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domingo, 24 de febrero de 2013

En defensa de la Verdú


 

Así, con el artículo por delante, como las grandes estrellas, como la Garbo o la Hayworth o la Monroe. Porque ella se lo merece. Porque es una de las mejores (si no la mejor) actrices de su generación en este país de pandereta que no se merece lo que le está pasando (o quizá sí, en la mani de ayer en Bilbao había cuatro y un tambor). Y porque, aparte de sus capacidades interpretativas (demostradas desde que empezó de niña y era una jamona en “La estanquera de Vallecas” o en “27 horas”, hasta que nos asombró en “Amantes” y “La buena estrella”, para demostrárnoslo con creces en “Y tu mamá también”, “Los girasoles ciegos” o “El laberinto del fauno”), en la última ceremonia de los Goya demostró que tiene lo que hay que tener para soliviantar a la derecha más rancia y enfadada de este país de botijos. Sí, es verdad, probablemente esté forrada, es posible que tenga varias propiedades (para eso ha trabajado lo suyo desde que tenía 14 años y seguro que también ha cotizado lo suyo) y es un hecho que anunció hipotecas. Pero al menos ha tenido los huevos y la conciencia de denunciar delante de todo el país una situación que a todos los habitantes de esta península con forma de cara cada vez más sorprendida (y he dicho habitantes, no gobernantes, ellos ni son habitantes ni son siquiera seres humanos, se merecerían que se les tratase como a perros) nos parece realmente sangrante. Y todos sabemos quién tiene la culpa.

¡Qué joven en "27 horas"!
   


A los actores (titiriteros, cómicos, no es un insulto) se les acusa en este país de sol y cerveza de meterse donde no les llaman, de dar sus opiniones cuando nadie las quiere oír. Sin embargo, los que no las quieren oír son esos mismos políticos fascistas de la derecha que ha destruido históricamente este país de señoritos feudales acostumbrados a que se les diga sí con la cabeza agachada (y a poder ser con el culo en pompa), aquellos que no soportan que se les lleve la contraria o que se critique cualquiera de sus decisiones. Porque ellos se creen poseedores del poder por derecho divino y cuando lo pierden, como ya ocurriera en las elecciones de 2004 (debido a sus mentiras y artimañas urdidas en torno al 11M, aprovechándose del dolor de casi 200 muertes) se encabronan y gritan a los cuatro vientos que les han robado eso que les pertenece… El poder. Y no se dan cuenta de que ya no gobiernan a los borregos que gobernó su idolatrado Caudillo (cuyos crímenes nunca han condenado, ¿no debería eso ser motivo suficiente para ilegalizar su partido?), sino que gobiernan a un pueblo cultivado y enterado (gracias a las redes sociales, no a las televisiones o periódicos mediatizados de este país de playas y sangría) que tiene el derecho de manifestar sus opiniones cuando y como quiera. Y si los actores tienen la posibilidad de subirse a un escenario y de hablar de lo que les preocupa o lo que les enfada, pues olé sus huevos. Ya nos gustaría a muchos tener esa misma facilidad para expresarnos. Y no hay que olvidar que antes que nada, los actores son ciudadanos. Y que todo ciudadano tiene el derecho a arrepentirse de algo que haya hecho en el pasado y de corregirse o simplemente tiene derecho a cambiar de opinión (¿cuántos no habremos trabajado para empresas opresoras?). Y si encima lo hace con la belleza de una Ava Gardner española vestida de Dior (porque le da la gana, no todos tienen que vestir a la española) pues más que mejor. 

 


O si la rabia quizá les resulte a algunos exagerada en el caso de Candela Peña, seguro que sus motivos tendrá. Muchos hemos estado en hospitales que parecían sacados de la posguerra, existen, sean la norma o la excepción. Y si ella lo vivió así me parece muy bien que lo cuente cuando se sube a un escenario porque sabe que allí la escucharán. Y si Bardem (con cara de bestia y mirada tierna, embutido en un esmoquin demasiado ajustado) quiere defender al pueblo saharaui pues me parece igual de bien, a la vez que recuerda que eso mismo puede pasar aquí en cualquier momento. Y si vive en Miami me parece lógico que pague allí impuestos. Y desde luego no pienso que eso sea el motivo de la crisis española ni mucho menos, como ha sugerido Mon-toro, el rejoneador, qué más quisiera Bardem que ganar lo suficiente como para que sólo con sus impuestos se solucionara esto... 

  

Quizá si “ellos” contasen los millones que ha defraudado Bar-cenas, la Casa Real, las subvenciones que se lleva la Iglesia (y no los actores), los gastos del ejército y de los viajes oficiales y dietas de tanto politicucho de tres al cuarto, pues igual este país sería definitivamente diferente, pero no por su sol o sus playas o sus bares o su paella, sino por sus investigadores, sus actores, sus creadores, sus médicos y profesores, y hasta su transparencia. Y que no me digan a mí que esta noche es la gala de los Oscar, porque me importa un bledo (como bien decía el Gable en “Lo que el viento se llevó”). Yo, con el repaso que les dio Eva Hache y con la Verdú, estoy más que satisfecho. Acepto su manzana y espero que los envenenados sean los otros. 

