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viernes, 5 de abril de 2013

Y sin darnos cuenta nos habíamos hecho mayores, casi


 

Año 23 d.c. (después de la crisis), o lo que es lo mismo, año 2031 del antiguo calendario, el que se reseteó ya hace tanto, cuando empezó a quedar claro que aquella supuesta “crisis” no era tal, sino una nueva situación social, un hecho histórico que comenzó como consecuencia de un plan subterráneo y oculto (como la mayor parte de la historia) aquel aciago año de 2008 en que las bolsas mundiales cayeron sin remedio y una serie de agencias internacionales (de las que nadie había oído hablar hasta entonces) empezaron a controlar la política mundial. Los países de la Europa del Sur, o sea, los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) o “los cerdos”, como prefieran, quedaron particularmente tocados por esta trama oculta, maquiavélica e ilegal. Más bien habría que decir que quedaron completa e inevitablemente hundidos. El mundo nunca volvió a ser como antes. Por eso se reseteó el calendario empezando de cero. Por eso nuestras vidas cambiaron sin remedio.


A este lado de los PIGS todo empezó con recortes en Sanidad, Educación y Cultura. La Sanidad quedó en manos de los familiares de los políticos, la Educación en las de la Iglesia y la Cultura… La Cultura simplemente desapareció. Algunos vieron en ello una venganza del gobierno contra un sector que tantos dolores de cabeza les había dado durante mandatos anteriores, siempre quejándose, siempre manifestándose, siempre mostrando una opinión distinta a ellos (¿cómo se atrevían?)… Así que se les cortaron las subvenciones y se les dejó morir poco a poco. Después llegó la desaparición de cualquier beneficio social, empezando por el paro, los subsidios, becas y ayudas de cualquier tipo. Entonces, cuando la gente aún no salía de su asombro, cayeron las pensiones. Simplemente, los pensionistas dejaron de recibir sus ingresos, así, sin más, “por el bien mayor”… Pero por si eso no fuera suficiente, los siguientes en caer fueron los funcionarios, miles y miles de trabajadores con plaza fija la perdieron sólo para dar entrada a adeptos al régimen. Porque para aquel entonces ya había quedado claro que aquel gobierno no era tal, sino que era un régimen. Sí, como el del dictador que aterrorizó a la población durante casi 40 años.  Pero el pueblo, el de aquellos años, no era ya la masa inculta y fácilmente manipulable que el caudillo había conseguido mantener bajo su yugo. Era aún una gran masa, eso sí, pero de gente cualificada con un nivel cultural muy alto y con buenas conexiones a internet (aún existía, sí) que les permitía estar enterados en tiempo real de lo que realmente estaba ocurriendo (y no de lo que el régimen les contaba en sus declaraciones en diferido –y siempre sin derecho a preguntas). Así que lo inevitable acabó ocurriendo: el asalto definitivo al parlamento. Pero esa vez no se limitaron a rodearlo pacíficamente, no, esa vez entraron. Y lo hicieron armados con todo lo que habían podido encontrar en sus casas y en la calle, palos, hierros, cuchillos de cocina, hachas, antorchas… Lo destrozaron todo a su paso, los asientos del congreso, los retratos de los ministros, los muebles, las cortinas, las puertas, los ipads, los aparatos para votar, los retretes… Y en el camino cayeron varios de los parlamentarios que tuvieron la mala suerte de haberse retrasado en su huída. También se dijo que había caído el presidente del gobierno, pero eso nunca se pudo demostrar. Hacía tanto que no daba la cara que la gente no se acordaba ni de cómo era. El caso es que, desde aquella tarde, nunca más se volvió a saber de él.

 

