él no le pediría que me pagara por hacerle publicidad. Al fin y al cabo, ¿cuántas personas me ven en calzoncillos? Tampoco voy a pretender que soy el príncipe del gimnasio. Para cuatro veces que voy tampoco llamo tanto la atención. Pero a lo que iba. Yo me pongo esos calzoncillos grises y ya me siento otra persona. Me siento íntimamente conectado a David (a él no le importa que le llame así). Desde la mañana, desde que salgo de la ducha. Y estoy seguro que él lo nota. ¿Cómo no lo va a notar si se trata de una conexión tan especial? Me pregunto si su mujer también lo nota y se pone celosa… ¿Cómo me catalogaría? ¿El Jon Kortajarena maduro, como me decía una conocida de Madrid? ¿El Clooney bilbaíno como me ha dicho alguna fan alguna vez? ¿O quizá la Norma Desmond del 2013 (sí, hombre, la de “El crepúsculo de los dioses” que siempre soñaba con hacer un comeback)?

En el curso de Community Manager que estoy haciendo (online, soy así de moderno) dicen que las marcas usan los medios de comunicación para mantener una relación más humana con los usuarios/clientes, gracias al canal de comunicación de ida y vuelta que suponen. A mí, la verdad, lo de meterme en el Facebook de Starbucks o de Calvin Klein no me quita el sueño, vamos, que no le dedicaría ni cinco minutos de mi ajetreada vida. Y además, ¿cómo se va a comparar eso con llevar puesto un Beckham auténtico desde la mañana? ¿Se puede llegar a una relación más humana, más íntima que ésa? Y ahora que lo pienso, ¿tendrá Beckham una página de Facebook que humanice la marca? Me voy a meter a ver si cuenta algo de mí…

 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Una jornada particular... en Bilbao IV. (continuación del capítulo III)

©RM

(Inevitablemente la banda sonora para el episodio final sólo podía ser ésta: ya sabéis, abrir el link en otra ventana, cerrar publicidad y disfrutarlo mientras leéis)  http://www.youtube.com/watch?v=HCABYrjFEro

Secuencia 16. Exterior – día. Museo Guggenheim Bilbao.

La siguiente mañana me pilló apostado junto a Puppy, aguantando el frío con rigor. Acabábamos de entrar en diciembre y, sorprendentemente, el sol había hecho su aparición. Pero la helada matutina no había faltado a su cita. A pesar de ello había ya varios turistas sacando fotos, algo ya habitual en el día a día de la ciudad. Menos mal que antes de llegar me había tomado el café en el Iruña, para entrar en calor y tener el cerebro despierto. Sólo esperaba que la ginkana del día anterior me pusiera las cosas más fáciles hoy y pudiera desentrañar los misterios que me rodeaban. Había pasado la noche soñando con George Clooney poteando por Bilbao con Brad Pitt, y Audrey Hepburn de compras por la ciudad con Marilyn Monroe… Pero ninguna de las imágenes me había desvelado qué ocultaba el misterioso maletín.

©RM

Mis esfuerzos se vieron recompensados. Ahí estaba Mr. Clooney, tan elegante como siempre. Miró a su alrededor como temiendo que alguien le estuviera siguiendo (¿os extraña, después de no perderle de vista ayer…?). Para mi desesperación, paró un taxi, se montó y salió disparado. Menos mal que pasaba otro justo en ese momento. Me monté como si en ello me fuera la vida. Y por fin pude decir esa frase que todos deseamos usar en algún momento: “Siga a ese taxi”. Me sentía como en una película de Humphrey Bogart. El vehículo de enfrente nos fue dirigiendo, entre la tranquilidad propia de un sábado por la mañana temprano, hacia Hurtado de Amézaga. Allí se paró frente a la Camisería Pascual, un clásico donde los haya que también esconde sus secretos. George se bajó del taxi y miró a su alrededor de nuevo como para asegurarse de que no le habían seguido (si él supiera… ¿O acaso ya lo sabrá?).

Secuencia 17. Interior – día. Camisería Pascual.

