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miércoles, 12 de noviembre de 2014

El mejor concierto en directo ¿diferido? en el Guggenheim

©RM
Bilbao, año 6 d.c. (después de la crisis). Hace unas semanas. Día de puertas abiertas en el Guggenheim para celebrar su 17 aniversario. Como es de rigor, pasamos un buen rato admirando las exposiciones, que en este caso van desde las vanguardias de principios del siglo XX hasta la actualidad. Siempre es un placer ver arte, y si en la retina se te cruza algún Picasso, un Juan Gris, un Braque, Miró, Chillida, Warhol… no hay queja posible. Sobre todo cuando te ahorras los 13 euros que costaría la entrada en un día normal.

"The visitors", de Ragnar Kjartansson ©RM

Cuando ya la “fatiga museística” (como le gusta llamarlo a mi marido) empieza a hacer mella, bajamos en uno de los ascensores de cristal que siempre me recuerdan a los de el Reina Sofía. Y casi cuando estamos ya en la puerta, vemos un cartel que anuncia una exposición de videoarte. Me dejo llevar por mis prejuicios (a pesar de haber estudiado vídeo en Bellas Artes o quizá por ello) e incluso los expongo en voz alta: “Vamos a entrar y en cinco minutos salimos, total, para lo que habrá que ver…”


"The visitors", de Ragnar Kjartansson ©RM

Según nos adentramos, veo por el rabillo del ojo el título de la obra: The visitors. Sí, seguramente sólo los muy entendidos captarán la referencia al último álbum publicado por ABBA, aquel en el que los cuatro componentes aparecían en una habitación antigua, cada uno mirando hacia un lado diferente como muestra del desencuentro que ya se había apoderado de ellos y que llevaría a la disolución del grupo poco después. Quizá sea porque el autor, Ragnar Kjartansson, es finlandés y por esos lares ABBA es como para nosotros Goya o Almodóvar.



"The visitors", de Ragnar Kjartansson ©RM
"The visitors", de Ragnar Kjartansson ©RM


Entro en la sala y empieza mi sorpresa. A modo circular una multitud de pantallas me muestran cuadros renacentistas, clásicos del arte flamenco, retratos prerrafaelistas… Me cuesta unos segundos darme cuenta de que en realidad son videoinstalaciones que reproducen un concierto. O mejor, una deconstrucción de concierto. Porque cada una de las pantallas está dedicada a uno de los componentes de esta alucinante representación. Cada uno de ellos se encuentra solo en una habitación de una mansión profusamente decorada, como de otra época, con su instrumento, con su voz. Y cada una de estas imágenes conforma un encuadre clásico en el que todo, desde la iluminación hasta la escenografía o el color de los ropajes, es como un auténtico cuadro de los que estudiábamos en Historia del Arte (jamás olvidaré a mi profesora enseñándonos entusiasmada una ilustración a
Alberto Durero
página completa del más famoso autorretrato de AlbertoDurero, diciéndonos de uno en uno: “¿A que es guapo?” Creo que Durero fue posiblemente uno de mis primeros amores de adolescencia…)
. Me veo envuelto por las imágenes, por los sonidos, por los colores y de pronto me embarga una poderosa sensualidad. Quiero absorber esos sonidos, quiero sentir esos colores, introducirme en las habitaciones de esa mansión, tocar a estos músicos, fundirme con ellos… No puedo dejar de mirar esas pantallas, es algo casi vampírico, me absorben. Me siento como si estuviera en el centro de un concierto en directo en el que todos tocan sólo para mí. A muchos de los que se han atrevido a entrar en la sala parece que les está pasando lo mismo y poco a poco nos vamos sentando en el suelo, en la oscuridad, para dejarnos embargar por la belleza de este canto de sirena.




"The visitors", de Ragnar Kjartansson ©RM
En una de las imágenes se ve el exterior de la casa con el coro en el pórtico. Me recuerda a las grandes casas del Mississipi, a Tara en “Lo que el viento se llevó”, tiene un algo
obra de Rossetti
decadente y a la vez fantástico, de otro tiempo. Como toda la composición. El guitarrista en la bañera, otro sentado en el lecho canta mientras su compañera duerme, el pianista, la acordeonista recién sacada de un cuadro de
Rossetti, la violonchelista, el baterista… En un momento dado uno de los guitarristas pasa de habitación y se une al pianista, alguien en el exterior lanza un cohete al lado del coro… Todo te envuelve y te preguntas si en realidad no estarás asistiendo a un concierto en directo. ¿O será en diferido? ¿O en simulación de directo-diferido? Hoy en día todo es posible. Igual llamo a la Cospe para que nos lo explique de manera sencilla. Mientras tanto, haceros una pequeña idea con uno de los minivideos que grabé:


