miércoles, 20 de mayo de 2015

“A cambio de nada”: auténtico cine de un actor-director


Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Seguro que conocéis a Daniel Guzmán. Así, de nombre, igual no, pero si os digo que es el actor que interpretaba a Rober, el novio de La Pija en “Aquí no hay quién viva”, seguro que ya le ponéis cara. Sí, es ese chico de barrio guapete y simpático que te puedes colgar como un llavero (a más de uno/una le gustaría)… Bueno, pues nos ha dado una agradable sorpresa con su primera peli como director: “A cambio de nada”.

Y ahora os preguntaréis que cómo es que no empiezo con algo de política, estando tan cerquita de las elecciones locales. Pues qué queréis que os diga que no esté ya dicho. El Gran Wyoming dixit: “el peor enemigo de la Espe no es La Sexta sino Google”. Vale para todos los políticos. Y yo añado que el peor enemigo de este país es la desmemoria, porque no me explico si no la subida repentina del PP en las encuestas, como si un tsunami de olvido nos invadiera borrando las bajadas de salarios, la ley mordaza, los trabajos basura, la corrupción, los sobresueldos, la financiación ilegal, la caja B, el IVA cultural, la ley Wert de deseducación, la incompetencia de un presidente inexistente, las mentiras, la desfachatez, la burla, la represión y el saqueo del fondo de pensiones. Pero como no me quiero poner serio, yo como los escritores, aquí he venido a hablar de cine. Y en este caso, de buen cine.


Guzmán y el prota, Miguel Herrán

Antonio Bachiller y Miguel Herrán
“A cambio de nada”, como os decía, es la ópera prima de Guzmán. El chaval (siempre en nuestra memoria con esa edad que nos repiten en uno de esos canales de repeticiones) dice que le ha costado diez años sacarla adelante. Y lo raro es que, estando los tiempos como están lo haya conseguido. Sobre todo porque entre el elenco de actores que dan vida a su historia sólo resalta el del siempre maravilloso Luis Tosar, siempre coherente, siempre sexy, siempre creíble… Pero igualmente deberían destacar los dos actores principales (que son los que llevan todo el peso de la trama): Miguel Herrán y Antonio Bachiller. Estupendos y reales a pesar de no ser actores profesionales (¿y qué importa? Quizá por eso sean tan reales), divertidos, tiernos, cercanos, creíbles, cachondos… Herrán es fácilmente imaginable como un joven Guzmán, por algo parte de sus recuerdos están en esta película (además es también menudo, mono, ese chico promete). Y esa señora, Antonia Guzmán… Sí, el apellido la delata, es la abuela del director en la vida real y tiene… ¡¡¡92 años!!! Y lo que es aún más sorprendente, esta es su primera película. Es como un cruce entre la Chus Lampreave de Almodóvar y la Margarita Lozano de “La mitad del cielo”.

Herrán y Antonia Guzmán
Y la historia. Tan fresca, tan divertida, tan de las que te llegan al corazón… Y a la vez tan cruda, tanta soledad, tanta insensatez en esas vidas que se intuyen perdidas pero para las que aún queda ese rayito de esperanza… Es un cine callejero sin llegar a los quinquis de Carlos Saura o Eloy de la Iglesia, una historia de hoy como las de Fernando León de Aranoa o Icíar Bollaín, que nos habla de esta sociedad en la que vivimos, tan poco preparada para las crisis (de cualquier tipo), que tan poco apoya a los desfavorecidos (y eso que en este caso no estamos hablando de inmigrantes - tal y como nos han dejado la vida, hoy en día el desfavorecido es cualquiera). Pero al mismo tiempo nos cuenta el despertar de dos adolescentes a la vida, con sus aventuras y escarceos, siempre salidos, con su inocencia aún de niños y esos equívocos roles de comportamiento que tanto necesitan seguir… Por momentos temí que la historia cayera en la tragedia, en un punto sin retorno al que nos hubieran llevado Ken Loach o incluso Mike Leigh, pero muchas gracias, Daniel: nos has dejado entrever que siempre hay un mañana. Y eso, en tiempos como los que corren, es muy de agradecer. 


lunes, 20 de abril de 2015

Concierto de Dorian: música lluviosa de abril


Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). La pasada semana los autores del Informe del estado social de la nación (nada que ver con el engañoso e infame “informe sobre el estado de la nación”) confirmaban que la crisis ha terminado: lo que tenemos ahora es ya el nuevo sistema social que nos han impuesto, con su desigualdad y su pobreza. Ellos (los de siempre) han ganado (a pesar de las “espectaculares” detenciones de los Rato y los Bárcenas). Al menos por ahora. Así que, amigos y amigas, ¿qué nos queda? Pues aparte de rebelarnos, de decir constantemente que no, de votar diferente y de no conformarnos con las reglas, nos queda la música, nos queda el cine, nos queda el arte, nos queda la literatura, nos quedan las series, el teatro… Y nos queda Radio 3. Si no, ¿cómo habría yo descubierto a Dorian?