Entró en el establecimiento, donde le recibieron como si fuera un cliente habitual, con esa simpatía que les caracteriza (y yo que pensaba que su especialidad en clientela famosa eran los políticos, incluyendo al ex lehendakari Ibarretxe). Me colé intentando mantener un perfil bajo. La verdad que el sitio tiene su encanto, con tres pisos cubiertos de madera, escalinata también de madera e incluso un pequeño saloncito donde te puedes tomar un café. Allí estaba el actor, tan campechano, tomándose uno que no pertenecía a la marca que anuncia. La dueña le estaba enseñando unas prendas que venían… ¡Con pendrive incorporado! Y no sólo eso, además se trataba de prendas perfumadas con unos olores muy sutiles... Me pareció el colmo de la sofisticación, muy adecuada para la situación. Obviamente están ampliando el mercado a las nuevas generaciones. Clooney se probó unos cuantos trajes y acabó comprándose uno (que le quedaba como hecho a medida, claro, especialidad de la casa, el tallaje personalizado) que decidió llevarse puesto (¿intentará despistar?). Yo, mientras tanto, miraba y remiraba unas chaquetas con coderas y unos detalles muy de hoy en día, que me encantaron (ya volveré en otro momento). El actor se despidió dando dos besos a la dueña, que se lo tomó con la mayor naturalidad del mundo, vamos, como si a uno le besaran las estrellas todos los días.

 
©RM Camisería Pascual, Hurtado de Amézaga 40
















Secuencia 18. Exterior – día. Calles de Bilbao.

©RM Mil Rosas, Ercilla 25
Salí pitando tras él para no perderle la pista. Igual que el día anterior, Mr. Clooney parecía conocerse los rincones de Bilbao como la palma de su mano. Así que, callejeando, me llevó casi hasta Moyua, donde al principio de la calle Ercilla, se paró en Mil Rosas, la coqueta floristería especializada en esa variedad. No me extraña que el actor la conozca porque yo siempre me detengo cuando paso para ver uno de los escaparates más llamativos y de más gusto de la zona. De allí salió George con una bonita rosa amarilla (no me preguntéis el significado, googlearlo) y se dirigió hacia la Gran Vía. ¿Dónde iría ahora? Le seguí,  dejando un poco de distancia para que no me descubriera… Y claro, sus pasos le llevaron hacia la Joyería Suárez, donde le esperaba… Audrey Hepburn, preciosa en su delgadez, vestida de negro y comiéndose un croissant mientras contemplaba las joyas en el escaparate con envidia…  Se dio la vuelta con encanto y se le iluminó la cara al ver la rosa que le ofrecía Clooney. Se limpió las migas del croissant de las comisuras de los labios con el delicado gesto de un dedo enguantado. Y entonces, justo cuando se disponía a abrazar a su ¿amigo?, lo vi. El maletín reposaba sobre la fachada del edificio. Se lo había traído para devolvérselo. O quizá hubiese cambiado los contenidos…  Los dos actores se abrazaron con cariño y Audrey le entregó el dichoso maletín. En ese momento un coche deportivo negro frenó justo delante de ellos. Tenía las ventanillas de espejo. Audrey lo vio y se lo señaló a George. Una ventanilla bajó suavemente y en su interior, un sujeto con sombrero y gafas de sol (y un gesto de desprecio en el rostro) les miró amenazadoramente. Clooney reaccionó inmediatamente. Dio un beso de despedida a su amiga y echó a correr maletín en mano, entre las hordas de gente que hacían ya sus compras navideñas por las calles principales de Bilbao. Yo intenté seguirle el paso pero era imposible, enseguida se metió por las zonas peatonales de la calle Diputación para despistar al coche que le perseguía. Y allí, entre la multitud, perdí la pista a George Clooney. Definitivamente.