 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Una jornada particular... en Bilbao IV. (continuación del capítulo III)

©RM

(Inevitablemente la banda sonora para el episodio final sólo podía ser ésta: ya sabéis, abrir el link en otra ventana, cerrar publicidad y disfrutarlo mientras leéis)  http://www.youtube.com/watch?v=HCABYrjFEro

Secuencia 16. Exterior – día. Museo Guggenheim Bilbao.

La siguiente mañana me pilló apostado junto a Puppy, aguantando el frío con rigor. Acabábamos de entrar en diciembre y, sorprendentemente, el sol había hecho su aparición. Pero la helada matutina no había faltado a su cita. A pesar de ello había ya varios turistas sacando fotos, algo ya habitual en el día a día de la ciudad. Menos mal que antes de llegar me había tomado el café en el Iruña, para entrar en calor y tener el cerebro despierto. Sólo esperaba que la ginkana del día anterior me pusiera las cosas más fáciles hoy y pudiera desentrañar los misterios que me rodeaban. Había pasado la noche soñando con George Clooney poteando por Bilbao con Brad Pitt, y Audrey Hepburn de compras por la ciudad con Marilyn Monroe… Pero ninguna de las imágenes me había desvelado qué ocultaba el misterioso maletín.

©RM

Mis esfuerzos se vieron recompensados. Ahí estaba Mr. Clooney, tan elegante como siempre. Miró a su alrededor como temiendo que alguien le estuviera siguiendo (¿os extraña, después de no perderle de vista ayer…?). Para mi desesperación, paró un taxi, se montó y salió disparado. Menos mal que pasaba otro justo en ese momento. Me monté como si en ello me fuera la vida. Y por fin pude decir esa frase que todos deseamos usar en algún momento: “Siga a ese taxi”. Me sentía como en una película de Humphrey Bogart. El vehículo de enfrente nos fue dirigiendo, entre la tranquilidad propia de un sábado por la mañana temprano, hacia Hurtado de Amézaga. Allí se paró frente a la Camisería Pascual, un clásico donde los haya que también esconde sus secretos. George se bajó del taxi y miró a su alrededor de nuevo como para asegurarse de que no le habían seguido (si él supiera… ¿O acaso ya lo sabrá?).

Secuencia 17. Interior – día. Camisería Pascual.

Entró en el establecimiento, donde le recibieron como si fuera un cliente habitual, con esa simpatía que les caracteriza (y yo que pensaba que su especialidad en clientela famosa eran los políticos, incluyendo al ex lehendakari Ibarretxe). Me colé intentando mantener un perfil bajo. La verdad que el sitio tiene su encanto, con tres pisos cubiertos de madera, escalinata también de madera e incluso un pequeño saloncito donde te puedes tomar un café. Allí estaba el actor, tan campechano, tomándose uno que no pertenecía a la marca que anuncia. La dueña le estaba enseñando unas prendas que venían… ¡Con pendrive incorporado! Y no sólo eso, además se trataba de prendas perfumadas con unos olores muy sutiles... Me pareció el colmo de la sofisticación, muy adecuada para la situación. Obviamente están ampliando el mercado a las nuevas generaciones. Clooney se probó unos cuantos trajes y acabó comprándose uno (que le quedaba como hecho a medida, claro, especialidad de la casa, el tallaje personalizado) que decidió llevarse puesto (¿intentará despistar?). Yo, mientras tanto, miraba y remiraba unas chaquetas con coderas y unos detalles muy de hoy en día, que me encantaron (ya volveré en otro momento). El actor se despidió dando dos besos a la dueña, que se lo tomó con la mayor naturalidad del mundo, vamos, como si a uno le besaran las estrellas todos los días.

 
©RM Camisería Pascual, Hurtado de Amézaga 40
















Secuencia 18. Exterior – día. Calles de Bilbao.

©RM Mil Rosas, Ercilla 25
Salí pitando tras él para no perderle la pista. Igual que el día anterior, Mr. Clooney parecía conocerse los rincones de Bilbao como la palma de su mano. Así que, callejeando, me llevó casi hasta Moyua, donde al principio de la calle Ercilla, se paró en Mil Rosas, la coqueta floristería especializada en esa variedad. No me extraña que el actor la conozca porque yo siempre me detengo cuando paso para ver uno de los escaparates más llamativos y de más gusto de la zona. De allí salió George con una bonita rosa amarilla (no me preguntéis el significado, googlearlo) y se dirigió hacia la Gran Vía. ¿Dónde iría ahora? Le seguí,  dejando un poco de distancia para que no me descubriera… Y claro, sus pasos le llevaron hacia la Joyería Suárez, donde le esperaba… Audrey Hepburn, preciosa en su delgadez, vestida de negro y comiéndose un croissant mientras contemplaba las joyas en el escaparate con envidia…  Se dio la vuelta con encanto y se le iluminó la cara al ver la rosa que le ofrecía Clooney. Se limpió las migas del croissant de las comisuras de los labios con el delicado gesto de un dedo enguantado. Y entonces, justo cuando se disponía a abrazar a su ¿amigo?, lo vi. El maletín reposaba sobre la fachada del edificio. Se lo había traído para devolvérselo. O quizá hubiese cambiado los contenidos…  Los dos actores se abrazaron con cariño y Audrey le entregó el dichoso maletín. En ese momento un coche deportivo negro frenó justo delante de ellos. Tenía las ventanillas de espejo. Audrey lo vio y se lo señaló a George. Una ventanilla bajó suavemente y en su interior, un sujeto con sombrero y gafas de sol (y un gesto de desprecio en el rostro) les miró amenazadoramente. Clooney reaccionó inmediatamente. Dio un beso de despedida a su amiga y echó a correr maletín en mano, entre las hordas de gente que hacían ya sus compras navideñas por las calles principales de Bilbao. Yo intenté seguirle el paso pero era imposible, enseguida se metió por las zonas peatonales de la calle Diputación para despistar al coche que le perseguía. Y allí, entre la multitud, perdí la pista a George Clooney. Definitivamente.

