lunes, 20 de abril de 2015

Concierto de Dorian: música lluviosa de abril


Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). La pasada semana los autores del Informe del estado social de la nación (nada que ver con el engañoso e infame “informe sobre el estado de la nación”) confirmaban que la crisis ha terminado: lo que tenemos ahora es ya el nuevo sistema social que nos han impuesto, con su desigualdad y su pobreza. Ellos (los de siempre) han ganado (a pesar de las “espectaculares” detenciones de los Rato y los Bárcenas). Al menos por ahora. Así que, amigos y amigas, ¿qué nos queda? Pues aparte de rebelarnos, de decir constantemente que no, de votar diferente y de no conformarnos con las reglas, nos queda la música, nos queda el cine, nos queda el arte, nos queda la literatura, nos quedan las series, el teatro… Y nos queda Radio 3. Si no, ¿cómo habría yo descubierto a Dorian?

©RM

Muchos pensaréis que la música en directo ya no está al alcance de cualquiera. Os equivocáis. Radicalmente. Quizá no siempre, quizá no toda. Pero a veces pequeñas sorpresas nos alegran la vida. Como el concierto de presentación del álbum homenaje a los diez años de carrera de Dorian, el jueves pasado por la tarde en la FNAC de Bilbao. Los que la conozcáis sabréis que el espacio de conciertos es mínimo, así que la experiencia intimista estaba garantizada. “Dorian – Diez años y un día” es el título del álbum: música perfecta para una tarde lluviosa de abril. O más bien, música de lluvia.

Nunca he sido un gran lector de poesía, no sé por qué, no me llega, debe haber una parte de mi cerebro que no está capacitada para renderizarla... Sin embargo sí que me alcanzan las composiciones de mucha parte de la música indie española de los últimos tiempos: esa es para mí la poesía de este 2015. Sobre todo en directo. Delante de ti los cinco componentes de Dorian vestidos de negro (si los ves por la calle sabrías inmediatamente que son un grupo de músicos), mirándote de cerca, derramando sus versos sobre el minúsculo escenario, con ritmo, con instrumentos, con sentimiento; por unos momentos te hacen sentir parte de una pequeña comunidad, la de los que están ahí disfrutando de la misma experiencia, ¿qué más se puede pedir? Empezaron fuerte, con “Los amigos que perdí”, auténtica oda a la amistad (no importa lo que digan sus letras en realidad, con ese título y esa melodía a todos nos evoca lo mismo cuando coreamos el estribillo) que ya se ha convertido en un clásico (en la versión de este álbum colabora Santi Balmes de Love of Lesbian). El temazo se lo merece, es estupendo, pero es que además, las referencias que

nos trae a la cabeza son universales, porque, ¿quién no ha perdido un amigo, una amiga? No por distancia - la distancia no se lleva a los amigos - sino por vida. Tan traumático como perder un amor. Lo dice muy bien un precioso  personaje en la recién estrenada “Regreso a Ítaca”, película francesa con actores cubanos (todos magníficos, Jorge Perugorría entre ellos) situada en una terraza de La Habana: un grupo de antiguos amigos cincuentones se reúne para echarse los trastos a la cabeza. La anciana madre de uno de ellos hace una aparición sencilla pero espectacular en su humanidad, para dejarnos esta perla que encajaría en cualquiera de las letras de Dorian: “La amistad es un privilegio”... 


