lunes, 9 de junio de 2014

Bilbao inundado por el teatro alternativo


Bilbao, año 6 dc (después de la crisis). Hoy me he prometido no hablar de política. Ni de elecciones europeas. Ni de abdicaciones. Ni del empoderamiento del pueblo. Ni de si monarquía o república. Ni de democracia real. Ni de si podemos o no. Hoy, sorprendentemente, voy a hablaros de teatro. De teatro alternativo para ser más concreto. Y de teatro alternativo en Bilbao. Os lo creáis o no.

ACT. Del inglés, actuar. Actuar, del español: obrar, comportarse de una manera determinada, interpretar un papel en una obra teatral o cinematográfica. Cultura. ¿Es la cultura política? ¿Promueve la política la cultura? Yo, ante esta pregunta tan escabrosa, sólo puedo decir que si no fuera porque el director de este festival de escena corta (también director del centro de formación escénica BAI de Bizkaia) es amigo mío, no me hubiera enterado de que existía. Y eso que llevan 11 años organizándolo. Y eso que es un festival de referencia internacional para el panorama teatral alternativo, para las nuevas tendencias escénicas. Y eso que es el único de su estilo que se celebra en Euskadi. Y eso que es divertido hasta rabiar. Son muchos “y eso”…

Ferenc Fehér (Hungría)

“Mientras yo estaba naciendo, mi padre estaba en la ducha. Para cuando nací, mi padre ya estaba limpio”, “¿Quién no se ha dado placer con un compañero en el gimnasio del colegio?”, “Todo, todo, estaba inundado de sangre de pollo”, “Mientras mi abuela moría, mi padre estaba en la ducha. Para cuando murió, mi padre ya estaba limpio”… Estas son algunas de las declaraciones de principios lanzadas por los ACTores del festival. Pero no queda ahí la cosa, porque todo, todo lo que ocurría una vez dentro de los teatros (Pabellón 6, Kafe Antzokia, Guggenheim Zero Espazioa, Barakaldo Antzokia) transcurría en tres idiomas: castellano, euskera e inglés. Ya fuera con subtítulos o mezclándolos todos de viva voz, en una experiencia histéricamente divertida. Para disfrutar muchas de las obras, había que perder los prejuicios intelectuales, dejarse llevar por el mero absurdo del disfrute. Desnudos integrales frontales que duraban mucho más de lo esperado, danzas homoeróticas con hombres-chicos a punto de besarse en cualquier momento, mujeres con la cabeza metida en una caja de cartón que actuaban como si nada, contorsionistas andróginos a modo de araña sibilantes, silbadoras profesionales con aspecto pin-up, mendigos que se pelean por un mendrugo de pan mientras bailan desaforados, coreanos capaces de bailar y crear poesía con la boca llena de caramelos…

H.in ballet (Corea)

El primer día que acudí al festival, en Pabellon 6, en Zorrotzaurre (tenéis que conocerlo, me recuerda a los espacios de Lavapiés o incluso del Londres más off), al presentar tu entrada apuntaban tu nombre y antes de entrar iban leyendo los nombres en alto para que levantases la mano y sonrieras. Una tablet lo grababa todo. Ya dentro, un par de niños adolescentes vestidos de colegiales, se perseguían en un disfrute que jugaba entre el homoerotismo y las peleas infantiles. En un momento dado, se sentaban en sillas de colegio y en la pantalla aparecían preguntas del tipo: “¿Quién no se ha masturbado pensando en su profesor?” Uno de los colegiales siempre levantaba la mano. Pero es que en la pantalla de un ordenador nos podíamos ver a nosotros mismos levantando la mano y sonriendo a la entrada…