©RM Joyería Suárez, Gran Vía 43
 
Frustrado con mis pocas dotes de detective privado, me abroché la gabardina porque el sol del mediodía no evitaba que sintiera el frío norteño. Empezó a chispear y no se me ocurrió otra cosa que volver al punto de inicio, al Puppy. Allí, de haber sido fumador, me hubiera acabado un cigarro mientras recomponía las ideas. Pero ni siquiera me dio tiempo a pensarlo. En la carretera, a mi lado, paró un taxi. Bajó la ventanilla y, para mi sorpresa, el rostro de Clooney me sonrió directamente. No dijo nada, pero en un gesto rápido y elegante… ¡Me lanzó el maletín! Lo cogí al vuelo mientras el actor me hacía un gesto de despedida con la mano, aún sonriendo, y le decía al taxista que siguiera su viaje. Me quedé allí sin saber qué hacer. Tenía el maletín de Clooney (y de Hepburn, no lo olvidemos) en mis manos y ni siquiera me atrevía a abrirlo, aunque me explotase la cabeza de curiosidad… Sólo tenía que abrir la cremallera para saber qué contenía… Entonces, un pensamiento inoportuno pasó por mi mente: “¿de qué demonios voy a escribir para el concurso de bloggers…?”


The end

Una jornada particular... en Bilbao III. (continuación del capítulo II)

©RM El Corto Maltés, María Díaz de Haro 20

(Para la banda sonora de esta tercera parte de la historia: abrir en otra ventana el siguiente link, saltar la publi y escucharlo según leéis) 

Secuencia 9. Exterior - día. Calles de Indautxu.

Ya no me queda más remedio que rendirme a la evidencia. He perdido total y completamente la razón. Estoy siguiendo a George Clooney y a Audrey Hepburn, que andan cogidos del brazo por las calles de Bilbao Centro. Y él sigue llevando ese misterioso maletín en la mano… Se paran a mirar el escaparate de El Corto Maltés. Les debe llamar la atención la decoración vintage y lo comentan entre risas. Parece que se conocen de toda la vida. Me pregunto si también conocen al personaje que da nombre al bar. Por un momento hasta me parece ver al aventurero personaje de cómic reflejado en el cristal… Lo que me faltaba. 

©RM Gozatu, Maestro Gª Rivero 6
Secuencia 10. Interior – día. Gozatu.

George y Audrey deben tener hambre, porque han entrado sin pensárselo en el Gozatu. Entro detrás de ellos y, aunque ya nada debiera sorprenderme, la cantidad (y variedad) de pintxos en la barra, me deja casi exhausto pensando cuál voy a elegir. Ellos no se lo piensan tanto y se sientan tranquilamente a ponerse al día y a la vez, a atiborrarse a pintxos (¿cómo conservarán esa línea, si parece que no han comido en tres días? Eso sí, todo con mucha elegancia) Me empiezo ya a preguntar si todas las llamadas que ha recibido Clooney a lo largo de la tarde serían solamente códigos de una kedada entre amigos (o amantes, ¿quién sabe?). Pero, ¿por qué acudir con un maletín a una cita tan entrañable? Me dan ganas de preguntárselo directamente y así poder irme de una vez por todas al concurso de bloggers, que es donde debería estar, pero prefiero no romper el encanto y simplemente les observo desde la barra. Nadie más lo hace, así que son todo míos. Audrey mira al reloj y de repente parece que se le ha hecho tarde. O más bien, tardísimo. Recogen sus cosas precipitadamente y salen. Yo, para variar, les sigo.

©RM La Alhóndiga, Pza Arrikibar
   







Secuencia 11. Exterior – noche. Calles de Bilbao.

Pasan por delante de infinidad de comercios, locales, bares, restaurantes… Pero sólo parece llamarles la atención uno. De donuts. Estos americanos… (pero Audrey era europea, ¿no? Se habrá contagiado)  La verdad que no me extraña porque Doopies and Coffee atrae, por su iluminación, por la decoración, o quizá por la gula.
©RM Rguez Arias 39
 Ellos deben estar ya llenos, porque se dirigen hacia la Alhóndiga y no deben tener tanta prisa como parecía. Se paran a comentar el edificio. O quizá sea parte de su misión secreta. Porque Audrey señala una de las ventanas de la parte superior donde se ha encendido una luz. Alguien (sólo se vislumbra una sombra) la enciende y la apaga varias veces, como si fuera un código oculto. La Hepburn, ni corta ni perezosa, saca del bolso un coqueto espejito y refleja con él la luz de las farolas, abriéndolo y cerrándolo también varias veces. Clooney la mira con interés mientras ella se comporta como una auténtica espía internacional. Está claro que ha pasado por esto más veces. Y yo me maldigo por no haber hecho caso de aquellos cursillos de señales de barcos que seguí en Algorta cuando aún pretendía convertirme en agente secreto.  Audrey cierra el espejito y le susurra algo al oído a su amigo actor. Siguen su recorrido. La luz en lo alto de la Alhóndiga se apaga definitivamente. Cruzan la plaza de Arrikibar y se dirigen hacia la calle Ercilla. Claro, allí sólo podían ir al Hotel. El Ercilla, desde luego.