La consecuencia inmediata fue como una avalancha de sucesos cuyo orden era ya imposible de seguir. Las redes sociales cayeron, internet se interrumpió (y de hecho, ya nunca ha vuelto) y la gente tuvo que seguir los trágicos acontecimientos a través de la radio o la televisión, lo que quiere decir que cada emisora retransmitía únicamente de acuerdo a su ideología o a una posible audiencia. La familia real, que ya tenía la cabeza al borde de la guillotina debido a los numerosos casos de corrupción y dispendio en los que habían estado involucrados, abandonó el país con destino indefinido (y con las maletas llenas de billetes, bonos, cheques, tarjetas de crédito y pagarés de todo tipo). Con ellos (o por lo menos al mismo tiempo) se fueron todas las marquesas, baronesas, duquesas y duques que formaban la corte. Lo mismo hicieron los Jesuítas, acojonados de que la turba repitiese actuaciones que ya habían vivido durante la Segunda República. En cuanto a los políticos de todo signo, los que pudieron también escaparon. Los que no tuvieron esa suerte, perdieron la cabeza, literalmente. No sólo los que estaban imputados en los miles y miles de casos de corrupción que ya se habían convertido en la norma dentro de su clase, sino incluso los honrados, los que nunca habían robado un solo euro. Los que no escaparon a ningún sitio fueron los gerifaltes del ejército. Todo lo contrario. Por fin encontraron una excusa para sacar su fuerza a la calle, para demostrar lo que habían estado reprimiendo durante años de forzada contención. Y vaya si lo hicieron, fue una masacre total. Miles y miles de personas asesinadas en las calles, hogares destruidos, medios de transporte condenados a no volver a funcionar nunca calcinados en mitad de su último trayecto (donde permanecerían durante años por venir)… Hasta que ya nadie se atrevió a salir a la calle, los tanques vigilando cada movimiento, cada luz que se encendía o apagaba…

Pasaron meses de incertidumbre, de miedo e incluso de hambre. La Comunidad Europea (como ya había hecho durante la dictadura franquista) no se atrevió a inmiscuirse, quitando importancia en sus comunicados a las “mínimas reyertas callejeras”. Como las empresas de telefonía habían dejado de dar cobertura, ya no se podían mandar fotos a los medios de comunicación extranjeros. Los bancos, claro, habían cerrado sus puertas, con lo que cada uno tenía que sobrevivir con lo que tuviera en ese momento, volviendo en la mayoría de los casos al trueque. El vacío de gobierno (los militares fueron incapaces de saber qué hacer con un país sin dinero que se moría de hambre y poco a poco fueron desapareciendo también del ojo público) dio lugar a todo tipo de movimientos autonómicos de independencia, ya nadie quería pertenecer a ese país arrasado por la corrupción y la violencia. Ni siquiera se habló de elecciones o referéndums, simplemente se fueron formando pequeños grupos de poder en torno a lo que anteriormente habían sido comunidades autónomas, pero en algunos casos incluso en torno a provincias o a municipios. Los siguientes en desaparecer fueron los canales de televisión: las audiencias cayeron junto a las conexiones eléctricas y la publicidad… ¿Quién podía ya comprar algo? Lo mismo ocurrió con radios y periódicos. La información, per se, dejó de existir. A la gente ya sólo le interesaba lo que pasaba en su entorno más inmediato, en su pueblo o en su propio barrio. Como los medios de transporte ya no funcionaban, la movilidad era muy reducida, ni siquiera entraba gasolina en el país, con lo que hacer funcionar un coche se convirtió en algo del pasado. Sus esqueletos calcinados o  roñosos, se podían ver aparcados en cualquier sitio, a veces en mitad de la calle, como monumentos absurdos a una civilización consumista que nos había llevado a aquella situación.

Pero poco a poco, la vida fue empezando un nuevo rumbo. La gente se moría (de cáncer, principalmente, ya que no había tratamientos suficientes para semejante epidemia ni centros médicos donde paliar el dolor) y la gente nacía. Sí, después de un par de años en los que casi no habían nacido niños (por miedo, principalmente, y por una bajada de libido generalizada), se empezaron a oír de nuevo lloros de niños en las viviendas. Claro, que lo que también había ocurrido fue una migración generalizada hacia el campo. Ante la falta de alimentos, todo aquel que tuviera una casa fuera de la ciudad, en un pueblo o cerca de la costa, había abandonado las urbes. Mucha gente también se echó al monte y construyó allí viviendas de madera, de metal, de cartón, chabolas, cualquier refugio que le permitieran sus medios o su pericia manual. Las comunidades se fueron haciendo cada vez más pequeñas y se organizaban en torno a equipos de trabajo. En cada una había gente que sabía trabajar la tierra, algún médico, alguien que insistía en transmitir sus conocimientos a los niños (aunque esto cada vez tenía menor importancia, lo importante era sobrevivir) y, desde luego, algún líder carismático. De vez en cuando aparecía alguna pintada, algún grafiti sobre alguna pared, a pesar de que cualquier tipo de manifestación artística estaba prohibida, pero claro, tampoco había nadie que vigilase el cumplimiento de las leyes.