©RM  Marc
Dicen en Radio 3 que los miembros de Dorian han hecho el mismo pacto que el personaje de Oscar Wilde: dejar la edad y la madurez en su obra y permanecer jóvenes para siempre. No lo sé, no los recuerdo hace 10 años, pero desde luego su música suena muy madura y su energía se nota muy joven. Marc Gili, la voz y líder del grupo tiene fuerza, vestido de negro integral (como el resto de la banda a excepción de Belly, la chica), con su corte de pelo ligeramente 60s, en un momento en que se emocionó en su interpretación y
©RM Lisandro 
comenzó a gesticular con un brazo, no pude evitar pensar en un joven Raphael (y eso que a mí el de Linares ni fu ni fa, que conste, incluso después de conocerle cuando  trabajé en un documental sobre su figura…). Y Lisandro Montes, que lo mismo le da al teclado que a la guitarra o la pandereta, que canta y de repente saca… ¿un laúd?, ¿una mandolina? Perdonad mi ignorancia sobre instrumentos musicales (me dicen que puede ser un ¿ronroco?), pero ese chico tiene presencia (ese bigote me encanta), es multitasking, como se tiene que ser hoy en día si se quiere triunfar en cualquier medio (no nos queda más remedio, 3 por el precio de 1)... Y Belly tan tranquila, sentadita a los teclados, se intuye su figura como clave en el grupo…



Setlist del concierto
En fin, un gran concierto (al final nos quedamos como souvenir con el setlist, la lista de canciones que llevan escritas –a mano- todas las bandas para seguir su orden en el concierto)  en formato semicorto, para una sala pequeña, estaríamos… ¿60 personas? Y yo me pregunto, ¿qué pasa para que en una ciudad de 400.000 habitantes una tarde de jueves no haya una cola de gente peleándose por entrar a un concierto de Dorian, gratis? Si les pregunto a mis alumnos más jóvenes seguro que casi ninguno habrá oído hablar de ellos. ¿Cuántas cadenas de radio pinchan su música? ¿Y la del resto de bandas españolas que luchan por salir adelante? ¿Reciben la suficiente promoción? ¿Se les protege como parte de nuestra cultura? En Francia los canales de radio tienen marcado un elevado porcentaje de música propia por hora (algunos cantantes internacionales incluso sacan versiones en francés para que las pongan allí). Y seguro que la educación musical de sus chavales es bastante mejor que la nuestra (si yo no sé ni la diferencia entre un laúd y una mandolina…). Pero como no me canso de decir, siempre nos quedará Radio 3 (impagables sus corrosivos comentarios sobre la actualidad política a las 8:10 de la mañana, increíble que les mantengan en una época de censura en la que incluso Mortadelo y Filemón han sido desterrados de las noticias en RTVE, cadena pública). Y quizá en noviembre, si hay cambio, florezcan más conciertos, más bandas, más exposiciones, se haga más cine, más teatro, se lea más, se baje el IVA cultural… (sueña, mi niño, sueña, quizá en alguna de las letras de Dorian. O incluso de Wilde).   



 

viernes, 10 de abril de 2015

El ministerio del tiempo o la originalidad llega por fin a las series españolas




Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Lunes noche, enciendo el televisor (sí, así, a pelo, en directo, sin wifi, sin bluetooth, sin cromecast), pongo la cadena que ya nadie ve (o sea, La 1) desde el cambio de gobierno y su acérrimo control ideológico, y me encuentro de pronto inmerso en viajes temporales, pantallas divididas a la manera de “24”, atrevido sexo entre mujeres, acción de la que te mantiene en vilo, escenas que fluctúan entre el año 1053, el 1833, 2012 y la actualidad, varias versiones de un mismo personaje en distintos tiempos a punto de cruzarse… Y aún son las 22 h. ¡¡¡Os lo creáis o no, era una serie española!!! Y no salen ni niños insoportables ni viejos encantadores ni perros. De lo mejorcito que he visto en ficción made in Spain (si nos olvidamos de “Padre coraje”, de San Benito Zambrano): “El ministerio del tiempo”.