Hepburn en el Ercilla, 
Secuencia 12. Exterior – noche. Hotel Ercilla.

Van a entrar (¿serán definitivamente amantes? Cada vez hay más misterios en esta historia y yo sin descubrir aún ninguno). Pero allí mismo, en la entrada, se despiden con un pacato beso en la mejilla.  Y entonces es cuando ocurre un momento clave. Lo veo a cámara lenta, claro. Tras el inocente beso y un mohín de niña mimada por parte de ella… él le pasa el maletín. O sea que era para la actriz todo el tiempo… ¿Pero qué hay dentro?  Clooney se queda mirando cómo la estrella de otros tiempos entra elegantemente al hotel, casi como si flotara en lugar de andar. ¿Qué hago? ¿Entro y pregunto a la recepcionista en qué habitación se aloja Audrey Hepburn? Seguro que llama a la Ertzaintza. Mejor me quedo con Clooney, que ya es para mí como un viejo amigo.


Secuencia 13. Exterior – noche. Gran Vía-Calle Ledesma.

Le veo callejear esta vez casi sin rumbo. Entra en la Gran Vía (ya iluminada con el mismo azul de los últimos años, que le da un aspecto tan irreal como la historia que estoy viviendo esta tarde) y pasea. Cruza Moyua. Pasa por delante de la BBK y se queda mirando un enorme anuncio que publicita la exposición de Fernando Botero en el Museo de Bellas Artes (seguro que le conoce personalmente). Sigue su paseo y tuerce hacia la calle Ledesma. Allí, sin pensárselo demasiado, se mezcla con la gente que se amontona en el exterior del Bar que recibe su nombre de la calle.

Secuencia 14. Interior – noche. Bar Ledesma.

Se ha debido quedar con hambre, porque desde fuera veo cómo se devora uno de los estupendos pintxos de tortilla en los que se especializan. Ha elegido el de torti de champiñones (detalle a tener en cuenta si alguna vez le invitáis a cenar). El bar está a tope pero nadie parece reconocerle y él está obviamente a gusto, disfrutando del anonimato. Da las gracias al camarero y sale. Sigue su ruta incierta.

  

Secuencia 15. Exterior – noche. Calles de Bilbao.

Pero claro, ¿dónde podría dirigirse el protagonista de “Ocean´s eleven”? Está claro, al Gran Casino de Bilbao. Antes de llegar se para a mirar un cartel gigante con la cara de su amigo Brad. Brad Pitt, claro, que anuncia un conocido perfume de mujer que en su tiempo ya anunciara otra gran diva de Hollywood: Marilyn Monroe (¿sabéis que la rubia inmortal fue la primera opción para interpretar a Holly Golighty en “Desayuno con diamantes”? Al final todo acaba encajando en el puzle).

©RM El Gran Casino, Ada. Urquijo, 13
Le dejo en el Casino, creo que la única apuesta que puedo hacer en este momento es sobre cuál será el contenido del maletín o por qué nadie parece reconocer a estas macro estrellas allá donde vayan. Estoy decidido a descubrir el misterio. ¿Qué hay en ese endiablado maletín? ¿Dinero? ¿Cosméticos que les hacen inmortales? ¿Joyas? Mañana a primera hora me panto en el Dómine y no dejaré de seguirles hasta descubrirlo todo. Vuelvo a pasar por la Gran Vía iluminada y, camino de casa, me encuentro con el escaparate de Arnaga. Este año han hecho un auténtico esfuerzo por mantener (o incluso crear) un espíritu navideño. El laberinto de detalles, entre cajas, papeles y pequeñas puertecitas secretas te hace desear que existieran las cookies mágicas de “Alicia en el País de las Maravillas” para reducirte de tamaño y pasar horas y horas descubriendo sus vericuetos. Lo que me recuerda de nuevo el concurso de bloggers. Ya se me ocurrirá una excusa. No quiero pensarlo hoy, ya lo pensare mañana (Escarlata dixit).