"Ni sí ni no sino todo lo burlesco"
Una mujer diminuta (Marisa Pons, Madrid, metro y medio y con aires de Betty Page) te despierta de la oscuridad silbando con una precisión y una fuerza increíbles. Yo no sabía que se podían reproducir canciones con semejante fidelidad, solo silbando. Tras juguetear entre bolsas de papel y colocarse una en la cabeza, se pinta unos labios perfectos (en la bolsa) mientras continúa leyendo, mirándose al espejo, dando lugar a una imagen de un surrealismo infinito… De pronto desaparece. Suena el móvil detrás de mí y una chica se pone a hablar en alto con la actriz desaparecida, sigue sus instrucciones y le pasa el móvil a uno del público que a su vez debe seguir las instrucciones y acaba en el escenario removiendo las bolsas de papel… Vuelve la actriz, lanza un avión de papel a una chica del público que tiene que leer para todos sus instrucciones. Finalmente la actriz acaba silbando a pleno pulmón “Como una ola” en versión Rocío Jurado… ¡sujetando la mesa sobre su cabeza! ¿Cabe más surrealismo en una sola escena? Se acabó llevando el premio ACT...

"Pollo campero. Comidas para llevar"

En el Kafe Antzokia, su enrollado personal facilitaba un ambiente relajado en el que te podías tomar una copa mientras admirabas a las catárticamente divertidas Sekvantaro con “Pollo campero. Comidas para llevar”, las del padre que se duchaba tanto… Con semejante título os podéis imaginar que jugaban al absurdo quizá incluso más que la anterior, con una mezcla de inglés y español que facilitaba la risa y una actitud que quedó clara desde el primer momento en el que, sin haber dicho ni una palabra, se desnudan completamente y se colocan delante del público durante un rato increíblemente largo, sin hacer nada, para que las veas, de frente y de perfil, nada que ocultar. A partir de ahí ya te parece que las conoces y que son como colegas. Después (una vez vestidas) pasan a desnudarse emocionalmente con las frases intimistas que las describen… Hubo quien no entendió tanto surrealismo, sobre todo cuando pidieron al público que las entrevistase como si fueran divas del teatro y se dedicaron a responder peras por manzanas, a la mejor manera de cualquier político de los que nos gobiernan: “ah, que me preguntas por la corrupción, yo te respondo con las cifras de la creación de empleo…”

Sandman
La danza llegó desde Corea, Hungría y Bélgica. La pareja de coreanos (H.in ballet) era delicada, con un punto divertido y una música ensoñadora muy en la línea de las últimas tendencias que mezclan danza contemporánea con humor. Los húngaros (Ferenc Fehér), con su imagen de homeless, dinamizaron el escenario con su continua confrontación, aunque yo realmente esperaba que cuando se quitaron las camisas acabaran morreándose en plan salvaje (no lo hicieron, tristemente). Y finalmente llegó, en la gala de clausura, la/el belga Sandman. Aspecto de mujer en un principio, la palabra hombre –man- en el nombre, y desde luego, arena (sand). Porque este personaje era más arena que carne y huesos. Jamás había visto un espectáculo de danza con un contorsionista que pareciera no tener huesos sino ser músculo flexible, arena y agua fluida, sin codos ni rodillas ni tobillos, incluso sin cuello… Era la ganadora del festival del año pasado y no me extraña. Y digo ganadora por aplicarle un género que me haga más fácil la descripción y porque llevaba faldas (soy así de convencional, qué dirán mis amigos escoceses). Porque es que con todos con los que hablé tuvieron sus dudas sobre el género del artista. Si empezaba como mujer naciendo para luego flotar (con rapidísimos cambios de vestuario en el mismo escenario) cual Agnetha de Abba sobre campo de margaritas y transformarse en una bestia sensual y sexual de sinuosa melena roja, acababa despojándose de la parte de arriba del vestido para descubrir un torso completamente plano y desarrollar una chepa, quedarse calva y adoptar el lenguaje corporal de un anciano que baja a andar entre el público y que provocó que me encogiese en la butaca deseando que no se me acercase… Es verdad que al principio sus movimientos desarticulados ya me habían recordado a los de un insecto gigante, pero la belleza acabó predominando en las imágenes que creaba y que nos dejaron boquiabiertos… (Conchita Wurst, ahógate de envidia…)