Y así llegamos al día de hoy. 5 de abril del año 23 d.c. En algún punto de toda esta historia nos hemos hecho mayores. O casi. Eso los que hemos tenido suerte de seguir estando aquí para contarlo. ¿Que dónde es aquí? Pues desde hace años vivo en una casa como la que siempre quise, de planta baja y primer piso. Con jardín. Claro que el tejado tiene agujeros por todas partes y las ventanas dejaron de encajar hace tiempo. En realidad sólo pude trasladarme aquí porque nadie más quiso meterse en una casa tan grande. Y porque había tantas viviendas vacías que se podía elegir la que se quisiera. Como estoy en una colina, desde las ventanas veo a mis pies lo que en otro tiempo fuera una ciudad prometedora. Al fondo incluso se dejan ver los restos metálicos de aquel barco de titanio que tanto hizo por esta ciudad. Hace mucho ya que no me acerco por allí, dicen que una tribu de merodeadores se ha instalado en su interior y que no es muy recomendable acercarse. En el jardín tengo un pequeño huerto del que me abastezco y con el que consigo suficiente como para incluso hacer algo de trueque. ¿Que a qué dedico mis días? Pues a pasear, a hablar con los vecinos que forman nuestra pequeña comunidad, a recordar viejos tiempos. Finalmente me he convertido en el viejo excéntrico que siempre supe que sería. Pero lo que más hago es escribir. No quiero que todo esto se pierda, es importante que alguien tome nota y pase el conocimiento de lo que pasó para que los que vengan después no lo olviden. De hecho existe una pequeña posibilidad de hacer que todo lo que he escrito en estos años llegue al extranjero, para que lo sepan los demás, los de fuera. Hoy he recibido una carta que me ha dado esperanzas (aún existe un mínimo servicio de correo, no muy fiable, no muy constante, pero a veces las comunicaciones llegan, viajan en caballo de un lado a otro). Parece que está surgiendo un pequeño movimiento revolucionario de nuevo, y una de las cosas que quieren hacer es llevar mis textos afuera, al exterior, para que el mundo sepa por fin lo que ha pasado aquí. Sólo hace falta que pueda ponerme en contacto directo con uno de ellos, que se pueda acercar aunque sea hasta la costa, donde yo pueda ir andando… Espero con ansiedad la siguiente notificación.

 



martes, 8 de mayo de 2012

La película sigue


©RM
La realidad vista a través de espejos, ¿cuento o pesadilla?
©RM
Una de las modernas plazas futuristas...
Bilbao 2012, año del fin del mundo. Pasan tantas cosas cada día que no sé ni por dónde empezar o en cuál centrarme. ¿Debo volver sobre los temas que nos angustian a todos desde cualquier medio de comunicación 24 horas al día, 7 días a la semana? ¿Debería hoy hablar del éxito de Hollande en las elecciones francesas y el rayito de esperanza que eso supone para los europeos por debilitar el trono de la inmunda Merkel? ¿Debería mencionar que hay una petición firmada por miles de personas que esta semana se va a presentar en el Congreso para que la Iglesia empiece a pagar el IBI como cualquier otra persona de este país? (me pregunto si la familia real paga el IBI) ¿O debería seguir hablando de los recortes en Sanidad y Educación? Pues no, probablemente no, bastante tenemos ya con lo que tenemos… Pero antes de cambiar de tema y alegraros el día, no me puedo quedar sin mencionar un par de cosas. El día 1 de este mes (día del Trabajador, así, con mayúsculas, si es que queda alguno que aún esté en activo) me pasé por el parque del Arenal para participar en las protestas de todos los trabajadores ante nuestra flagrante pérdida de derechos (y de dinero). Y escuché cosas muy interesantes, de las cuales, aparte de la rabia que nos posee a todos, se me ha quedado una clavada: que no nos engañen diciéndonos que la Sanidad y la Educación y el bienestar en general “ya” no pueden ser “gratis”. Que me perdonen los señores políticos (buitres carroñeros, debería decir), pero el
Mea culpa...
¿Que ha ganado quién...?
bienestar, la Sanida, la Educación, NUNCA han sido gratis, los hemos pagado siempre y los seguimos pagando todos los trabajadores con nuestros impuestos. De toda la vida, por favor, que no nos tomen por tontos ahora. Y otra cosa que no puedo evitar mencionar. Coged cualquier periódico o página web con noticias de las últimas semanas y veréis cómo se puede apreciar una evolución en los rostros de la “presuntamente” inmunda Merkel y de la “supuestamente” infame Sáenz de Santamaría: la primera está cada vez más enfadada, se le tuerce el gesto con disgusto haciendo salir a la superficie la maldad que, probablemente (o supuestamente) la corroe. La segunda, sin embargo, cada vez tiene un gesto más humilde, más como de pedir perdón por lo que hace y por lo que dice. Igual ni ella misma está de acuerdo con todo ello o igual es que le da miedo que lo que están haciendo va a tener consecuencias y les va a caer encima en cualquier momento. Los que ahora están ahí, en esas fotos, puede que muy pronto ya no ocupen los puestos que ahora ostentan con tanto desparpajo. Puede que el Pueblo (así, con mayúsculas, porque somos más y más importantes) los hayan, por fin, derrocado. O que se los hayan comido. Simplemente. 