 (to be continued)
Arnaga, Colón de Larreategui 8

Una jornada particular... en Bilbao II (continuación del capítulo I)


©RM  Coquelot,  Licenciado Poza 33

(Para escuchar la banda sonora de esta segunda parte de la historia, sólo tenéis que abrir en otra ventana el siguiente link, saltar la publi y escucharlo según leéis) http://www.youtube.com/watch?v=HLEA3bc-3p0

Secuencia 5. Exterior – día. Indautxu.

¿Cómo conoce George Clooney tan bien las calles de Bilbao Centro? Si ni siquiera se para a mirar los nombres. ¿Habrá estado aquí a menudo? Pero de verdad, ¿es que nadie reconoce al actor? ¿Y cuál es el contenido de su misterioso maletín? Un aleteo de mariposas se había aposentado en mi estómago desde que esa tarde lluviosa descubriese a la estrella saliendo discretamente del Hotel Dómine… Tras perderle y reencontrarle en el concierto de Amparanoia en FNAC, ahora le seguía a muy poca distancia por las calles de Indautxu. Mi instinto detectivesco me decía que lo hiciera con precaución, así que de vez en cuando me paraba a mirar escaparates para disimular. Me di cuenta de que habían abierto un montón de comercios nuevos que no conocía. Incluso con la tensión del momento, no dejaron de llamarme la atención los colores y la iluminación de algunas tiendas. El Coquelot, por ejemplo, por la apariencia de la primera planta, te pensarías que es un salón de té o una peluquería, pero no, se dedica a los complementos. Y Bambola, como su
©RM Bambola, Rodríguez Arias 39
 propio nombre indica (“muñeca” en italiano) abarca todas las variedades rosas de Hello Kitty y similares. Ideal para las niñas (y niños) con querencias muñequiles. Pero Clooney no se paró en ninguna de ellas, sino que se fue directamente, y sin dudarlo (¿se habrá memorizado el callejero de Bilbao como se memoriza los guiones de sus pelis?) hasta el Viejo Zortzi.


Secuencia 6. Exterior – día. Viejo Zortzi.

Entonces lo entendí. Claro, las palabras que le había oído pronunciar al teléfono en FNAC: eight, “8”… zortzi. Ésa era la clave del mensaje en código. Porque, ¿qué mejor para recibir a todo un Clooney que un local cuyo escaparate está formado de coloridas botellas de vinos y licores? Espero que tengan Martini blanco, con lo que le pega al Clooney –pensé inmediatamente, pero no me dio tiempo a comprobarlo porque me cerraron la puerta en las narices. Todavía no era la hora de abrir al público. Pero a él, obviamente, le habían dejado pasar (¿quién no lo haría...?) Así que ya me veía sin saber qué ocurría dentro y a quién le daba el dichoso maletín. Después del frío que estaba chupando me iba a quedar sin enterarme. Pero no tuve que esperar mucho, porque enseguida volvió a salir el verdadero protagonista de esta película. Le daba la mano muy sonriente a alguien que estaba en el interior y a quien no pude ver, protegido por las sombras. Sólo escuché lo que le decía. Una única palabra: “Kortajarena”, que el actor repitió sin dificultad imitando el acento de su interlocutor (estos actores pillan los acentos al vuelo).