Y entre obra y obra podías mezclarte con los actores que acababas de ver, hablar con el jurado (la actriz vasca Itziar Lazkano, el atractivísimo actor y programador Joan Negrié y el
El jurado de ACT
director coreano con perfecto inglés NakHyun Kang)
o comentar con cualquiera cómo te habías quedado tras la última obra. Toda una experiencia del disfrute. Cuatro días de teatro sin fin que, para muchos de los habitantes de Bilbao, pasó totalmente inadvertida, pero que para los que tuvimos el placer de estar allí nos ha enganchado ya para las próximas ediciones. Y en los tiempos que corremos, las propuestas culturales hay que apoyarlas siempre. Y si son buenas, más aún. 



lunes, 19 de mayo de 2014

De censura, crímenes, política y cine



Definitivamente puedo ya decir que soy una víctima más de la censura en las redes sociales. Sí, a raíz del asesinato de esta semana en León, mucho se ha hablado sobre la posibilidad de censurar Facebook y Twitter. O mejor, las opiniones que los usuarios vierten en dichas redes sociales. Está claro que los políticos aprovecharán cualquier excusa para victimizarse y convertir un crimen en una nueva arma contra la libertad de expresión. Pero a mí no me ha hecho falta ir tan lejos.

¿Rouco Varela o Paco Clavel?
Porque la censura de la que soy víctima no es de cariz político, no, aún no me han enviado los hombres de negro a la puerta de mi casa (les costaría mucho subir hasta aquí arriba). La censura de la que os hablo es de carácter sexual. Y no, tampoco es que Rouco Varela haya conseguido por fin llevar a cabo su cruzada inquisicional contra los gays. Es que Facebook censura cualquier link que contenga la palabra sexo. Es más, a un amigo mío neozelandés le han censurado su página por publicar fotos con su novio enseñando el culo y con máscaras de unicornio (no me preguntéis por qué, hay gustos y fantasías para todos). 

Pero a lo que os iba. Facebook no me permite publicar links a mi otro blog, el que escribo sobre cine y televisión, porque tuve la osadía de escribir una entrada sobre la serie de televisión “Masters of sex”. Y claro, no se me ocurrió otra cosa que introducir las palabras sexo y vende en el título. Sí, diréis que me lo estaba buscando, pero vamos, en el año 2014, con las barbaridades que aparecen en la web cada día, que te bloqueen una inocente dirección por algo así… Y no será por falta de escribirles quejas, que ya debo ir por la décima o así, pero claro, ni se molestan en contestar. En fin, que aquí tenéis el link con mi blog para que disfrutéis de la última entrada, en la que profundizo sobre la metáfora política implícita en la peli “Snowpiercer”, recién estrenada: http://www.robmadrugada.esy.es/snowpiercer/


 

Resulta que una nueva glaciación ha dejado a los últimos supervivientes del planeta atrapados en un super tren que nunca para y que ejecuta una vuelta al mundo cada año… Suena a tontería, ¿verdad? Lo que ocurre es que dentro de ese tren se reproducen todos los errores que la raza humana ha cometido a lo largo de su historia, empezando por la división entre clases sociales, ricos y pobres… Desembocando en una sociedad en la que incluso las revoluciones están promovidas por el propio gobierno… Interesante, ¿no creéis? A mí eso de que un gobierno pueda ser tan claramente injusto y represivo para que sus gobernados acaben rebelándose para así completar el necesario equilibrio de dominio y exterminio me resulta sospechosamente familiar…