No, no era la primera vez que la veía. De hecho empecé a verla desde el primer capítulo (a las series españolas generalmente les doy esa oportunidad y casi nunca paso de la media hora…), sólo lo he introducido así para conseguir un inicio más impactante. Y es que a mí los viajes temporales siempre me han pirrado. ¿Porque quién no ha querido volver a vivir un episodio de su propio pasado? ¿O viajar a una determinada época? ¿O incluso regresar atrás para corregir un error? Lo que daría yo, por ejemplo, por poner la marcha atrás tres años para no hacer el último documental en el que una “amiga” me embarcó para luego quedarse con el material y encima no pagarme. Con amigos así, para qué necesitamos Cospedales…



En cuanto leí la idea de un ministerio secreto dedicado a recorrer la historia propia para evitar posibles “atentados temporales” que cambien los hechos históricos pensé: -¿Estarán tratando de crear un “Doctor Who” a la española? Evidentemente la BBC tiene muchos más medios y su serie lleva emitiéndose (on and off) desde los años 60. A eso se le llama confianza en un producto. “El ministerio del tiempo” no cuenta con demasiados efectos especiales, más allá de alguna recreación digital de paisajes de otras épocas, pero tampoco los necesita. Han sabido sustituir la falta de medios con ingenio. ¿Que necesitamos una serie de puertas temporales? Pues qué mejor que puertas. De las de toda la vida, de
Los 4 Fantásticos

madera, de abrir y cerrar, fundido a negro y estás en otra época. ¿Que necesitamos un cuartel general que rivalice con el Edificio Baxter de Los 4 fantásticos o la mansión de Los Vengadores? Nada mejor que el abandonado edificio renacentista de la calle Duque de Alba en Madrid (sí, aquel en el que Gallardón proyectó una de sus cacareadas y faraónicas ideas, la de crear una residencia de estudiantes que nunca se llevó a cabo). Y desde luego unos personajes sólidos, un auténtico grupo de superhéroes Marvel sin poderes traídos de distintas épocas: a Cayetana Guillén-Cuervo (hija mía, qué te das, estás igual que siempre) hacía
tiempo que no la veía tan bien como en este papel de lesbiana fría y profesional de los años 60 que poco a poco va descubriendo su corazoncito (aunque engañe a su esposa con conquistas de otras épocas). En el capítulo de esta semana, el número 7, le dieron la oportunidad de lucirse con más protagonismo que en cualquier otro de la serie. Luego está Rodolfo Sancho (le entrevisté una vez tras “Al salir de clase”, era tan mono como un muñequito), uno de esos pocos actores que saben sonreír con la mirada, en el papel de viudo desolado que continúa usando las puertas para acudir a ver a su esposa antes de que
La Cuervo a punto de besar a Garrido

muriese. Y la cristalina mirada de Aura Garrido (¡qué voz tan bonita tiene!) en el papel de una avanzada mujer del siglo XIX que ya estudiaba en la universidad cuando las demás aún no lo hacían. Y Nacho Fresneda, ese caballero del siglo XVI, tan masculino, tan de otra época… Y claro, también están el jefe (Jaime Blanch), la secretaria graciosa (Francesca Piñón) y una auténtica mala, una Milady de “Los tres mosqueteros” interpretada por la estupenda Natalia Millán. Y desde luego, mucha aventura, al modo de “La liga de los hombres extraordinarios”.


La verdad es que me ha gustado desde un principio, sobre todo por romper con los estereotipos de las series españolas, por su sentido del humor (impagable el momento en que Rodolfo Sancho se registra en una fonda de 1808 con el nombre de Curro Jiménez o cuando se encuentra con la reina Isabel la Católica y dice: -Juraría que la conozco…), por sus lecciones históricas (en sus episodios pululan con total naturalidad Velázquez, el Lazarillo de Tormes, Torquemada el inquisidor, Picasso, las dos reinas Isabel, Hitler, Franco, los comuneros, Lope de Vega, La Movida, la Guerra Civil…) y por sus continuas referencias a la crisis, los recortes y la corrupción intrínseca española. Pero siempre me faltaba algo de acción, se me quedaban las historias un poco planas. Esto se solucionó
Lope de Vega