©RM Joyería Suárez, Gran Vía 43
 
Frustrado con mis pocas dotes de detective privado, me abroché la gabardina porque el sol del mediodía no evitaba que sintiera el frío norteño. Empezó a chispear y no se me ocurrió otra cosa que volver al punto de inicio, al Puppy. Allí, de haber sido fumador, me hubiera acabado un cigarro mientras recomponía las ideas. Pero ni siquiera me dio tiempo a pensarlo. En la carretera, a mi lado, paró un taxi. Bajó la ventanilla y, para mi sorpresa, el rostro de Clooney me sonrió directamente. No dijo nada, pero en un gesto rápido y elegante… ¡Me lanzó el maletín! Lo cogí al vuelo mientras el actor me hacía un gesto de despedida con la mano, aún sonriendo, y le decía al taxista que siguiera su viaje. Me quedé allí sin saber qué hacer. Tenía el maletín de Clooney (y de Hepburn, no lo olvidemos) en mis manos y ni siquiera me atrevía a abrirlo, aunque me explotase la cabeza de curiosidad… Sólo tenía que abrir la cremallera para saber qué contenía… Entonces, un pensamiento inoportuno pasó por mi mente: “¿de qué demonios voy a escribir para el concurso de bloggers…?”


The end

Una jornada particular... en Bilbao III. (continuación del capítulo II)

©RM El Corto Maltés, María Díaz de Haro 20

(Para la banda sonora de esta tercera parte de la historia: abrir en otra ventana el siguiente link, saltar la publi y escucharlo según leéis) 

Secuencia 9. Exterior - día. Calles de Indautxu.

Ya no me queda más remedio que rendirme a la evidencia. He perdido total y completamente la razón. Estoy siguiendo a George Clooney y a Audrey Hepburn, que andan cogidos del brazo por las calles de Bilbao Centro. Y él sigue llevando ese misterioso maletín en la mano… Se paran a mirar el escaparate de El Corto Maltés. Les debe llamar la atención la decoración vintage y lo comentan entre risas. Parece que se conocen de toda la vida. Me pregunto si también conocen al personaje que da nombre al bar. Por un momento hasta me parece ver al aventurero personaje de cómic reflejado en el cristal… Lo que me faltaba. 

©RM Gozatu, Maestro Gª Rivero 6
Secuencia 10. Interior – día. Gozatu.

George y Audrey deben tener hambre, porque han entrado sin pensárselo en el Gozatu. Entro detrás de ellos y, aunque ya nada debiera sorprenderme, la cantidad (y variedad) de pintxos en la barra, me deja casi exhausto pensando cuál voy a elegir. Ellos no se lo piensan tanto y se sientan tranquilamente a ponerse al día y a la vez, a atiborrarse a pintxos (¿cómo conservarán esa línea, si parece que no han comido en tres días? Eso sí, todo con mucha elegancia) Me empiezo ya a preguntar si todas las llamadas que ha recibido Clooney a lo largo de la tarde serían solamente códigos de una kedada entre amigos (o amantes, ¿quién sabe?). Pero, ¿por qué acudir con un maletín a una cita tan entrañable? Me dan ganas de preguntárselo directamente y así poder irme de una vez por todas al concurso de bloggers, que es donde debería estar, pero prefiero no romper el encanto y simplemente les observo desde la barra. Nadie más lo hace, así que son todo míos. Audrey mira al reloj y de repente parece que se le ha hecho tarde. O más bien, tardísimo. Recogen sus cosas precipitadamente y salen. Yo, para variar, les sigo.

©RM La Alhóndiga, Pza Arrikibar
   







Secuencia 11. Exterior – noche. Calles de Bilbao.

Pasan por delante de infinidad de comercios, locales, bares, restaurantes… Pero sólo parece llamarles la atención uno. De donuts. Estos americanos… (pero Audrey era europea, ¿no? Se habrá contagiado)  La verdad que no me extraña porque Doopies and Coffee atrae, por su iluminación, por la decoración, o quizá por la gula.
©RM Rguez Arias 39
 Ellos deben estar ya llenos, porque se dirigen hacia la Alhóndiga y no deben tener tanta prisa como parecía. Se paran a comentar el edificio. O quizá sea parte de su misión secreta. Porque Audrey señala una de las ventanas de la parte superior donde se ha encendido una luz. Alguien (sólo se vislumbra una sombra) la enciende y la apaga varias veces, como si fuera un código oculto. La Hepburn, ni corta ni perezosa, saca del bolso un coqueto espejito y refleja con él la luz de las farolas, abriéndolo y cerrándolo también varias veces. Clooney la mira con interés mientras ella se comporta como una auténtica espía internacional. Está claro que ha pasado por esto más veces. Y yo me maldigo por no haber hecho caso de aquellos cursillos de señales de barcos que seguí en Algorta cuando aún pretendía convertirme en agente secreto.  Audrey cierra el espejito y le susurra algo al oído a su amigo actor. Siguen su recorrido. La luz en lo alto de la Alhóndiga se apaga definitivamente. Cruzan la plaza de Arrikibar y se dirigen hacia la calle Ercilla. Claro, allí sólo podían ir al Hotel. El Ercilla, desde luego.