Pero hemos dicho que no nos vamos a poner tremendos. Así que como diría mi amiga Nieves: “No me hables de política, que me pongo…” El otro día, después de escribir mi entrada anterior, me fui con mi marido y una pareja de buenos amigos al concierto de La Habitación Roja, ese grupo cuya música os amenizó (si es que os conectasteis al link, claro) y me reafirmó en lo que os comentaba entonces, que tienen unas letras que más que música son poesía. Merece la pena que les dediquéis unos minutos de búsqueda y escucha. Comprar un disco de vez en cuando no viene mal para el espíritu… Y por eso os voy a seguir amenizando estas sesiones de blogging (es el nuevo deporte de moda, y os lo aseguro, no sé si ejercitará el cuerpo con la postura del ordenador, pero desde luego la mente la agiliza que es una barbaridad) con algo de música. Hoy nos toca algo muy, pero que muy glamuroso. Seguro que ya lo habéis oído. Sobre todo si sois seguidores de La 1. Poco os queda por disfrutar, por cierto, porque el gobierno ya ha dado su golpe de estado particular y se va a hacer con el control total y absoluto de todo lo que salga por el canal público. Y eso que hasta la BBC ha reconocido sus noticias como las más ecuánimes del mundo. Por mucho que el partido en el poder se empeñe en decir lo contrario. Claro que si su idea de ecuanimidad es un noticiario dirigido por Urdaci, agarrémonos las vestiduras… Pero no hablemos de política, que me pongo… Como os decía, si seguís La 1, os habréis dado cuenta de que ya no ponen ninguna serie de producción propia para no gastar, las tienen arrinconadas en un armario (en el fondo un plan para librarse solapadamente de “Cuéntame” y “La República” porque no comulgaban con su ideario, en el que los fachas, generalmente, son malos. Incluso en Águila roja los reyes y obispos son malos. Casi como en la vida real). Me parece terrible y lo que creo es que pretenden cargarse el servicio público para tener una excusa y privatizarlo. Pero lo único bueno de esta tendencia de los últimos meses es que se ha vuelto a emitir cine clásico en hora punta. Y aunque es verdad que algunos son auténticos peñazos y empiezan tardísimo (¿quién es capaz de tragarse “55 días en Pekín” empezando a las 10 y media de la noche de un jueves cuando dura más de dos horas y media, aunque salga la divina Ava Gardner?), también han
El animal más bello del mundo...
pasado ya clásicos inmortales como “Casablanca” y “El hombre tranquilo”… Y parece que van a poner “Historias de Filadelfia”, una comedia maravillosa, intocable, con mi favorita Katharine Hepburn+Cary Grant+James Stewart (no sé quién está mejor en esa peli, pero ningún Cruise, Kidman, Hanks podría llegarles nunca ni a la suela del zapato). A lo que iba. Seguro que habéis visto el anuncio que usan para promocionar esta vuelta al cine clásico. Es estupendo. Sólo por oír a Ingrid Bergman diciendo: “El mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos…” ¿Se puede estar más de actualidad? ¿Será consciente el PP del mensaje subliminal que han metido ahí? ¿Y qué me decís de esa maravillosa escena de Hepburn y Stewart bailando con lentitud en un jardín mientras burbujitas de colores salen de la pantalla gracias a los efectos digitales…? ¡Es la magia del cine personificada! Cualquiera que ame el cine puede sentirlo…