con creces en el capítulo 7 (sin duda el mejor hasta ahora), en el que se entrecruzaban tres tramas diferentes y cuatro épocas, la pantalla se dividía al mejor estilo americano para crear mayor tensión y las escenas se sucedían a ritmo trepidante. ¡Chapeau! Me quito el sombrero. Se ha convertido en la serie en la que me gustaría haber trabajado. Es más, me gustaría haberla inventado. El otro día leí que uno de sus dos creadores murió, antes del estreno, del síndrome de ELA. Qué pena que no pudiera ver el éxito que ha conseguido. Incluso se 
Velázquez
creó una petición en internet para que RTVE garantizase la segunda temporada. Finalmente accedieron con ciertas concesiones. Esperemos que el año que viene no tengamos que ver un “Ministerio del tiempo” con hijos de varias edades, abueletes entrañables y perros y gatos pululando entre épocas (desde luego sin sexo entre lesbianas, ¡válgame Dios!). Quizá dependa todo de quién gane las elecciones. Así que, aunque sólo sea por esto, pensaros bien a quién votáis… 


lunes, 30 de marzo de 2015

We are standard vs. Jero Romero

We are standard

Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). We are standard vs. Jero Romero. ¿Va a ser esto un partido de fútbol? Los que me conocéis ya sabéis que no me gusta la competición y que mi único interés en ese deporte es cuando los jugadores se quitan la camiseta y se dan palmaditas en el culo. Al final va a resultar que esto de que todo va bien va a ser cierto, porque si no cómo se entiende que haya habido dos conciertos apetecibles en Bilbao en tres días (sí, habéis oído bien, han sido 2 conciertos en 3 días, lo escribo en números por si acaso). Y la sorpresa es que uno de ellos es de aquí al lado, de Getxo mismo: We are standard. Y se nota. Porque son de Getxo, no de Lamiako o Erandio, no, de Getxo, margen derecha, casitas junto al mar, buena alimentación, familias con nombre, pedigree… dinero, vamos. Nada que ver con los grupos de Sestao o Barakaldo, en la margen izquierda. Por lo tanto, pop internacional, limpio, con personalidad, cantando en inglés pero bien, es decir, con buen acento, entendible. Porque en Getxo la educación se nota. Y las buenas maneras.

We are standard (Deu Txakartegi al frente)
El cantante (y presencia lideresa de la banda) comienza el concierto en la Sala BBK de Bilbao manejándose por el escenario como un carismático Jarvis Cocker (de Pulp), al
Jarvis Cocker
que probablemente también iguale en altura y delgadez, para recordarnos enseguida a las poses protagónicas de
Brett Anderson (de Suede, que en un concierto en la Riviera de Madrid me sorprendió manejando el micrófono como una trabajadora del sexo manejaría su bolsito). Pero qué queréis que os diga, a mí me ponen los chicos con personalidad y a los que no les importa mostrar amaneramiento en el escenario para resultar encantadores. Y por supuesto Deu Txakartegi lo es. Si en la segunda
Brett Anderson
canción me parecía estar escuchando a los neoyorkinos
(y muy gays) Scissor Sisters, enseguida se fueron por los derroteros de U2 y Simple Minds. Si a esto le sumamos que en los bises versionaron a Velvet Underground y The Clash, qué más se puede añadir, pop glam con personalidad, el tío se ganó a un público sin alcohol (por favor, Sala BBK, no se puede tener a los asistentes a estos conciertos
Scissor Sisters
sin ni siquiera una cervecita)
que, a base de pedírselo, acabó bailando a rabiar (y ya sabéis eso que dicen de que los vascos no bailamos), por algo sería. En un momento dado nos preguntó si queríamos que se quitase la camiseta: no, por favor, te sienta demasiado bien la americana.