Hepburn en el Ercilla, 
Secuencia 12. Exterior – noche. Hotel Ercilla.

Van a entrar (¿serán definitivamente amantes? Cada vez hay más misterios en esta historia y yo sin descubrir aún ninguno). Pero allí mismo, en la entrada, se despiden con un pacato beso en la mejilla.  Y entonces es cuando ocurre un momento clave. Lo veo a cámara lenta, claro. Tras el inocente beso y un mohín de niña mimada por parte de ella… él le pasa el maletín. O sea que era para la actriz todo el tiempo… ¿Pero qué hay dentro?  Clooney se queda mirando cómo la estrella de otros tiempos entra elegantemente al hotel, casi como si flotara en lugar de andar. ¿Qué hago? ¿Entro y pregunto a la recepcionista en qué habitación se aloja Audrey Hepburn? Seguro que llama a la Ertzaintza. Mejor me quedo con Clooney, que ya es para mí como un viejo amigo.


Secuencia 13. Exterior – noche. Gran Vía-Calle Ledesma.

Le veo callejear esta vez casi sin rumbo. Entra en la Gran Vía (ya iluminada con el mismo azul de los últimos años, que le da un aspecto tan irreal como la historia que estoy viviendo esta tarde) y pasea. Cruza Moyua. Pasa por delante de la BBK y se queda mirando un enorme anuncio que publicita la exposición de Fernando Botero en el Museo de Bellas Artes (seguro que le conoce personalmente). Sigue su paseo y tuerce hacia la calle Ledesma. Allí, sin pensárselo demasiado, se mezcla con la gente que se amontona en el exterior del Bar que recibe su nombre de la calle.

Secuencia 14. Interior – noche. Bar Ledesma.

Se ha debido quedar con hambre, porque desde fuera veo cómo se devora uno de los estupendos pintxos de tortilla en los que se especializan. Ha elegido el de torti de champiñones (detalle a tener en cuenta si alguna vez le invitáis a cenar). El bar está a tope pero nadie parece reconocerle y él está obviamente a gusto, disfrutando del anonimato. Da las gracias al camarero y sale. Sigue su ruta incierta.

  

Secuencia 15. Exterior – noche. Calles de Bilbao.

Pero claro, ¿dónde podría dirigirse el protagonista de “Ocean´s eleven”? Está claro, al Gran Casino de Bilbao. Antes de llegar se para a mirar un cartel gigante con la cara de su amigo Brad. Brad Pitt, claro, que anuncia un conocido perfume de mujer que en su tiempo ya anunciara otra gran diva de Hollywood: Marilyn Monroe (¿sabéis que la rubia inmortal fue la primera opción para interpretar a Holly Golighty en “Desayuno con diamantes”? Al final todo acaba encajando en el puzle).

©RM El Gran Casino, Ada. Urquijo, 13
Le dejo en el Casino, creo que la única apuesta que puedo hacer en este momento es sobre cuál será el contenido del maletín o por qué nadie parece reconocer a estas macro estrellas allá donde vayan. Estoy decidido a descubrir el misterio. ¿Qué hay en ese endiablado maletín? ¿Dinero? ¿Cosméticos que les hacen inmortales? ¿Joyas? Mañana a primera hora me panto en el Dómine y no dejaré de seguirles hasta descubrirlo todo. Vuelvo a pasar por la Gran Vía iluminada y, camino de casa, me encuentro con el escaparate de Arnaga. Este año han hecho un auténtico esfuerzo por mantener (o incluso crear) un espíritu navideño. El laberinto de detalles, entre cajas, papeles y pequeñas puertecitas secretas te hace desear que existieran las cookies mágicas de “Alicia en el País de las Maravillas” para reducirte de tamaño y pasar horas y horas descubriendo sus vericuetos. Lo que me recuerda de nuevo el concurso de bloggers. Ya se me ocurrirá una excusa. No quiero pensarlo hoy, ya lo pensare mañana (Escarlata dixit).

 (to be continued)
Arnaga, Colón de Larreategui 8

domingo, 29 de julio de 2012

Perdido en Ramadán


©RM Judería de Jerusalén


Hoy os voy a amenizar esta historia con algo de música de Beach House, que fue el último grupo que vi en concierto antes de empezar mi periplo por el Oriente Próximo, los vimos en Biarritz cuatro días antes de marcharme, un conciertazo: 