©RM

Muchos pensaréis que la música en directo ya no está al alcance de cualquiera. Os equivocáis. Radicalmente. Quizá no siempre, quizá no toda. Pero a veces pequeñas sorpresas nos alegran la vida. Como el concierto de presentación del álbum homenaje a los diez años de carrera de Dorian, el jueves pasado por la tarde en la FNAC de Bilbao. Los que la conozcáis sabréis que el espacio de conciertos es mínimo, así que la experiencia intimista estaba garantizada. “Dorian – Diez años y un día” es el título del álbum: música perfecta para una tarde lluviosa de abril. O más bien, música de lluvia.

Nunca he sido un gran lector de poesía, no sé por qué, no me llega, debe haber una parte de mi cerebro que no está capacitada para renderizarla... Sin embargo sí que me alcanzan las composiciones de mucha parte de la música indie española de los últimos tiempos: esa es para mí la poesía de este 2015. Sobre todo en directo. Delante de ti los cinco componentes de Dorian vestidos de negro (si los ves por la calle sabrías inmediatamente que son un grupo de músicos), mirándote de cerca, derramando sus versos sobre el minúsculo escenario, con ritmo, con instrumentos, con sentimiento; por unos momentos te hacen sentir parte de una pequeña comunidad, la de los que están ahí disfrutando de la misma experiencia, ¿qué más se puede pedir? Empezaron fuerte, con “Los amigos que perdí”, auténtica oda a la amistad (no importa lo que digan sus letras en realidad, con ese título y esa melodía a todos nos evoca lo mismo cuando coreamos el estribillo) que ya se ha convertido en un clásico (en la versión de este álbum colabora Santi Balmes de Love of Lesbian). El temazo se lo merece, es estupendo, pero es que además, las referencias que

nos trae a la cabeza son universales, porque, ¿quién no ha perdido un amigo, una amiga? No por distancia - la distancia no se lleva a los amigos - sino por vida. Tan traumático como perder un amor. Lo dice muy bien un precioso  personaje en la recién estrenada “Regreso a Ítaca”, película francesa con actores cubanos (todos magníficos, Jorge Perugorría entre ellos) situada en una terraza de La Habana: un grupo de antiguos amigos cincuentones se reúne para echarse los trastos a la cabeza. La anciana madre de uno de ellos hace una aparición sencilla pero espectacular en su humanidad, para dejarnos esta perla que encajaría en cualquiera de las letras de Dorian: “La amistad es un privilegio”... 


©RM  Marc
Dicen en Radio 3 que los miembros de Dorian han hecho el mismo pacto que el personaje de Oscar Wilde: dejar la edad y la madurez en su obra y permanecer jóvenes para siempre. No lo sé, no los recuerdo hace 10 años, pero desde luego su música suena muy madura y su energía se nota muy joven. Marc Gili, la voz y líder del grupo tiene fuerza, vestido de negro integral (como el resto de la banda a excepción de Belly, la chica), con su corte de pelo ligeramente 60s, en un momento en que se emocionó en su interpretación y
©RM Lisandro 
comenzó a gesticular con un brazo, no pude evitar pensar en un joven Raphael (y eso que a mí el de Linares ni fu ni fa, que conste, incluso después de conocerle cuando  trabajé en un documental sobre su figura…). Y Lisandro Montes, que lo mismo le da al teclado que a la guitarra o la pandereta, que canta y de repente saca… ¿un laúd?, ¿una mandolina? Perdonad mi ignorancia sobre instrumentos musicales (me dicen que puede ser un ¿ronroco?), pero ese chico tiene presencia (ese bigote me encanta), es multitasking, como se tiene que ser hoy en día si se quiere triunfar en cualquier medio (no nos queda más remedio, 3 por el precio de 1)... Y Belly tan tranquila, sentadita a los teclados, se intuye su figura como clave en el grupo…