The Sunday Drivers
Dos días después me volvía a sorprender. Jero Romero en el Café Antzokia. Cómo echo de menos los días en los que lideraba The Sunday Drivers, y eso que su carrera en solitario me parece super coherente, quizá sea porque me recuerda cuando aún siendo unos desconocidos se vinieron a un plató que teníamos en el barrio de Lavapiés donde grabábamos conciertillos en falso directo para uno de los primeros programas gays de televisión, “Uno Más”, que sorprendentemente se emitía en el segundo canal de Telemadrid: La Otra. Por allí pasaron un montón de grupos que estaban empezando, desde los mencionados The Sunday Drivers hasta Pereza, simplemente porque necesitaban promocionar sus discos y este programa era muy visto entre los nocturnos. Recuerdo a Jero como un chaval majete y enrollado y por eso digo que su carrera en solitario me parece coherente. Aunque no cante en inglés (como hacía con el grupo cuyo nombre en realidad significa “Los domingueros”), ni falta que le hace. Su lírica personal y poética probablemente llega mejor en castellano. Su voz no podría compararla con la de ningún 
Jero Romero

otro grupo o solista, no por mejor o peor, simplemente por personalidad, por tono, por sonido. Me gustan mucho sus canciones, me encantan sus letras y me emociona su actitud de “pasaba por aquí”. Se ha hecho mayor (¿no nos ha pasado a todos?), pero conserva un magnetismo auténtico, que te provoca emociones cuando lo oyes, que te hace repensar sobre tu vida o la de los demás. No sé por qué, pero a lo largo de todo el concierto no pude dejar de pensar en mi amiga Marta, que lucha valientemente contra el cáncer en estos momentos. Sería por la poesía intimista.

Jero quiere que le llames




¿Quién ganó el partido? A lo dicho, no me gusta la competición. Lo que me gusta es que, a pesar de Wert, a pesar de Rajoy, a pesar de la Cospe, todavía podamos disfrutar de las cosas sencillas y primitivas de la vida: como la buena música y el buen hacer en el escenario. Me imagino que aún hay esperanza para nosotros. Incluso en año de elecciones. 

martes, 17 de marzo de 2015

¿Se puede seguir siendo 100% gay tras ver a Maika Makovski?


Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Así, sin preámbulos, a palo seco, sin preámbulos, sin lubricante: ¿se puede seguir siendo gay tras ver a Maika Makovski en directo? Después de la experiencia del sábado por la noche en el Café Antzokia me han surgido ciertas dudas por primera vez en… ¿digamos más de una década? ¡A estas alturas de la vida! Vamos, que ya no eres un adolescente con derecho a dudas…



Nunca había llegado a entender la obsesión del presentador matutino de Radio 3 por Maika Makovski cuando se pasaron más de un año con el dichoso Teléfono del rock. Me explico. A Ángel Carmona, el locutor de “Hoy empieza todo” (estupenda manera de empezar el día, os lo recomiendo encarecidamente), se le ocurrió la brillante idea de un teléfono que iría pasando de mano en mano de cantante a músico de músico a cantante por toda la geografía española sin que se supiera nunca quién lo iba a contestar cada jueves a las 8.30 de la mañana. O sea, que Carmona llamaba a ese número y cada semana lo contestaba un artista diferente -al que se lo había pasado el que lo tuvo la semana anterior- y el locutor tenía que adivinar de quién se trataba a lo largo de una breve conversación. Todo muy lleno de “¿te vi en el concierto de los… en el Sonorama?”, me resultaba ligeramente petarding, la verdad. Pero el más-difícil-todavía del caso es que la aventura sólo concluiría cuando el teléfono lo respondiera Maika Makovski. Y claro, por muchos que lo contestaban, de Loquillo a Ariel Rot pasando por La Bien Querida,
Vetusta Morla

Vetusta Morla, Love of Lesbian, Berri Txarrak y todo lo mejorcito del pop, indie, rock del panorama musical conocido y desconocido, nunca lo contestaba la señorita Makovski (mitad macedonia y mitad andaluza, de ahí su exótico apellido). Y yo no podía entender esa fijación y reverencia por una cantante a la que no me había detenido a escuchar demasiado…