http://www.youtube.com/watch?v=prhI9mrB4So 

En este lado del mundo, la mayor parte de la gente lleva ya casi una semana sin probar bocado, desde que amanece hasta que anochece. No sólo eso, sino que tampoco les está permitido beber líquido alguno. Y dicen que nada de sexo. Y no, no se trata de que los recortes de Rajoy hayan llegado hasta Jordania, ni de que Gallardón haya iniciado otra cruzada moral. Ni siquiera que Andreita Fabra haya dicho “que se jodan los pobres, yo me como todos los pasteles…” Es algo que dura 30 días y que se llama Ramadán. Eso sí, en cuanto oscurece las reuniones familiares y de amigos se multiplican para celebrar la gran comilona. Todas las noches. Me cuentan que es como una Nochebuena que durase 30 días seguidos. Hay incluso regalos. ¿Os lo podéis imaginar? Si a la mayoría de nosotros ya la idea de dos noches así en una semana nos resultan difíciles de digerir… Y es verdad que las calles de Ammán, o más bien sus carreteras, están estos días extrañamente tranquilas (si tenemos en cuenta la furia con la que conducen habitualmente mientras hablan sin parar por sus móviles). Estos días hay muy poco tráfico, la mayor parte de restaurantes y bares están cerrados durante el día y la gente funciona a menos revoluciones. La comunidad internacional me cuenta que en sus trabajos la mayor parte de la gente tiene horarios especiales para ajustarse a las necesidades del Ramadán y que ellos se retiran discretamente a comer para no llamar la atención ni herir sensibilidades. Un poco como lo que pasa en España cuando hay fútbol, que a todo el mundo le resulta natural que la gente se coja tardes libres. Siempre me imagino lo que pasaría si yo me cogiera una tarde libre para ir al cine o ver la entrega de los Oscars… En fin, es lo que tienen las religiones y los deportes, como sabéis santos de mi devoción (y nunca mejor dicho). Por cierto, que gracias al Ramadán nos hemos quedado casi sin agua en casa. Resulta que en Jordania, como os podéis imaginar, el agua escasea. Y mucho. Así que la gente normal, la de a pie, se tiene que conformar con un suministro siempre pequeño. Sin embargo, en las casas de los internacionales, como en la que yo vivo, no solamente hay guardias en las entradas para protegernos de posibles revueltas, atentados y demás, sino que hay un suministro continuo de agua corriente. Para que nos sintamos como en Europa. Menos en Ramadán. Como todo funciona a medias durante este mes porque la gente vive en continuo agotamiento (es lo que tiene no poder comer ni beber desde las 4 de la mañana hasta las 8 de la tarde y luego darse un festín todas las noches) pues resulta que los del ayuntamiento, encargados de traer el agua a nuestro depósito, sólo han traído una mínima cantidad, así sin avisar, y sin decir cuándo volverán con más. Así que andamos en casa sin poder ducharnos, llenando el lavabo para hacer nuestras abluciones diarias, esperando cada día que la cisterna del báter no se seque… Quizá sea bueno ir acostumbrándonos para cuando en España no se pueda uno pagar ya la cuenta del agua y de la luz y volvamos a la posguerra
©RM Ammán al atardecer


Pero regresemos a Israel, o mejor a Palestina, tras mi llegada, cuando aún nos alojábamos en el hostal de la “granny”, cerca del auténtico Portal de Belén. Mi primer contacto con la religión musulmana fue al escuchar la llamada a la oración a eso de las 9 de la noche. Las primeras veces resultaba muy exótico. Luego te das cuenta de que también suena sobre la 1 del mediodía, y creo que sobre las 4 de la tarde. Y ya piensas, “bueno” y sigues con lo que estás haciendo mientras la grabación se reproduce con altavoces desde los minaretes con luz de neón verde (color del Islam, el verde, no el neón). Pero es que una noche me desperté a eso de las 3 y media de la mañana con la dichosa llamadita a la oración. Lo raro es que no la hubiera oído las noches anteriores, debía estar agotado. Pero lo peor fue que a eso de las 8 de la mañana me despertó el sonido de… ¡las campanas de una iglesia católica que había cerca! ¡Dios mío –pensé- ahora sí que estoy en la cuna de las civilizaciones… religiosas! Y son tan pesadas las unas como las otras… Si yo lo único que quiero es dormir, que es domingo y mi único día libre de toda la grabación…

Y claro, luego está la otra gran religión de la zona: la judía. No sé si habréis oído en las noticias últimamente que hay un gran revuelo en Israel porque el estado está pensando en obligar a los ultraortodoxos extremos a cumplir con el ejército, como el resto de los ciudadanos, que cumplen tres años ellos y dos ellas. Y yo, ya sabéis, no soy amigo de ningún ejército ni mucho menos de que sea obligatorio. Pero es que el motivo por el que esos hombres de negro están exentos es simplemente… ¡porque dedican toda su vida a estudiar la torá, o sea, la biblia judía! Y no sólo eso, sino que debido a tanto estudio teológico no pueden ni siquiera trabajar y son sus mujeres las que lo hacen… de por vida. Y como generalmente tienen del orden de 6 ó 7 hijos, pues el gobierno les tiene que dar subvenciones y becas para que sigan tan plácidamente viviendo la vida espiritual que han elegido. Claro, no pagan impuestos, no contribuyen a la seguridad social y encima reciben todo tipo de ayudas. Así que la parte laica del estado israelí está hasta el moño de pagarles todo a estos píos estudiosos. Y parece que están empezando a rebelarse. Ellos se defienden diciendo que forman “el ejército de Yahvé”… La verdad que miedo sí que dan, con sus levitas y sombreros negros, las barbas canas, los rizos por delante de las orejas (eso es lo
©RM Árabes judíos o Judíos árabes, también los hay