Hepburn y Stewart enamorados
Pues la música que lleva ese anuncio es de una chica guapísima y con mucho glamour que está muy de moda en estos momentos. Se llama Lana del Rey y si queréis oír la canción entera mientras seguís leyendo, abrid este link en otra página: http://www.youtube.com/watch?v=cE6wxDqdOV0
 
Porque hoy no, no os pienso hablar del anuncio que estoy haciendo para la página web de Metro Bilbao. Ni de otros pequeños encargos que me  han ido saliendo en los últimos meses. Ni de que igual me paso todo el verano fuera de mi ciudad favorita grabando un documental… No, no puedo hablar de nimiedades porque me debo a mi público. Y mi público, me temo, quiere saber qué fue de las hermanas Halcyon. ¿Os acordáis de mi último descubrimiento? ¿Existió en realidad una película que reunía a los dos mayores mitos de la pantalla, Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor? He aquí la respuesta.

©RM
"Una historia que se convirtió en ambición..."
 “Anoche soñé que volvía a aquella casa…” No, no es el principio de “Rebeca”, el clásico del maestro Alfred Hitchcock con la mejor malvada de la historia del cine en blanco y negro, la señora Danvers, interpretada por Judith Anderson. Es lo que me pasó en realidad. Anoche soñé que volvía a aquella casa que hace años vivió momentos de gloria como cine
Mrs Danvers intrigando...
de barrio en Bilbao. Allí se celebraron matinales y sesiones dobles, se estrenaron películas y miles de personas soñaron con esos rostros tan bellos, esas intrigas amorosas y esas aventuras sin fin. Pero hoy es simplemente un bloque de apartamentos. Aunque se mantenga la estructura externa. Sin embargo, a pesar de su aspecto banal, en su interior se esconde un secreto. Uno que podría desentrañar el mayor misterio de la historia del cine. ¿Se llegó a rodar, o ni siquiera a planear, una película que reuniera a las dos mayores estrellas del firmamento de Hollywood durante los años 50? En mi sueño yo entraba al edificio por la puerta principal, con una llave de esas antiguas, como las que colgaban de la cintura de la señora Danvers en “Rebeca”. Abría la entrada y pasaba directamente a una sala de cine de las de antes, de esas con asientos de terciopelo y cortinón rojo cubriendo la pantalla. No había nadie en el cine, pero las luces estaban encendidas y la cortina abierta, aunque no se estaba proyectando ninguna película. De pronto, como sucede en los sueños, me encontraba ya en uno de los palcos, abriendo la puerta que en teoría comunicaba con el pasillo. Pero claro, no era así, sino que abría la entrada al apartamento que había visto en mi visita anterior.
©RM
"Una historia de éxito, glamour y lujuria..."
Estaba vacío, así que me fui directamente al cajón en el que sabía que se encontraba la lata metálica con los afiches de la misteriosa película. En un instante ya estaba abriendo la caja y sacando las preciadas fotos. Eran estupendas. Mágicas. ¡Tanta belleza junta! De pronto algo me distrajo, un sonido como de raso, de ropas que se rozan al andar. Levanté la cabeza y claro, allí estaban. Ellas, las hermanas Halcyon. Marilyn y Elizabeth sonriendo, juntas, como si fueran amigas de toda la vida, jóvenes y bellas. Y me sonreían como si yo también fuera su amigo de siempre. Quizá su hermano. Marilyn se quitó unos guantes rojo escarlata, de esos que se llevaban con los trajes ceñidos en su época. Los dejó sobre la mesa donde estaban las fotos para coger una. Empezó a reírse, como se reía en sus películas. Se la enseñó a Elizabeth, que soltó una risita como de niña, igual que la voz que la doblaba en este país. Marilyn dijo en su inconfundible susurro: “The Halcyon Sisters…” Y Elizabeth, sin dejar de reírse, añadió: “Sublime Confrontación…” Así, en perfecto español. Y se quedó tan ancha. Yo quería preguntarles tantas cosas… Pero en ese momento apareció el tío de la inmobiliaria y parecía muy enfadado. “¿Qué hacen ustedes aquí? ¿Cómo han entrado?” Y no pareció reconocer a
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"Una historia de envidia y emociones retorcidas..."
las maravillosas actrices que, sin parar de reírse, cada una a su manera, se fueron dando pequeños pasitos con sus contoneantes tacones… Y yo me quedé allí, pegado a la mesa, sin poder levantarme. El tío agarró la lata, guardó las fotos y la puso de vuelta en su sitio, mirándome enfadado. Yo no me podía mover, sólo podía mirar los guantes rojo escarlata de Marilyn allí, sobre la mesa… Entonces me desperté. Menos mal, qué angustia. Pero el recuerdo de sus voces, sus sonrisas, los guantes, sus contoneos cuando se marchaban… “Sublime Confrontación”. ¿Sería ése el título de la película en español? “Sublime Confrontación”. Sólo Douglas Sirk podía dirigir algo así. O George Cukor, que tan bien dirigía a las mujeres… Me levanté de la cama y me fui directamente a mirar una vez más las fotos que había robado de aquel piso. The Halcyon Sisters, Sublime Confrontación… Dos hermanas, una ambición, una rivalidad. Toda una vida enfrentadas. Por una carrera: las dos niñas ricas que deciden ser actrices y comerse Hollywood… Siempre enfrentadas por ser la mejor… ¿O sería por un amor? Claro, en realidad sólo un hombre podría hacer que estas dos bellezas pasaran toda su vida enfrentadas… 