El Viejo Zortzi, Licenciado Poza 54
Kortajarena, claro, ¿qué mejor representante internacional de esta ciudad que el cosmopolita modelo? Pero mejor me doy prisa o se me escapa otra vez. Mientras le seguía, mi cerebro iba a mil revoluciones por minuto. Kortajarena, Jon Kortajarena, ¿qué tendrá que ver el guapísimo modelo en todo esto? ¿Y dónde está en estos momentos? A ver, su madre tiene varias peluquerías en Bilbao… Y sus fotos… Rápido, piensa, ¿para qué marca posa habitualmente? Piensa, revisa mentalmente los folletos, los suplementos del fin de semana… ¡FLASHBACK!
©RM Café Iruña, frente a los Jardines de Albia

El bello Kortajarena
 














Secuencia 7. Interior – día. Café Iruña.

El pasado fin de semana estuve en este antiguo café leyendo los suplementos de los periódicos que ya no me compro (la crisis, claro) mientras disfrutaba de la decoración mudéjar que incluye incluso partes del Corán. Alguien me contaba hace poco que entre sus paredes ha ocurrido de todo a lo largo de su más de un siglo de existencia, desde cupletistas que se subían a la barra hasta extraperlo, pasando por el piano donde practicaba el mismísimo maestro Guridi y, alucinante, el primer ejemplo de “take away” (comida para llevar) allá por el año… ¡1917! Pero céntrate, volvamos a los suplementos del fin de semana… Y a Jon Kortajarena en las fotos de… Pero mira que es guapo este muchacho, ¡qué labios tiene! ¡Y qué pómulos! Ya sé… ¡Las fotos eran para Roberto Verino!

©RM Roberto Verino, Rodríguez Arias 18
Secuencia 8. Interior – día. Tienda de Roberto Verino.

Entro a uno de los templos de la moda masculina en Bilbao. El dependiente se muestra muy solícito y, aunque sabe al instante que no voy a comprar nada (no hay más que ver lo que llevo puesto) me trata como si fuera un cliente habitual. Me pregunto por qué no se dirige a Clooney, con lo bien que le quedan los trajes. De hecho, para cuando yo entraba, él ya se estaba probando una chaqueta. Le queda genial, claro, con esa planta… Sonríe satisfecho ante el espejo. Es obvio que se la va a comprar. Yo hago como que me interesan muchísimo unas camisas (que sí que me interesan, pero ya sabéis, la crisis) y me doy cuenta de que ha dejado el maletín delante del espejo. ¿Seré tan atrevido como para cogerlo mientras terminan la transacción y echar un vistazo a su contenido? Me acerco disimuladamente. Cada vez más. George está pagando con tarjeta de crédito, claro. Oigo el sonido del aparato. Estoy a punto de tocar el maletín. Mi mano se acerca. Pero en ese momento una voz femenina, suave, melodiosa, como si cantara, me saca del trance. –Señor, se deja su maletín- le dice a Clooney en perfecto inglés americanizado. Miro para ver quién es y casi me caigo allí mismo de la sorpresa. No puede ser. Definitivamente me estoy volviendo loco… ¿Ella? ¿Aquí? George levanta la mirada también. Sonríe, obviamente obnubilado por la visión. Pero no parece sorprenderse. Seguro que a los actores esto les pasa muy a menudo. Los dos se miran como si estuvieran hechos el uno para el otro. Clooney coge su compra y el maletín. Ella se engancha a su brazo como la cosa más natural del mundo. Y así salen los dos juntos, George Clooney y Audrey Hepburn a las calles de Bilbao Centro. Como si nada. Yo, claro, no puedo hacer otra cosa que seguirles… 

(to be continued) 

Una jornada particular... en Bilbao I


©RM
©RM






Secuencia 1. Exterior – día. Museo Guggenheim Bilbao.