 peor, lo confieso) y los ojos metidos en las cuencas de una expresión cadavérica. No sonríen, se lo debe prohibir su religión. Y claro, nunca hablan con los que nos son como ellos. Por las juderías de Jerusalén vi escenas que podrían haber sido sacadas de hace siglos, callejones que no han cambiado, hombres al otro extremo vestidos igual que sus tatarabuelos… ¿Qué pensarán de la ocupación, de las tierras palestinas que han robado y de la tortura en la que han convertido las vidas de sus habitantes? Pues parece que hay gustos para todos. Los más extremistas piensan que no se debería llevar a cabo la ocupación hasta que llegue el Mesías, entonces sí. Los siguientes parece que piensan que el primer paso para la llegada del Mesías es la ocupación de la Tierra Prometida, así que los que ya estuvieran allí que se aguanten (“que se jodan”, como diría la Fabra, lo sé, no puedo evitarlo). Y luego hay otros muchos que no saben o no quieren saber o saben y no les importa. Porque viven muy bien. Porque les llegan subvenciones de todo el mundo, principalmente de EEUU y de la UE (acabo de leer que los americanos van a dar no sé 
©RM Las cúpulas de Jerusalén

cuántos millones al ejército israelí), para resolver los entuertos que ellos han creado y lavar sus conciencias. Y así sigue todo, los israelíes gobiernan, ocupan, aterrorizan. Y los palestinos sufren y se aguantan. Algunos luchan. Como los niños. Pero entonces los meten a la cárcel por tirar piedras, a veces con 10 años, con 12, con 14 o con 16… Los juzgan en cortes militares, sin pruebas ni testigos, y los condenan a penas que dependen de si confiesan o no. En este último caso suelen pasar más tiempo detenidos, para así evitar que los siguientes hagan lo mismo.

Las primeras familias que visitamos, en los días previos al rodaje, fueron las que más me impresionaron. Yo siempre he sido de lágrima fácil (lo he debido heredar de mi aita, que lloraba el pobre hasta con “Heidi”) y reconozco que hubo dos momentos en los que tuve que retirar la mirada. En ambos casos fue con madres de estos niños que habían sido detenidos. Cuando llegabas a sus casas lo primero que hacían era recibirte con un “welcome” que estaba siempre dispuesto a salir de sus bocas. Fue mi primer contacto con la cultura palestina y me inició en la forma de ser de una gente cuyo máximo orgullo es la hospitalidad. La cantidad de veces que he oído esa palabra desde entonces. Luego te ofrecían café y té y a veces galletas o pastas. También insistían en que te quedases a comer. Y estamos hablando de familias que difícilmente pueden alimentarse a sí mismos. Las madres nos contaban los detalles de cómo el ejército israelí entró en sus casas en mitad de la noche para llevarse a sus hijos (lo más parecido a un secuestro legal que he oído), destrozando las casas entretanto. Teníais que ver los ojos de esas madres cuando nos lo contaban, estaban llenos de frustración y también de resignación, pero a la vez conseguían mantener una sonrisa increíblemente tierna. En un par de ocasiones, cuando me decían lo que les habían hecho a sus familias, a sus casas, no pude evitar decirles “tienes una casa muy bonita” o “tienes una familia estupenda”, a lo que ellas invariablemente me contestaban: “Y tú tienes unos ojos muy dulces.” Aunque me imaginaba que era una expresión árabe de agradecimiento, tenía que apartar la mirada porque veía que se me saltaban las lágrimas. Eran loables sus esfuerzos por mantener sus hogares impecables y sus familias unidas, a pesar de las terribles circunstancias en las que viven. En un momento concreto del rodaje, mientras grabábamos una de las entrevistas, una de esas madres se echó a llorar cuando menos lo esperábamos (también es verdad que no entendíamos lo que nos decía hasta que la parte palestina de nuestro equipo nos lo traducía). Ninguno de nosotros fue capaz de reaccionar para captar ese primer plano que tanto adora la pantalla. Nos quedamos petrificados. Pero nunca se me olvidará la mirada de esa madre que sufría por su hijo…

©RM El Books Café de Ammán

Continuaré con esta historia en mi próxima entrega, pero ahora para romper el dramatismo os contaré que me he venido a escribir esto al Books, ese café moderno, semi gay de Ammán, que claro, es de los pocos que sigue abriendo durante el Ramadán. Y os puedo contar que hoy, sábado al mediodía, aquí no se reúne sólo la comunidad internacional. Aquí hay muchos árabes que, obviamente, no mantienen el ayuno. Así me gusta. Y yo, mientras tanto, celebrando en solitario mi quinto aniversario de boda. Menos mal que esta mañana he conseguido hablar con mi marido por teléfono (la conexión a internet también nos está fallando y hacía días que no hablábamos, ¿será por el Ramadán?). En cuatro días está aquí para visitarme (no nos hemos visto en casi dos meses) y nos iremos a descubrir Petra. Más o menos a la vez, el mundo entero recordará el 50 aniversario de la muerte de uno de los mayores iconos del siglo XX, la rubia entre las rubias, la que hizo mundialmente famosas las iniciales MM, un lunar falso, unos labios carnosos y unos ojos miopes. Era además, una gran actriz. Aunque muchos no lo hayan descubierto aún. Su silueta y su pelo platino siguen apareciendo en publicidad, en carteles, pósters, postales, películas… Te la encuentras donde menos te lo esperas. Va por ti, Marilyn. ¡Salud!