Izaro Andres
Pero ay, colegas, la experiencia de verla en directo, en petit comité, la cercanía de su interpretación acústica (guitarra o piano, cadena atada al pie, ritmo marcado por los tacones, movimientos convulsos a veces…), de su sonrisa y su risa floja (yo quiero lo que desayuna ella para ser tan feliz)… Ya nos habían puesto en situación la parejita que la teloneó: Izaro Andres y su guitarrista, puro campo juvenil de amapolas, entonando sus melodías en euskera, castellano e inglés, voz clara, presencia sencilla, ¡bendita juventud! (como diría mi madre). Pero cuando el torbellino invadió el escenario nos pilló descolocados y nos costó adaptarnos a sus revoluciones. Fuerza positiva de la naturaleza, sensualidad inabarcable, energía de altos hornos, sonrisa abierta perenne, microvestido de leopardo rojo (mira que ha vuelto con fuerza el animal print), melena
Assumpta Serna

 voluble, naturalmente sexy y una voz que pasaba de los graves a los agudos sin inmutarse, que nos envolvió sin darnos descanso, que nos hizo desear subirnos al escenario y estar más cerca, para aspirarla, para olerla… ¡Qué mujer! Hacía mucho que no me pasaba algo así... Como hombre casado con otro hombre no pude evitar plantearme de nuevo:“¿Seremos todos en el fondo bisexuales como insisten ciertas teorías?” (Puff, creo que la última vez que me atenazaron estas dudas existenciales fue hace ya años cuando entrevisté a Assumpta Serna y me quedé exactamente igual de prendado que en este concierto)



A lo largo de sus canciones pasamos de encontrarnos en un bar de carretera de la América profunda a poner el pie en un cabaret de Las Vegas, de pensar que tenías delante a la mismísima Kate Bush a escuchar el inicio de una de Super Tramp... Me acordé de que hace un par de temporadas la Makovski había trabajado en una obra de teatro con Juan Echanove, otra gran fuerza (esta vez de la interpretación) y me arrepentí de habérmelos perdido. Está claro que algo está pasando en el indie español, porque es verdad que en los últimos años ha subido el nivel y mucho: Neuman, Tachenko, La habitación roja, Love of lesbian, Niños Mutantes, Jero Romero… Pero también Annie B Sweet, Tulsa, La Bien Querida, Russian Red… Y desde luego Maika Makovski. El indie, aunque lo parezca a veces, no es sólo dominio de hombres. Cada vez hay más voces de mujeres que se comen el escenario, que las oyes en entrevista y te das cuenta de que también se comen la vida. Como tiene que ser. 

Annie B Sweet
Tulsa
Russian Red

lunes, 9 de marzo de 2015

Microteatro para un micropaís










Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Como ya hemos aprendido del estado de la nación (de ciencia ficción, en plan: “en una galaxia muy lejana había un país donde crecía miel en los árboles y todo el mundo era feliz…”) que España va bien (parafraseando al insigne señor Ansar que la hizo famosa y que tantos réditos ha dado al partido en el gobierno) me embarqué este fin de semana en gastarme algunos cuartos dedicado a la cultura, más concretamente al teatro. OMG (Oh, my God!), se echarán algunos las manos a la cabeza -¡qué dispendio, gastar en cultura, qué extravagancia, gastar en teatro…! Y con los tiempos que corren…- No os preocupéis, ya sé que en este país la
cultura es secundaria, que no se entiende como embajadora de un país ni tan siquiera como industria, se maltrata, se graba con un IVA imposible y se difama. Pero yo opté por cultura en minúsculas, por algo muy de moda hoy en día (muy hipster, muy trendy, muy cool) que se llama Microteatro. Y lo de minúsculas no es peyorativo porque en realidad significa “de pequeño formato”. Vamos, lo que ha sido un corto de toda la vida en relación a un largometraje –“¿que no hay dinero para marcarnos un largo?, ¿que nadie nos lo va a producir? Pues nos hacemos un corto”- Ahora, coges ese mismo concepto y lo trasladas al teatro, cambias el escenario profesional o independiente por las habitaciones de un hotel y ¡tachán! Habemus Microteatro. 