©RM
Aquella tarde de finales de noviembre, hacía un tiempo muy bilbaíno, viento frío, txirimiri, sol que sólo aparecía cuando entrabas a un interior, arco iris… Yo había estado disfrutando con la exposición de Egon Schiele en el inevitable galeón cultural del Museo Guggenheim y, todavía bajo el shock de comprobar que aquel artista de hace ya un siglo era mucho más moderno que la mayoría de los de hoy en día, salía del monumento de titanio con la impresión de estar intentando retrasar algo. ¿Sería que se me hacía ya tarde para la convocatoria a la que me había comprometido, para participar en el concurso de bloggers de BilbaoCentro? No tenía ni idea de lo que iba a escribir en mi próxima entrada, ya sabéis que no soy yo mucho de promociones y concursos… Me disponía a cruzar la calle cuando vi algo que me llamó la atención (más bien, me dejó petrificado). Una figura masculina muy elegante salía del Hotel Domine, justo frente al museo. Primero me fijé en el maletín, de cuero negro, como los de las películas de los años 60, esos que siempre contienen algún documento valiosísimo y altamente secreto, algo que fácilmente podría llevar Steve Mcqueen en cualquiera de sus películas. Siguiendo la línea de la mano que lo transportaba, subí la mirada por un brazo trajeado, un hombro bien formado, un cuello con nuez prominente, un rostro maduro pero atractivo… -Espera, ¿no es ése…?     No, no es posible. ¿Qué hace él en Bilbao en una tarde así? ¿Estará rodando el nuevo anuncio de la conocida marca de café? O igual está en mitad del último spot de las Navidades, no sé, el de la lotería o el del cava de las burbujas… ¿Pero qué digo? Si las Navidades están ya a la vuelta de la esquina y todos los anuncios están más que rodados… ¿Entonces? Pues igual simplemente está disfrutando de un fin de semana de cultura, compras y gastronomía por aquí… Y ese maletín… ¿Qué llevará en su interior? ¿Y lo que es más extraño aún, por qué nadie parece reconocerle? ¿Será mi imaginación morbosa? Desde luego, si George Clooney estuviera en Bilbao se alojaría en el Dómine, de eso no hay duda… En ese momento me di cuenta de algo inevitable: no me quedaba otra que seguirle si quería desentrañar el misterio. El concurso de bloggers tendría que esperar.

©RM Gran Hotel Domine Bilbao, frente al Guggenheim

(Para la banda sonora de esta historia tendréis que abrir en otra ventana el siguiente enlace, omitir la publi y dejar que os inspire mientras seguís leyendo) http://www.youtube.com/watch?v=7cTj_nLEim4 

El elegante y canoso personaje llevaba un ritmo bastante rápido, así que me vi obligado a acelerar el paso para no perderle de vista. Me situé detrás con mi mejor cara de no haber roto un plato e igualé mi paso al suyo. Así, como un tándem improvisado, pasamos por delante de una de mis tiendas de muebles favoritas. Como no podía dejar de mirar su maletín, a punto estuve de tropezarme con varios de los que por allí paseaban… Fue en ese momento cuando a mi “víctima” le sonó el móvil (de diseño, claro) y pude oír un par de claves, como ocurre en las películas de espías o incluso en las del maestro Hitchcock. Las dos palabras que acerté a escuchar eran: “entrega” y “cómic”. “Entrega” y “cómic”… Resonaban en mi mente calenturienta mientras trataba de darle algún sentido… Pero he de reconocer que al mismo tiempo me distraje con algunos de los muebles de Home, que siempre me imagino en la casa de mis sueños… Para cuando volví a mirar hacia delante el corazón casi se me sale del pecho: Clooney había desaparecido. Miré a todas partes pero era como si se lo hubiese tragado el asfalto. ¿Dónde estaba? ¿Y si nunca había estado realmente allí? No sería la primera vez que sueño despierto… “Entrega” y “cómic”… Vamos, esfuérzate, ¿cuál era la clave que me estaba perdiendo? ¡Espera! ¡FLASHBACK!


©RM Home Interiores, Elcano 1 
Secuencia 2. Interior - día. Salón de mi casa.

Hace dos día había recibido un e-mail de mi tienda de cómics habitual, Joker, en el que me avisaban de que hoy, viernes, habría la presentación de un libro de historietas con la presencia del autor. ¿Sería eso lo que quería decir Mr. Clooney con la palabra “cómic”? No me quedaba otra que comprobarlo.

Secuencia 3. Exterior - día. Tienda de cómics JOKER.