Guapa como ella sola

Única    

Sensual, frágil

martes, 15 de mayo de 2012

Una ciudad rojiblanca


©RM
©RM
Bilbao 2012, año del fin del mundo… Pero quizá aún haya esperanza. ¿Por qué? ¿Será porque la izquierda gobierna en Francia y le lleva la contraria a la gran panadera alemana? ¿Será porque los chicos del 15M vuelven a tomar las calles y la policía vuelve a tomarles a ellos haciendo uso de aquella ley que prohíbe grupos de más de 20 personas y que creo que surgió para combatir el terrorismo años ha? ¿Será porque Obama se ha convertido en el primer presidente americano en apoyar el matrimonio gay? ¿O será porque el sol vuelve a brillar en esta brumosa ciudad después de que en abril lloviera 29 de los 30 días que tiene en el calendario? En realidad la esperanza es que en Bilbao, capital portuaria (o casi), industrial, vasca, rebelde, independiente, separada… ha vuelto a brillar con la unidad de sus gentes. Por encima de la ideología política, por encima de la clase social o incluso de la procedencia o la identidad sexual, Bilbao ha demostrado que miles y miles de personas pueden echarse a la calle bajo una única bandera: la rojiblanca. La ciudad entera (y alrededores, o sea, el Gran Bilbao, ¡qué bonita expresión!), como demuestran las fotos que acompañan hoy esta entrada, se tornó rojiblanca. Nunca había visto yo algo parecido, tanto fervor, tanta alegría y unión… (tenéis que recordar que llevaba más de 20 años fuera de aquí) Fachadas enteras cubiertas con las banderas, familias en la calle, cuadrillas, desconocidos, todos unidos con un único grito: “Aupa, Athletic”.

Cualquiera que me conozca mínimamente sabe que a mí, el único momento del fútbol que me interesa, es aquel en el que los jugadores se atreven a quitarse las camisetas mojadas… Y siempre me quejo de que no haya más primeros planos (al fin y al cabo, lo mío es el cine, como decía uno de los electroduendes en la añorada “La bola de cristal”, que yo
"Lo mío es el cine..."
me empeñaba en ponerles a mis hermanos pequeños para que me salieran modernos…). Pero es verdad que, en tiempos tan tristes y tremendistas como los que vivimos, que haya un motivo de alegría e ilusión para unir a todo un pueblo (generalmente separado) es digno de tenerse en cuenta. Y eso que yo no vi ni el partido (nunca he visto uno, lo confieso, hace poco me enteré de que los equipos, a mitad de juego, cambian de lado en el campo…). Pero el espíritu era contagioso, no he visto nada así más que en las Fiestas de la Semana Grande de Bilbao. 

©RM

Y ahí es donde me surge una pregunta. Si la vida se puede parar durante casi un día entero por un partido de fútbol, ¿cómo es que no se para también ante una reforma laboral y social que nos está dejando en bragas? ¿Cómo es que esa misma furia celebratoria que une a miles y miles de personas no se convierte en furia contra los tiranos a los que estamos dejando que se rían de nosotros? Nacionalizan los bancos que no funcionan para quedarse con sus deudas en lugar de hacerles pagar por sus errores, mientras sus directivos se van de rositas con pensiones millonarias. Sin embargo, las empresas públicas que funcionan, como los transportes públicos, los privatizan, para que los beneficios se los lleven otros y los usuarios empecemos a notar una bajada en la calidad del servicio (es lo que va a pasar en Bilbao con los autobuses urbanos, el Bilbobus pasa a manos de ALSA). El novio valenciano de una mujer china tiene que pagar millones por un tratamiento contra el terrible cáncer de su pareja, mientras la Espe se dedica a privatizar sus hospitales y a seguir inaugurando centros médicos que luego no llegan ni a usarse. Los ciudadanos tenemos que pagar nuestros impuestos religiosamente, mientras la religión católica, es decir, la Iglesia, no paga ni el IBI (sorprendentemente, los ayuntamientos que le están pidiendo que lo haga son del PP, está
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claro que ante el dinero no hay fe que valga…). Los detenidos en las concentraciones del 15M pueden ser condenados a penas de 2 a 4 años por resistirse pacíficamente (mirar sus rostros de estupor ante los excesos policiales), mientras que el yerno del rey seguro que se va de rositas tras, presuntamente, robar y robar dinero público. Y el presidente del Supremo se pegó no sé cuántas vacaciones en Marbella (por ahora se han comprobado 18) a cuenta del erario público (o sea, de nosotros). Y eso que el susodicho es confeso usuario de misa diaria (católica, se entiende) Pero luego los que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades somos nosotros, los currelas. Lo que no le evita al
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Ayuntamiento de Bilbao gastarse más de 8.000 euros de dinero público para llenar la ciudad de banderitas del Athletic… Todo sea para animar la afición y el turismo. Lo único que tiene sentido en todo esto es que el caso del obispo de Alcalá de Henares, el infame Reig Plà, está siendo estudiado por un juez para verificar si incurrió en delito al difamar a todos los homosexuales en vivo y en directo, a través de su aparición en La 2 (pagada por todos nosotros, homosexuales o heterosexuales o bisexuales o trisexuales o multisexuales…) al vincular homosexualidad y prostitución (puede que en realidad la única manera de sexualidad que el tipo haya conocido sea ésa, la prostitución. Claro que, mejor eso que la pederastia a la que se dedican muchos de sus compinches…). Ya sólo el hecho de que se hayan abierto diligencias previas quiere decir que hay indicio de delito. Y mientras, el presidente del gobierno, para más inri, admite que todos los terribles recortes se están haciendo, “tarde, mal y a rastras”… Pues vaya seguridad que nos inspira…