Setlist del concierto
En fin, un gran concierto (al final nos quedamos como souvenir con el setlist, la lista de canciones que llevan escritas –a mano- todas las bandas para seguir su orden en el concierto)  en formato semicorto, para una sala pequeña, estaríamos… ¿60 personas? Y yo me pregunto, ¿qué pasa para que en una ciudad de 400.000 habitantes una tarde de jueves no haya una cola de gente peleándose por entrar a un concierto de Dorian, gratis? Si les pregunto a mis alumnos más jóvenes seguro que casi ninguno habrá oído hablar de ellos. ¿Cuántas cadenas de radio pinchan su música? ¿Y la del resto de bandas españolas que luchan por salir adelante? ¿Reciben la suficiente promoción? ¿Se les protege como parte de nuestra cultura? En Francia los canales de radio tienen marcado un elevado porcentaje de música propia por hora (algunos cantantes internacionales incluso sacan versiones en francés para que las pongan allí). Y seguro que la educación musical de sus chavales es bastante mejor que la nuestra (si yo no sé ni la diferencia entre un laúd y una mandolina…). Pero como no me canso de decir, siempre nos quedará Radio 3 (impagables sus corrosivos comentarios sobre la actualidad política a las 8:10 de la mañana, increíble que les mantengan en una época de censura en la que incluso Mortadelo y Filemón han sido desterrados de las noticias en RTVE, cadena pública). Y quizá en noviembre, si hay cambio, florezcan más conciertos, más bandas, más exposiciones, se haga más cine, más teatro, se lea más, se baje el IVA cultural… (sueña, mi niño, sueña, quizá en alguna de las letras de Dorian. O incluso de Wilde).   



 

viernes, 10 de abril de 2015

El ministerio del tiempo o la originalidad llega por fin a las series españolas




Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Lunes noche, enciendo el televisor (sí, así, a pelo, en directo, sin wifi, sin bluetooth, sin cromecast), pongo la cadena que ya nadie ve (o sea, La 1) desde el cambio de gobierno y su acérrimo control ideológico, y me encuentro de pronto inmerso en viajes temporales, pantallas divididas a la manera de “24”, atrevido sexo entre mujeres, acción de la que te mantiene en vilo, escenas que fluctúan entre el año 1053, el 1833, 2012 y la actualidad, varias versiones de un mismo personaje en distintos tiempos a punto de cruzarse… Y aún son las 22 h. ¡¡¡Os lo creáis o no, era una serie española!!! Y no salen ni niños insoportables ni viejos encantadores ni perros. De lo mejorcito que he visto en ficción made in Spain (si nos olvidamos de “Padre coraje”, de San Benito Zambrano): “El ministerio del tiempo”.


No, no era la primera vez que la veía. De hecho empecé a verla desde el primer capítulo (a las series españolas generalmente les doy esa oportunidad y casi nunca paso de la media hora…), sólo lo he introducido así para conseguir un inicio más impactante. Y es que a mí los viajes temporales siempre me han pirrado. ¿Porque quién no ha querido volver a vivir un episodio de su propio pasado? ¿O viajar a una determinada época? ¿O incluso regresar atrás para corregir un error? Lo que daría yo, por ejemplo, por poner la marcha atrás tres años para no hacer el último documental en el que una “amiga” me embarcó para luego quedarse con el material y encima no pagarme. Con amigos así, para qué necesitamos Cospedales…



En cuanto leí la idea de un ministerio secreto dedicado a recorrer la historia propia para evitar posibles “atentados temporales” que cambien los hechos históricos pensé: -¿Estarán tratando de crear un “Doctor Who” a la española? Evidentemente la BBC tiene muchos más medios y su serie lleva emitiéndose (on and off) desde los años 60. A eso se le llama confianza en un producto. “El ministerio del tiempo” no cuenta con demasiados efectos especiales, más allá de alguna recreación digital de paisajes de otras épocas, pero tampoco los necesita. Han sabido sustituir la falta de medios con ingenio. ¿Que necesitamos una serie de puertas temporales? Pues qué mejor que puertas. De las de toda la vida, de
Los 4 Fantásticos