Me encontraba ya en la puerta. En el interior se veía bastante gente… ¿Estaría él allí? Inmediatamente la atención se me fue hacia las estanterías con los cómics Marvel, lo reconozco, son muchos años ya de coleccionarlos. Pero no, tenía que centrarme, escanear la sala… -¡Uy, ese cómic europeo no lo había visto nunca…! Pero si está justo al lado de uno de Johnny Hazard. Y otro de El Corsario de Hierro… ¡Céntrate!- me dije a mí mismo. Y entré hasta el fondo de la sala, donde Gorka Aranburu, el autor de “Basurilla”, explicaba su obra a un grupo de adeptos embelesados. Pero no, entre ellos no se encontraban ni el actor ni su maletín. ¿Habría estado ya allí y se habría marchado? No, era imposible que le hubiera dado tiempo. Y claro, no iba a acercarme a los dependientes (por muy enrollados que sean, que lo son) y preguntarles: “¿Perdona pero, ha pasado por aquí George Clooney con un maletín sospechoso?”  Y en ese momento caí. ¿Qué otra actividad relacionada con el mundo cómic estaba ocurriendo en estos momentos en Bilbao? Y la luz se hizo.


©RM Cómics, Alda Urquijo 27
©RM Aranburu presenta "Basurilla"







Secuencia 4. Exterior – día. FNAC Bilbao.

"Pagando por ello"
Menos mal que este local está razonablemente cerca de la tienda de cómics (como todo en Bilbao, en realidad). Pero a pesar de ello llegué sin aliento, con la esperanza de que mi corazonada fuera cierta. Nada más entrar vi lo que ya sabía que me encontraría: la exposición de los originales del extraño cómic de Chester Brown, “Pagando por ello”. Y digo lo de extraño porque se trata de las propias experiencias que el autor ha tenido… con prostitutas. En fin, igual hay que leerlo para entenderlo. Inmediatamente escaneé el espacio en el que se exponían los paneles, pero para mi desmayo allí tampoco se encontraba el señor Clooney. Sin embargo estaba seguro de que esta vez mi corazonada era correcta.

–Piensa, rápido, ¿en qué sección estaría lógicamente un actor?

Así que me planté ante las estanterías de DVDs de cine y televisión. Pero sólo encontré una estupenda copia de “Con la muerte en los talones”, que no hizo más que aumentar mi angustia ante situación tan ridícula. Me sentía como Cary Grant perseguido por los mafiosos. Sólo que en este caso el perseguidor era yo. Siempre y cuando pudiera localizar al objeto de mi angustia. Al cruzarse mi ojo con una película de Frank Sinatra, caí en la cuenta. Claro, Clooney es muy aficionado al jazz, para algo su tía era la famosa cantante Rosemarie Clooney… Así que me fui derecho a la sección de música. Y cuál fue mi sorpresa al encontrarme que, entre las habituales actividades de FNAC, esa tarde se encontraba allí Amparo Sánchez (ex Amparanoia) presentando su nuevo disco. Una tía muy cercana Amparanoia, la entrevisté hace ya varios años y se podía hablar con ella de tú a tú. Allí estaba, desgranando sus letras. Y entre el público, sí, SÍ, ¡¡SÍ!! Estaba George Clooney. Pero de nuevo me extrañó que nadie pareciera reconocerle (si Amparanoia se da cuenta de quién está escuchándola seguro que le da un soponcio). Bueno, peor para ellos -pensé– Yo a lo mío, a seguirle y averiguar qué hace aquí. En ese momento, el actor recibió otra llamada y salió de entre el público (¡qué educado, es como en las películas!). Entonces vi que aún llevaba el maletín. Y entendí. La entrega no se había realizado y le estaban dando nuevas coordenadas. Afiné el oído para ver si captaba algo pero sólo pude escuchar un número: eight. “8” -pensé- ¿será el número de un portal, de un local, de una partida de póker? Esto empieza a parecerse cada vez más a una ginkana. Más me valía no perderle de vista esta vez. ¿Será el actor víctima de un chantaje y estará el maletín lleno de dinero? ¿Habrán raptado a alguna de sus novias (o novios, como afirman ciertos rumores)? –No te distraigas y síguele- la voz de mi conciencia no fallaba y decidí comportarme como un auténtico detective de cine negro...

(to be continued)

©RM Amparo Sánchez presenta su disco