Y si podéis ir a experimentarlo, no lo dudéis, entraréis en otra dimensión. Una en la que el arte y la música realmente se mezclan. En directo. No, en diferido. 

lunes, 9 de junio de 2014

Bilbao inundado por el teatro alternativo


Bilbao, año 6 dc (después de la crisis). Hoy me he prometido no hablar de política. Ni de elecciones europeas. Ni de abdicaciones. Ni del empoderamiento del pueblo. Ni de si monarquía o república. Ni de democracia real. Ni de si podemos o no. Hoy, sorprendentemente, voy a hablaros de teatro. De teatro alternativo para ser más concreto. Y de teatro alternativo en Bilbao. Os lo creáis o no.

ACT. Del inglés, actuar. Actuar, del español: obrar, comportarse de una manera determinada, interpretar un papel en una obra teatral o cinematográfica. Cultura. ¿Es la cultura política? ¿Promueve la política la cultura? Yo, ante esta pregunta tan escabrosa, sólo puedo decir que si no fuera porque el director de este festival de escena corta (también director del centro de formación escénica BAI de Bizkaia) es amigo mío, no me hubiera enterado de que existía. Y eso que llevan 11 años organizándolo. Y eso que es un festival de referencia internacional para el panorama teatral alternativo, para las nuevas tendencias escénicas. Y eso que es el único de su estilo que se celebra en Euskadi. Y eso que es divertido hasta rabiar. Son muchos “y eso”…

Ferenc Fehér (Hungría)

“Mientras yo estaba naciendo, mi padre estaba en la ducha. Para cuando nací, mi padre ya estaba limpio”, “¿Quién no se ha dado placer con un compañero en el gimnasio del colegio?”, “Todo, todo, estaba inundado de sangre de pollo”, “Mientras mi abuela moría, mi padre estaba en la ducha. Para cuando murió, mi padre ya estaba limpio”… Estas son algunas de las declaraciones de principios lanzadas por los ACTores del festival. Pero no queda ahí la cosa, porque todo, todo lo que ocurría una vez dentro de los teatros (Pabellón 6, Kafe Antzokia, Guggenheim Zero Espazioa, Barakaldo Antzokia) transcurría en tres idiomas: castellano, euskera e inglés. Ya fuera con subtítulos o mezclándolos todos de viva voz, en una experiencia histéricamente divertida. Para disfrutar muchas de las obras, había que perder los prejuicios intelectuales, dejarse llevar por el mero absurdo del disfrute. Desnudos integrales frontales que duraban mucho más de lo esperado, danzas homoeróticas con hombres-chicos a punto de besarse en cualquier momento, mujeres con la cabeza metida en una caja de cartón que actuaban como si nada, contorsionistas andróginos a modo de araña sibilantes, silbadoras profesionales con aspecto pin-up, mendigos que se pelean por un mendrugo de pan mientras bailan desaforados, coreanos capaces de bailar y crear poesía con la boca llena de caramelos…

H.in ballet (Corea)

El primer día que acudí al festival, en Pabellon 6, en Zorrotzaurre (tenéis que conocerlo, me recuerda a los espacios de Lavapiés o incluso del Londres más off), al presentar tu entrada apuntaban tu nombre y antes de entrar iban leyendo los nombres en alto para que levantases la mano y sonrieras. Una tablet lo grababa todo. Ya dentro, un par de niños adolescentes vestidos de colegiales, se perseguían en un disfrute que jugaba entre el homoerotismo y las peleas infantiles. En un momento dado, se sentaban en sillas de colegio y en la pantalla aparecían preguntas del tipo: “¿Quién no se ha masturbado pensando en su profesor?” Uno de los colegiales siempre levantaba la mano. Pero es que en la pantalla de un ordenador nos podíamos ver a nosotros mismos levantando la mano y sonriendo a la entrada…

"Ni sí ni no sino todo lo burlesco"
Una mujer diminuta (Marisa Pons, Madrid, metro y medio y con aires de Betty Page) te despierta de la oscuridad silbando con una precisión y una fuerza increíbles. Yo no sabía que se podían reproducir canciones con semejante fidelidad, solo silbando. Tras juguetear entre bolsas de papel y colocarse una en la cabeza, se pinta unos labios perfectos (en la bolsa) mientras continúa leyendo, mirándose al espejo, dando lugar a una imagen de un surrealismo infinito… De pronto desaparece. Suena el móvil detrás de mí y una chica se pone a hablar en alto con la actriz desaparecida, sigue sus instrucciones y le pasa el móvil a uno del público que a su vez debe seguir las instrucciones y acaba en el escenario removiendo las bolsas de papel… Vuelve la actriz, lanza un avión de papel a una chica del público que tiene que leer para todos sus instrucciones. Finalmente la actriz acaba silbando a pleno pulmón “Como una ola” en versión Rocío Jurado… ¡sujetando la mesa sobre su cabeza! ¿Cabe más surrealismo en una sola escena? Se acabó llevando el premio ACT...