madera, de abrir y cerrar, fundido a negro y estás en otra época. ¿Que necesitamos un cuartel general que rivalice con el Edificio Baxter de Los 4 fantásticos o la mansión de Los Vengadores? Nada mejor que el abandonado edificio renacentista de la calle Duque de Alba en Madrid (sí, aquel en el que Gallardón proyectó una de sus cacareadas y faraónicas ideas, la de crear una residencia de estudiantes que nunca se llevó a cabo). Y desde luego unos personajes sólidos, un auténtico grupo de superhéroes Marvel sin poderes traídos de distintas épocas: a Cayetana Guillén-Cuervo (hija mía, qué te das, estás igual que siempre) hacía
tiempo que no la veía tan bien como en este papel de lesbiana fría y profesional de los años 60 que poco a poco va descubriendo su corazoncito (aunque engañe a su esposa con conquistas de otras épocas). En el capítulo de esta semana, el número 7, le dieron la oportunidad de lucirse con más protagonismo que en cualquier otro de la serie. Luego está Rodolfo Sancho (le entrevisté una vez tras “Al salir de clase”, era tan mono como un muñequito), uno de esos pocos actores que saben sonreír con la mirada, en el papel de viudo desolado que continúa usando las puertas para acudir a ver a su esposa antes de que
La Cuervo a punto de besar a Garrido

muriese. Y la cristalina mirada de Aura Garrido (¡qué voz tan bonita tiene!) en el papel de una avanzada mujer del siglo XIX que ya estudiaba en la universidad cuando las demás aún no lo hacían. Y Nacho Fresneda, ese caballero del siglo XVI, tan masculino, tan de otra época… Y claro, también están el jefe (Jaime Blanch), la secretaria graciosa (Francesca Piñón) y una auténtica mala, una Milady de “Los tres mosqueteros” interpretada por la estupenda Natalia Millán. Y desde luego, mucha aventura, al modo de “La liga de los hombres extraordinarios”.


La verdad es que me ha gustado desde un principio, sobre todo por romper con los estereotipos de las series españolas, por su sentido del humor (impagable el momento en que Rodolfo Sancho se registra en una fonda de 1808 con el nombre de Curro Jiménez o cuando se encuentra con la reina Isabel la Católica y dice: -Juraría que la conozco…), por sus lecciones históricas (en sus episodios pululan con total naturalidad Velázquez, el Lazarillo de Tormes, Torquemada el inquisidor, Picasso, las dos reinas Isabel, Hitler, Franco, los comuneros, Lope de Vega, La Movida, la Guerra Civil…) y por sus continuas referencias a la crisis, los recortes y la corrupción intrínseca española. Pero siempre me faltaba algo de acción, se me quedaban las historias un poco planas. Esto se solucionó
Lope de Vega

con creces en el capítulo 7 (sin duda el mejor hasta ahora), en el que se entrecruzaban tres tramas diferentes y cuatro épocas, la pantalla se dividía al mejor estilo americano para crear mayor tensión y las escenas se sucedían a ritmo trepidante. ¡Chapeau! Me quito el sombrero. Se ha convertido en la serie en la que me gustaría haber trabajado. Es más, me gustaría haberla inventado. El otro día leí que uno de sus dos creadores murió, antes del estreno, del síndrome de ELA. Qué pena que no pudiera ver el éxito que ha conseguido. Incluso se 
Velázquez
creó una petición en internet para que RTVE garantizase la segunda temporada. Finalmente accedieron con ciertas concesiones. Esperemos que el año que viene no tengamos que ver un “Ministerio del tiempo” con hijos de varias edades, abueletes entrañables y perros y gatos pululando entre épocas (desde luego sin sexo entre lesbianas, ¡válgame Dios!). Quizá dependa todo de quién gane las elecciones. Así que, aunque sólo sea por esto, pensaros bien a quién votáis… 


lunes, 30 de marzo de 2015

We are standard vs. Jero Romero

We are standard

Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). We are standard vs. Jero Romero. ¿Va a ser esto un partido de fútbol? Los que me conocéis ya sabéis que no me gusta la competición y que mi único interés en ese deporte es cuando los jugadores se quitan la camiseta y se dan palmaditas en el culo. Al final va a resultar que esto de que todo va bien va a ser cierto, porque si no cómo se entiende que haya habido dos conciertos apetecibles en Bilbao en tres días (sí, habéis oído bien, han sido 2 conciertos en 3 días, lo escribo en números por si acaso). Y la sorpresa es que uno de ellos es de aquí al lado, de Getxo mismo: We are standard. Y se nota. Porque son de Getxo, no de Lamiako o Erandio, no, de Getxo, margen derecha, casitas junto al mar, buena alimentación, familias con nombre, pedigree… dinero, vamos. Nada que ver con los grupos de Sestao o Barakaldo, en la margen izquierda. Por lo tanto, pop internacional, limpio, con personalidad, cantando en inglés pero bien, es decir, con buen acento, entendible. Porque en Getxo la educación se nota. Y las buenas maneras.