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"Dos hermosas mujeres... Una ambición... Una carrera... Un hombre... Una historia de Hollywood como nunca antes la has visto... La historia de dos hermanas que se odiaron y se amaron..."






















viernes, 27 de abril de 2012

Un Bilbao de película


©RM
Sus calles, sus montes
Bilbao 2012, definitivamente año del fin del mundo. El Apocalipsis ya está aquí y no nos hemos dado ni cuenta… Por eso hoy os voy a dar una sesión de filosofía, de poesía y de magia de la de antaño. Olvidémonos de nuevo de esta realidad que lo devora todo, cubriéndolo de un manto gris… Olvidémonos de la Sanidad que se nos va, de la Educación que ya casi no nos queda, de la Televisión que volverá en breve a ser Manipulación (como en los peores tiempos azanarianos), de la Represión que se está aposentando en el trono de este país de cuento. Olvidémonos de todo ello y demos paso sin embargo a una realidad de película, con algo de melancolía y con ese toque imprescindible de exquisito glamour. Para ello os recomiendo una música que más parece una poesía… 


¡Qué bonita letra! ¿Verdad?: “Voy a hacerte recordar, lo que no quieres ser, lo que eres sin querer, lo que ya no podrás hacer… Lo que ya no serás, lo que ya no tendrás, lo que ya no

©RM
Una ciudad futurista...
podrás tener…” Y qué verdad tiene La Habitación Roja (que por cierto actúan hoy mismo en Bilbao en la Sala Azkena) al cantar con este lirismo. En realidad me recuerda a la entrada que escribí hace unas semanas, titulada: “¿qué hubiera pasado si…?” O sea, eso de que según vamos creciendo (como personas, como adultos), nuestro camino está cada vez más escrito, más trillado, y en él van quedando cosas sin hacer, cosas que ya nunca podremos llevar a cabo… O quién sabe, quizá siempre quede tiempo para cambiar el destino. Da qué pensar, ¿verdad? “Lo que ya no serás…” Está claro que llegados a cierto momento de la vida, si aún no nos hemos comido el mundo, es muy difícil que lo hagamos… Si no te convertiste en el arquitecto del momento o el diseñador de éxito o el médico con la cura imprescindible o el actor que se llevó el oscar o el cantante que llegó a número 1 o el presidente que salvó a la nación (ay, qué falta nos haría) o el nuevo príncipe (si el actual hubiera demostrado ser gay al final…)… Vamos, que si no hiciste todo esto en tus años mozos, difícilmente lo vas a hacer ahora… Pero quién sabe, ¿no? Los sueños se pueden seguir manteniendo… Y quizá incluso materializando.