Pero vayamos a por más buenas noticias. Como que los estudiantes de todos los niveles educativos de este país, estén a punto de realizar una huelga histórica el día 22 de mayo. Va a ser la primera vez que se unen en una protesta desde la educación infantil hasta la universitaria. Y es que la situación lo merece. La unidad hace la fuerza. Y si el ánimo de los leones puede paralizar una ciudad, el impulso del pueblo también puede paralizar un país. Echar un vistazo a este artículo publicado hoy en El País, que cuenta la experiencia de una ciudadana que simplemente pasaba por Sol camino de su casa. No tiene desperdicio. 


Foto de El País
Y para dulcificar el ambiente, os ofrezco el final de este culebrón hollywoodiense que es “Sublime Confrontación”. O lo que es lo mismo: “The Halcyon sisters”. Pero antes, poner este link en otra pestaña de vuestro buscador y usarlo como banda sonora. Se trata de Joan as police woman, un nombre extraño (hace referencia a la mujer policía interpretada en los 70 por Angie Dickinson, menudas piernas tenía) que esconde una voz divina. Tuve el placer de verla en directo el año pasado en Madrid. Disfrutadlo. 


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"El origen de la rivalidad sólo pudo ser un hombre... Estrella invitada: Bette Davis como la señora Halcyon"
Dos hermanas nacidas en una familia rica. Una misma pasión: la interpretación, el teatro, el cine… Ya desde pequeñas organizaban sus propias representaciones en la mansión de los Halcyon, ayudadas por amigas del colegio y por las múltiples criadas que las adoraban. Su madre, estricta mujer multimillonaria (la gran Bette Davis), trató de desalentar semejante afición, no digna de su clase. Pero la pasión de las niñas pudo más. Estaban tan unidas que nunca se plantearon que iban a entrar en una de las profesiones más competitivas del mundo. Se adoraban y nunca pensaron que nada, ni nadie, pudiera interponerse en el cariño que sentían la una por la otra. La del pelo azabache y los ojos violeta, Miriam, tenía un carácter dulce y caprichoso, hacía que todo el mundo la adorase. La otra, Vivien, la del pelo casi pelirrojo, era más insegura, más retraída, pero poseía una sensualidad innata que desde muy joven volvía locos a los hombres. Las dos entraron a la vez en Hollywood por la puerta grande. La pelirroja ya se había vuelto rubia… Eran la combinación perfecta, una rubia platino y la otra morena ébano. Incluso interpretaron juntas algún musical de juventud con bastante éxito. Y hasta dejaron sus huellas juntas en el Paseo de la Fama….

Entonces llegó él, Steve (Montgomery Clift). Alto, moreno, guapísimo, con unos ojos
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"Primero se casó con una..."
que casi podían competir con los de Miriam. Era educado, sensible, las trataba como a auténticas damas… Y claro, las dos se enamoraron locamente de él. Y allí empezó el problema. Las hermanas empezaron a negarse a seguir trabajando juntas. Es más, comenzaron a competir por los mismos papeles, llegando a las más oscuras artimañas para conseguirlos y así tener más éxito que la otra. Se volvieron locas por conseguir un oscar. Y todo se fue al garete cuando Miriam consiguió que Steve se casara con ella. Vivien no pudo superarlo. Se intentó suicidar varias veces, se casó con el primero que se lo propuso, se divorció, se volvió a casar, a divorciarse… Pero Miriam no era más feliz que ella. Su matrimonio no funcionaba y sólo ella sabía por qué. Sin embargo sus carreras iban lanzadas por encima de todas las estrellas del firmamento del celuloide. Se habían convertido en auténticos iconos de la década de los 50. Pero hacía ya tiempo que nunca aparecían juntas en público. Y se decía que en privado no se hablaban desde hacía años.

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"...Y luego con la otra."
Miriam y Steve acabaron divorciándose. Y Vivien aprovechó la ocasión para ser el consuelo de Steve. O quizá ya lo fuera incluso antes del divorcio. Se casaron. Miriam nunca se lo perdonó. Pero la venganza era dulce. Porque ella sabía que ese matrimonio sería tan infeliz como el suyo. Ella conocía el secreto de Steve. Sabía que era un alma atormentada. Sabía quién era su único y auténtico amor…

“The Halcyon Sisters”, que aquí se iba a llamar “Sublime Confrontación”, nunca llegó a rodarse. Dicen que los enfrentamientos entre Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor durante las primeras lecturas de guión fueron tan estruendosas como los de los personajes que iban a interpretar. Los productores se dieron cuenta de que el rodaje sería imposible. Además cada una exigía más dinero que la otra y entre las dos se hubieran comido el presupuesto entero de la película. El proyecto acabó en un cajón. Hasta que yo encontré estas fotos hace poco. En un antiguo cine de Bilbao transformado en apartamentos…  

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"Pero él sólo podía amar a otro hombre..."