"El testamento de María"
Si hace unas semanas se me desencajaba la mandíbula en el señor de los teatros de esta ciudad con la magnavillosa Blanca Portillo interpretando a una Virgen María anciana arrepintiéndose de muchos momentos de su vida en un desgarrador monólogo de casi dos horas (“El testamento de María”, claro que la dirección era de Agustí Villaronga, maestro engoyado del cine español), esta vez me tocó sentarme a una cama de distancia de una pareja de lesbianas que discutían si aparecer en la reunión del colegio católico de su hija donde se reclama un padre, o asistir divertido al proceso de depilación de una actriz contorsionista que se queja de la esclavitud de la mujer ante las exigencias de una sociedad que las quiere así, guapas, limpias, depiladas, disponibles… Era la noche anterior al Día Internacional de la Mujer Trabajadora (algún día dejarán de ser necesarios los “Días Internacionales de…”) y esta primera muestra de Microteatro hacía

el énfasis en “la igualdad de mujeres y hombres”.  Y es que de todo te podías encontrar en una sucesión de microrepresentaciones de lo más asequibles que se repetían durante cuatro horas (ocho obras en total, cuatro amateur a 2€ cada una y cuatro profesionales a 4€). Llegabas a la recepción del bar del Hotel Ercilla y te recibían unos divertidos maestros de ceremonias con mendigosales de diseño que entretenían la espera hasta que te llamaban para acudir a la habitación donde se representaba tu obra elegida.

Y así acabé a dos palmos de la mismísima Pasionaria. Sí, como lo oyen, a esta distancia estuve de esa mujer legendaria en la historia política reciente de nuestro país, la hija de mineros de aquí al lado, la primera mujer en tener asiento en el Parlamento (que nunca llegó a ocupar por la guerra y que, ya en democracia, ocuparía a modo simbólico, recuerdo el aplauso cuando entró anciana a sentarse allí con el orgullo de toda una vida de lucha). Y es que las habitaciones de un hotel tampoco dan para más… si los que la ocupan son más de diez personas, claro. Todos éramos público boquiabierto de esta estupenda escenificación de menos de 15 minutos de una noche en la vida de la Pasionaria allá por el año 1936 (“CTRL-C. 1936 / CTRL-V. 2015”), en la que intenta acabar un discurso para el día siguiente con el que no menospreciar el papel de la mujer en esa guerra salvaje que nos hundió en la miseria moral y económica de las que aún no hemos conseguido salir. Le ayuda su amante, mucho más joven que ella, y juntos se enfrentan a los prejuicios de una sociedad que abarcan por igual a izquierdas y derechas. Verdadera total la interpretación de la murciana Brígida Molina, cuyo físico de otra época absorbe por completo la personalidad de la luchadora comunista de Gallarta. Y estupendo también su compañero Xabi Ortuzar, real, cotidiano, tierno y sexy a la vez. Me quedé con ganas de saber más de esta pareja, de continuar con ellos la historia para ver en qué acabó su discurso, en qué acabó su amor. Un pedazo de teatro que, por ser micro, no desmerece para nada del arte que representa. Ojalá su autor, Chema Trujillo, pueda continuarlo, convertirlo en largo para los escenarios o para la pantalla grande o pequeña, pero que nos deje saber más de ellos.