“Lo que eres sin querer…” Me imagino que pocos planean exactamente el tipo de persona que quieren ser y menos aún lo consiguen… “Lo que ya no podrás hacer…” Ahí, eso sí que duele. Porque hay momentos, experiencias, que si no las viviste entonces, son ya completamente irrecuperables. Por ejemplo, ¿cómo recuperar nunca el ver crecer a los pequeños de tu familia? ¿O cómo compartir los últimos años de vida de los que ya se han ido…? Son esas cosas que nunca planeas, que nunca te paras a pensar y que, cuando lo haces, ya es demasiado tarde, porque ¡bluff!, ya se han pasado... Y nunca vuelven. Así que, por mucho que te lamentes, tu vida ha ido por otro camino... (¿Os habéis fijado en la cantidad de puntos suspensivos que salen cuando uno se pone poético. Y es que la vida está llena de puntos suspensivos…)

Gary Cooper

“Lo que ya no tendrás…” ¡Ay, tantas cosas que nunca podremos tener…! Pero lo que nunca nos podrán quitar es la imaginación. Os propongo un ejercicio: ¿Y si nos imaginamos el sitio ideal inexistente en el que nos gustaría vivir? Puede ser una casa, un monte, una playa, un pueblo, una ciudad, un país, un mundo… Yo voy a ser un poco pragmático, para variar, y voy a pensar, por ejemplo, ¿cómo sería el Bilbao de mis sueños? Porque al fin y al cabo, si me he venido aquí a vivir (¡¡¿hace ya un año?!!) por elección propia será por algo, ¿no? Pues sí, en muchos aspectos mi Bilbao ideal sería como es, con su Guggy, su Alhóndiga, sus paseos por la Ría, su puente Calatrava, su Torre Iberdrola, su Casco Viejo y sus txapelas. Desde luego seguiría estando rodeado de montes (al fin y al cabo, eso y la playa era lo que más echaba de menos cuando deambulaba por el cemento
Lauren Bacall
inacabable de las calles de Madrid). Eso sí, sería una ciudad con menos coches, o mejor, sin coches. Todo el mundo viajaría en bicicleta (individual, doble, familiar, con sidecar…), llevando sus compras en la cestita, como los franceses, con la baguette ahí, junto al perrito. Y claro, la gente vestiría como en una película de los años 40 de las de blanco y negro: ellos con esos trajes imponentes que tan bien le sentaban a Cary Grant o a Gary Cooper, con los pantalones flojos, los tirantes y el sombrero. Y ellas con sus faldas entalladas, melenas de ondas y medias de cristal con línea por detrás, tipo Lauren Bacall, vamos. Todo el mundo se pondría a bailar en los momentos más inesperados, como en los

musicales de entonces, y siempre habría algún guapo marinerito vestido de blanco para alegrarnos la vista… Y por los cielos, de vez en cuando, se vería pasar un dirigible o un globo, que serían también formas mucho más civilizadas de transporte y nos harían pensar que vivimos en una novela de Julio Verne (como ya pasa en algunos episodios de Fringe, otra de esas series fantásticas de JJ Abrahams que tan buenos ratos nos hacen pasar). Además, habría una cascada que se vería desde distintos puntos estratégicos de la ciudad (en la nueva serie de moda, Juego de tronos, seguro que aparece alguna). Y desde luego, lo que no podría faltar son los cines a la antigua, en mitad de la Gran Vía, como en los viejos tiempos, con grandes carteles en el exterior anunciando las películas para que la gente entrase a sentarse en cómodas butacas antes de que se abriera la cortina (roja) que cubre la pantalla. Y habría personal con esos cajones que les cuelgan del cuello vendiendo golosinas y helados en el descanso (claro, es que en esta ciudad ideal las sesiones dobles estarían de nuevo de moda). Y por las noches los focos iluminarían a las grandes estrellas que vendrían a los grandes estrenos (los estrenos mundiales serían siempre, a partir de ahora, en Bilbao). Y así un buen día, paseando por la ría, te podrías encontrar con
La gran Katharine Hepburn
Katharine Hepburn con el cuello de su blusa subido. O con Marilyn Monroe haciendo mohines a las cámaras junto al Guggenheim. O incluso con Elizabeth Taylor luciendo joyas extraordinarias en la alfombra roja de la Gran Vía o Ava Gardner corriéndose una buena juerga por el Casco Viejo… Porque éste es mi Bilbao soñado y en él no podía faltar el cine. Pero el Cine con mayúsculas. Lleno de mitos eternos. Nada de criajos de nombres impronunciables ni señoras recauchutadas que parecen lagartos ni héroes de acción sin expresión facial… 