"Pollo campero. Comidas para llevar"

En el Kafe Antzokia, su enrollado personal facilitaba un ambiente relajado en el que te podías tomar una copa mientras admirabas a las catárticamente divertidas Sekvantaro con “Pollo campero. Comidas para llevar”, las del padre que se duchaba tanto… Con semejante título os podéis imaginar que jugaban al absurdo quizá incluso más que la anterior, con una mezcla de inglés y español que facilitaba la risa y una actitud que quedó clara desde el primer momento en el que, sin haber dicho ni una palabra, se desnudan completamente y se colocan delante del público durante un rato increíblemente largo, sin hacer nada, para que las veas, de frente y de perfil, nada que ocultar. A partir de ahí ya te parece que las conoces y que son como colegas. Después (una vez vestidas) pasan a desnudarse emocionalmente con las frases intimistas que las describen… Hubo quien no entendió tanto surrealismo, sobre todo cuando pidieron al público que las entrevistase como si fueran divas del teatro y se dedicaron a responder peras por manzanas, a la mejor manera de cualquier político de los que nos gobiernan: “ah, que me preguntas por la corrupción, yo te respondo con las cifras de la creación de empleo…”

Sandman
La danza llegó desde Corea, Hungría y Bélgica. La pareja de coreanos (H.in ballet) era delicada, con un punto divertido y una música ensoñadora muy en la línea de las últimas tendencias que mezclan danza contemporánea con humor. Los húngaros (Ferenc Fehér), con su imagen de homeless, dinamizaron el escenario con su continua confrontación, aunque yo realmente esperaba que cuando se quitaron las camisas acabaran morreándose en plan salvaje (no lo hicieron, tristemente). Y finalmente llegó, en la gala de clausura, la/el belga Sandman. Aspecto de mujer en un principio, la palabra hombre –man- en el nombre, y desde luego, arena (sand). Porque este personaje era más arena que carne y huesos. Jamás había visto un espectáculo de danza con un contorsionista que pareciera no tener huesos sino ser músculo flexible, arena y agua fluida, sin codos ni rodillas ni tobillos, incluso sin cuello… Era la ganadora del festival del año pasado y no me extraña. Y digo ganadora por aplicarle un género que me haga más fácil la descripción y porque llevaba faldas (soy así de convencional, qué dirán mis amigos escoceses). Porque es que con todos con los que hablé tuvieron sus dudas sobre el género del artista. Si empezaba como mujer naciendo para luego flotar (con rapidísimos cambios de vestuario en el mismo escenario) cual Agnetha de Abba sobre campo de margaritas y transformarse en una bestia sensual y sexual de sinuosa melena roja, acababa despojándose de la parte de arriba del vestido para descubrir un torso completamente plano y desarrollar una chepa, quedarse calva y adoptar el lenguaje corporal de un anciano que baja a andar entre el público y que provocó que me encogiese en la butaca deseando que no se me acercase… Es verdad que al principio sus movimientos desarticulados ya me habían recordado a los de un insecto gigante, pero la belleza acabó predominando en las imágenes que creaba y que nos dejaron boquiabiertos… (Conchita Wurst, ahógate de envidia…)

Y entre obra y obra podías mezclarte con los actores que acababas de ver, hablar con el jurado (la actriz vasca Itziar Lazkano, el atractivísimo actor y programador Joan Negrié y el
El jurado de ACT
director coreano con perfecto inglés NakHyun Kang)
o comentar con cualquiera cómo te habías quedado tras la última obra. Toda una experiencia del disfrute. Cuatro días de teatro sin fin que, para muchos de los habitantes de Bilbao, pasó totalmente inadvertida, pero que para los que tuvimos el placer de estar allí nos ha enganchado ya para las próximas ediciones. Y en los tiempos que corremos, las propuestas culturales hay que apoyarlas siempre. Y si son buenas, más aún.