Dolores Ibárruri "La Pasionaria"
Al salir de la habitación no pude más que decirles a los actores lo genial que habían estado. Y me fui imaginando qué pensaría la Pasionaria ahora si levantase la cabeza y viera que toda su lucha, que tanto esfuerzo, tanta sangre y sudor y lágrimas han quedado en esto. En un Microteatro, en un país de microideas y microvidas donde los políticos no llegan ni a micro y el pueblo se escandaliza inmóvil ante la que nos ha caído encima, al ver que finalmente nos la han clavado sin disimulo, sin ni siquiera un poco de lubricante. Para seguir ganando ellos, los de siempre, los que nos devoran. 

viernes, 9 de enero de 2015

La Marca España y los desahucios

©RM Disobedient Objects

Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). ¡Uupss! Se me olvidaba que el gobierno ha dado por terminada la crisis. Igual con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana (o Ley Mordaza) me pueden ya poner una multa por escribir estas líneas. Al fin y al cabo, cualquier forma de expresión que vaya en contra de los dictados de este gobierno democrático por antonomasia (o sea, la masía del Antonio, ¡uupss! que la masía es catalana, igual también me multan por esto) puede entrar en esa nueva ley que quedará en los anales de los casi 40 años de democracia (tantos o más de los que duró el franquismo, si es que alguna vez acabó) como una de las más inmundas y represivas.


Pero no todo van a ser críticas al gobierno en este recién estrenado año de crisis. De hecho, algo debemos agradecerles. Os estaréis estrujando el cerebro pensando qué puede ser eso que les tenemos que agradecer a estos “sabios” que tan bien han sabido llevar nuestra situación no sólo política, sino también económica y cultural. Y ahí está el quid de la cuestión. Sí, señoras y señores, en la cultura. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Es que el gobierno del PP ha decidido por fin bajar el IVA cultural que ellos mismos subieron y que está hundiendo a todas las empresas de ese ámbito? ¿O es que han optado finalmente por pagar las subvenciones que deben a los productores españoles desde el principio de su legislatura para así pagar los daños que han hecho a estos artistas que, a su pesar, han conseguido que el 2014 fuera el año con más asistencia de público a ver cine español? ¿O quizá han sacado por fin adelante su nueva ley de mecenazgo? ¿O es que han decidido no entrar a saco con el control del crowdfunding? ¡Qué va! Mucho mejor que todo eso: han conseguido, por fin, llevarnos a formar parte de una exposición en el prestigioso y maravilloso Victoria & Albert Museum de Londres, institución cuyo punto
©RM
fuerte es el diseño. ¿Diseño? –diréis pasmados- ¿Qué tiene que ver el gobierno español con el diseño aparte de los privilegios que otorgan a los impuestos de las grandes marcas de moda? Pues os sorprenderá saber que en estos momentos y hasta el 1 de febrero, en ese museo se puede disfrutar una curiosa exposición titulada “Disobedient objects”, dedicada a mostrar la importancia de los objetos y su diseño en los cambios sociales de los últimos 40 años. Y claro, ¿cuál es la única mención a España en dicha exposición? Pues los desahucios. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y el taller fotográfico TAF han llevado a cabo una iniciativa para que las personas que pierden su vivienda debido a esta injusta y abusiva situación creada entre el gobierno y los bancos no se queden en ser meros números y pasen a tener un rostro y un nombre propio. Son imágenes con primeros planos de estas personas que se expusieron primeramente en las fachadas de los bancos que han expulsado –y siguen expulsando- a las familias incapaces de pagar sus hipotecas. En formato postal también se enviaron a los bancos y a los políticos para dejar constancia de que estas personas no son únicamente estadísticas.

©RM

©RM












Esto es todo lo que tenemos que agradecer a este gobierno que pasará a la historia como el más antisocial y antidemocrático de toda nuestra historia (aparte del de Franco, claro, pero al fin y al cabo, no dejan de ser más que sus herederos encubiertos). Gracias al gobierno porque, a pesar de ellos –y no por ellos-, hemos llegado a formar parte de una importante exposición en Londres. Hasta allí ha llegado la cacareada “Marca España”. Pero no como a ellos les gusta predicarla.