We are standard (Deu Txakartegi al frente)
El cantante (y presencia lideresa de la banda) comienza el concierto en la Sala BBK de Bilbao manejándose por el escenario como un carismático Jarvis Cocker (de Pulp), al
Jarvis Cocker
que probablemente también iguale en altura y delgadez, para recordarnos enseguida a las poses protagónicas de
Brett Anderson (de Suede, que en un concierto en la Riviera de Madrid me sorprendió manejando el micrófono como una trabajadora del sexo manejaría su bolsito). Pero qué queréis que os diga, a mí me ponen los chicos con personalidad y a los que no les importa mostrar amaneramiento en el escenario para resultar encantadores. Y por supuesto Deu Txakartegi lo es. Si en la segunda
Brett Anderson
canción me parecía estar escuchando a los neoyorkinos
(y muy gays) Scissor Sisters, enseguida se fueron por los derroteros de U2 y Simple Minds. Si a esto le sumamos que en los bises versionaron a Velvet Underground y The Clash, qué más se puede añadir, pop glam con personalidad, el tío se ganó a un público sin alcohol (por favor, Sala BBK, no se puede tener a los asistentes a estos conciertos
Scissor Sisters
sin ni siquiera una cervecita)
que, a base de pedírselo, acabó bailando a rabiar (y ya sabéis eso que dicen de que los vascos no bailamos), por algo sería. En un momento dado nos preguntó si queríamos que se quitase la camiseta: no, por favor, te sienta demasiado bien la americana.


The Sunday Drivers
Dos días después me volvía a sorprender. Jero Romero en el Café Antzokia. Cómo echo de menos los días en los que lideraba The Sunday Drivers, y eso que su carrera en solitario me parece super coherente, quizá sea porque me recuerda cuando aún siendo unos desconocidos se vinieron a un plató que teníamos en el barrio de Lavapiés donde grabábamos conciertillos en falso directo para uno de los primeros programas gays de televisión, “Uno Más”, que sorprendentemente se emitía en el segundo canal de Telemadrid: La Otra. Por allí pasaron un montón de grupos que estaban empezando, desde los mencionados The Sunday Drivers hasta Pereza, simplemente porque necesitaban promocionar sus discos y este programa era muy visto entre los nocturnos. Recuerdo a Jero como un chaval majete y enrollado y por eso digo que su carrera en solitario me parece coherente. Aunque no cante en inglés (como hacía con el grupo cuyo nombre en realidad significa “Los domingueros”), ni falta que le hace. Su lírica personal y poética probablemente llega mejor en castellano. Su voz no podría compararla con la de ningún 
Jero Romero

otro grupo o solista, no por mejor o peor, simplemente por personalidad, por tono, por sonido. Me gustan mucho sus canciones, me encantan sus letras y me emociona su actitud de “pasaba por aquí”. Se ha hecho mayor (¿no nos ha pasado a todos?), pero conserva un magnetismo auténtico, que te provoca emociones cuando lo oyes, que te hace repensar sobre tu vida o la de los demás. No sé por qué, pero a lo largo de todo el concierto no pude dejar de pensar en mi amiga Marta, que lucha valientemente contra el cáncer en estos momentos. Sería por la poesía intimista.

Jero quiere que le llames




¿Quién ganó el partido? A lo dicho, no me gusta la competición. Lo que me gusta es que, a pesar de Wert, a pesar de Rajoy, a pesar de la Cospe, todavía podamos disfrutar de las cosas sencillas y primitivas de la vida: como la buena música y el buen hacer en el escenario. Me imagino que aún hay esperanza para nosotros. Incluso en año de elecciones. 

martes, 17 de marzo de 2015

¿Se puede seguir siendo 100% gay tras ver a Maika Makovski?


Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Así, sin preámbulos, a palo seco, sin preámbulos, sin lubricante: ¿se puede seguir siendo gay tras ver a Maika Makovski en directo? Después de la experiencia del sábado por la noche en el Café Antzokia me han surgido ciertas dudas por primera vez en… ¿digamos más de una década? ¡A estas alturas de la vida! Vamos, que ya no eres un adolescente con derecho a dudas…



Nunca había llegado a entender la obsesión del presentador matutino de Radio 3 por Maika Makovski cuando se pasaron más de un año con el dichoso Teléfono del rock. Me explico. A Ángel Carmona, el locutor de “Hoy empieza todo” (estupenda manera de empezar el día, os lo recomiendo encarecidamente), se le ocurrió la brillante idea de un teléfono que iría pasando de mano en mano de cantante a músico de músico a cantante por toda la geografía española sin que se supiera nunca quién lo iba a contestar cada jueves a las 8.30 de la mañana. O sea, que Carmona llamaba a ese número y cada semana lo contestaba un artista diferente -al que se lo había pasado el que lo tuvo la semana anterior- y el locutor tenía que adivinar de quién se trataba a lo largo de una breve conversación. Todo muy lleno de “¿te vi en el concierto de los… en el Sonorama?”, me resultaba ligeramente petarding, la verdad. Pero el más-difícil-todavía del caso es que la aventura sólo concluiría cuando el teléfono lo respondiera Maika Makovski. Y claro, por muchos que lo contestaban, de Loquillo a Ariel Rot pasando por La Bien Querida,
Vetusta Morla

Vetusta Morla, Love of Lesbian, Berri Txarrak y todo lo mejorcito del pop, indie, rock del panorama musical conocido y desconocido, nunca lo contestaba la señorita Makovski (mitad macedonia y mitad andaluza, de ahí su exótico apellido). Y yo no podía entender esa fijación y reverencia por una cantante a la que no me había detenido a escuchar demasiado…



Izaro Andres
Pero ay, colegas, la experiencia de verla en directo, en petit comité, la cercanía de su interpretación acústica (guitarra o piano, cadena atada al pie, ritmo marcado por los tacones, movimientos convulsos a veces…), de su sonrisa y su risa floja (yo quiero lo que desayuna ella para ser tan feliz)… Ya nos habían puesto en situación la parejita que la teloneó: Izaro Andres y su guitarrista, puro campo juvenil de amapolas, entonando sus melodías en euskera, castellano e inglés, voz clara, presencia sencilla, ¡bendita juventud! (como diría mi madre). Pero cuando el torbellino invadió el escenario nos pilló descolocados y nos costó adaptarnos a sus revoluciones. Fuerza positiva de la naturaleza, sensualidad inabarcable, energía de altos hornos, sonrisa abierta perenne, microvestido de leopardo rojo (mira que ha vuelto con fuerza el animal print), melena
Assumpta Serna

 voluble, naturalmente sexy y una voz que pasaba de los graves a los agudos sin inmutarse, que nos envolvió sin darnos descanso, que nos hizo desear subirnos al escenario y estar más cerca, para aspirarla, para olerla… ¡Qué mujer! Hacía mucho que no me pasaba algo así... Como hombre casado con otro hombre no pude evitar plantearme de nuevo:“¿Seremos todos en el fondo bisexuales como insisten ciertas teorías?” (Puff, creo que la última vez que me atenazaron estas dudas existenciales fue hace ya años cuando entrevisté a Assumpta Serna y me quedé exactamente igual de prendado que en este concierto)



A lo largo de sus canciones pasamos de encontrarnos en un bar de carretera de la América profunda a poner el pie en un cabaret de Las Vegas, de pensar que tenías delante a la mismísima Kate Bush a escuchar el inicio de una de Super Tramp... Me acordé de que hace un par de temporadas la Makovski había trabajado en una obra de teatro con Juan Echanove, otra gran fuerza (esta vez de la interpretación) y me arrepentí de habérmelos perdido. Está claro que algo está pasando en el indie español, porque es verdad que en los últimos años ha subido el nivel y mucho: Neuman, Tachenko, La habitación roja, Love of lesbian, Niños Mutantes, Jero Romero… Pero también Annie B Sweet, Tulsa, La Bien Querida, Russian Red… Y desde luego Maika Makovski. El indie, aunque lo parezca a veces, no es sólo dominio de hombres. Cada vez hay más voces de mujeres que se comen el escenario, que las oyes en entrevista y te das cuenta de que también se comen la vida. Como tiene que ser. 

Annie B Sweet
Tulsa
Russian Red