Esto me recuerda que el otro día… No sé si contarlo… Bueno, es que para desentrañar el siguiente hilo hay que seguir con las confesiones… Resulta que cada uno tiene sus secretos, como es debido y menester en una persona que no quiera ser aburrida. La señora que de vez en cuando roba algo en los grandes almacenes, el señor que sigue a una joven por la calle imaginándose cómo sería su vida con ella, el joven que siempre se ha sentido viejo o el viejo que siempre se ha sentido joven… O simplemente, el que responde a anuncios de compra o alquiler de pisos, sólo para verlos e imaginarse cómo serían esas otras vidas que podría vivir o haber vivido… Bueno, digamos que ése podría ser yo, ¿por qué no? Tampoco es tan grave, ¿no? Peor sería ser maltratador o envenenador de ancianas o político o banquero algo así… Esto viene a cuento de que el otro día, por una de esas extrañas circunstancias, me encontraba yo visitando un piso que formaba parte de lo que años atrás (en esa época de esplendor que para todos es el pasado) había sido un cine, de los de antes. No me preguntéis cómo pero el edificio entero había acabado reconvertido en pisos. Y La verdad que éste en concreto estaba muy bien, era muy amplio, con techos altos y unos ventanales de esos semicirculares de los edificios modernistas… Y allí estaba yo, fingiendo interés en el estado de las cañerías, como que me lo fuera a comprar, cuando el tío que me lo enseñaba recibió una llamada al móvil y salió a la escalera a hablar. Así que me vi libre de su presencia para dar rienda suelta a mi curiosidad. Y claro, tanto abrir y cerrar cajones, acabé encontrando una caja que llamó mi atención. Era metálica y con flores grabadas en el exterior, como esas latas de los años 50 tipo vintage que te encuentras en un mercadillo o en el Rastro (recuerdo que mi abuela tenía unas cuantas con motivos chinos donde guardaba la costura). Antes de abrirla comprobé que el tío de la agencia seguía hablando por teléfono en el descansillo. Así que abrí la caja con mucho cuidado de no hacer ruido y cuál fue mi sorpresa al encontrármela llena de afiches de películas antiguas, fotos de escenas y carteleras con sabor añejo… No me lo podía creer. Rebusqué ávidamente entre las imágenes que tantas sensaciones me provocaban y mi respiración casi se paró de golpe al ver las fotos de una película de la que yo (siendo tan cinéfilo y mitómano como soy) nunca había oído hablar, ni había leído jamás ni siquiera que se hubiera llegado a planear… Estaba atónito. ¿Cómo era posible? ¿Marilyn Monroe y Elizabeth
©RM
"Una historia de rivalidad..."
Taylor juntas en una misma película? Era imposible… Pero si siempre fue mi sueño… “Las hermanas Halcyon” se titulaba. Pero nunca se había hecho, estaba convencido. 100%. Además, lo más extraño era que las dos diosas aparecían en distintas fases de sus vidas, como si la película se hubiera estado rodando… ¡durante toda su carrera! Pero si aparecían
incluso de niñas… En ese momento creo que llegué a marearme de la impresión y se me emborronó la vista de golpe. Pero tuve que volver rápidamente a la realidad cuando oí como el tío de la agencia había acabado de hablar por su móvil última generación y volvía a entrar en el piso. Me puse nervioso, me temblaban las manos, pero sin pensármelo, agarré todas las fotos que pude y me las metí en la chaqueta, esperando que no se diera cuenta de
©RM
"Una historia que comenzó con inocencia..."
la subida de al menos 10 tonos de rojo en el color de mi cara. El tío entró disculpándose y parece que no se enteró de nada. Yo no podía esperar a salir de allí para analizar el objeto de mi “pequeño” hurto. Enseguida puse excusas para marcharme y salí disparado. Seguro que el de la agencia ni sabía que las fotos estaban allí, tenía que haber cogido la caja entera… Desde aquel día no he podido dejar de mirar esas fotos y de buscar información… Pero no encuentro nada, cero, ni una noticia sobre el rodaje ni sobre el proyecto… Estoy pensando en concertar otra cita con el de la agencia para conseguir la caja… ¿Seguirá allí? ¿Y si otro visitante curioso se la ha llevado?

Mientras tanto, aquí os dejo algunas de esas imágenes mágicas para abrir apetito. Os prometo que en futuras entregas, esta historia… CONTINUARÁ. 

©RM
"Una historia que se convirtió en la competición entre dos hermanas..."