Carmen Machi
Lydia Bosch
Adriana Ugarte
Porque, ¿qué me decís del asesinato de Isabel Carrasco? Cuando me enteré de la noticia (al de pocas horas de cometerse el crimen, últimamente estoy muy conectado…) pensé: “ya está, esto ha comenzado. Esta es la primera. ¿Qué pasará ahora?” Luego resulta que todo era un oscuro crimen de carácter personal con venganza, celos, rencillas, quizá infidelidades, camelleo de droga, armas robadas a yonkis, ex policías que pasaban por allí, sargentos de policía sospechosamente trasladados a la misma ciudad donde se habían comprado las pistolas, otra policía (esta vez municipal) con supuesto “amigueo íntimo” con una de las asesinas… Vamos, que aquí hay materia de culebrón auténtico. No sé qué está esperando Antena 3 para sacar la miniserie. Yo ya la veo venir: Carmen Machi, Lydia Bosch, Adriana Ugarte… Y no nos olvidemos. Por mucho que nos hayan querido confundir y hayan querido implicar a la izquierda y a los escraches en el asunto, la realidad es mucho más burda: una señora del PP que trabajaba para una diputación del PP y era amiga de la presidenta de esa diputación del PP (aparte de hija de una policía nacional), es despedida por esa gran señora del PP que acumulaba 13 sueldos y numerosos cargos directivos en lo público y lo privado. Entonces la primera señora del PP se vuelve (presuntamente) loca, desarrolla (presuntamente) un odio patológico hacia la segunda señora del PP, que contagia (presuntamente) a su madre y entre las dos urden (presuntamente) un plan de dos años hasta conseguir asesinar a la segunda señora del PP. Vamos, yo aquí los escraches y la izquierda no los veo aparecer por ninguna parte. Pero claro, si en “Snowpiercer” los gobernantes consiguen hacer creer al populacho que son ellos los que están preparando una revolución cuando la realidad es muy distinta… ¿Qué no conseguirán los políticos de nuestra realidad? Sobre todo ahora que ya están viendo las orejas al lobo y ven peligrar su omnipresente bipartidismo con sus prebendas y privilegios… Si queréis saber cómo acaba esto tendréis que entrar en mi otro blog en el más puro estilo crossover de los cómics Marvel o de las series de moda (vamos, algo así como que la familia Alcántara aparezca en “Amar es para siempre”)… Porque la realidad, definitivamente, no es como nos la están contando. 



domingo, 27 de abril de 2014

Mi otro yo

Debido al título de la última entrada en mi nuevo blog, Facebook ha decidido capar cualquier posibilidad de publicar enlaces hacia mi "inocentísimo" blog de cine y televisión. No se trata de un blog de crítica en realidad, sólo vierto en él opiniones personales sobre lo que veo en las pantallas (grandes y pequeñas). Se llama "Cuéntame la tele y el cine", un título con el que semi homenajeo la única serie española que sigo (y a la que ya he dedicado una entrada que podéis encontrar allí). Echadle un vistacillo. Y claro, no os perdáis el último post con la palabra "prohibida" en el título... ¿Es esto el siglo XXI, la era de la comunicación? Tengo mis serias dudas. Sobre todo cuando pasan cosas como esta y luego echas un vistazo a la actualidad (rancia) y ves cómo hoy mismo han santificado a dos papas a la vez (con otros dos papas presentes) saltándose todas las normas que ellos mismos han creado. Entonces te preguntas si realmente no habremos caído en la máquina del tiempo (otra vez) de H.G. Wells, pero esta vez hacia atrás, hacia esa otra época más oscura, más pobre (en todos los sentidos) y sobre todo, más rancia. Esa época franquista que nuestros dirigentes (rancios) y los banqueros (sanguijuelas) y los empresarios (latifundistas) están creando. Yo, sinceramente, me quedo con el grito de Parálisis Permanente y digo: "Quiero ser... ¡¡¡SANTA!!!": 














A lo dicho, Ahí va ese pedazo de escándalo que escribí anoche y que ya ha conseguido ser censurado...



sábado, 5 de abril de 2014

Walking Dead en Melilla


Bilbao, año 6 d.c. (después de la crisis). Hoy os invito a un experimento morboso, desagradable, incluso de mal gusto. Os invito a descubrir cuál de las imágenes que uso en este post pertenecen a la afamada serie americana “Walking dead” y cuál a la realidad que se vive últimamente en Melilla. ¿A que es casi imposible?

 

En la serie los muertos vivientes deambulan sin rumbo en su desesperada búsqueda de alimento (en este caso cerebros vivientes). En la realidad miles de africanos deambulan cada día por los alrededores de Melilla (sí, esa colonia cuya situación tanto se parece a la de Gibraltar pero con la que nunca se compara) con un objetivo muy concreto: cruzar una valla; al otro lado piensan que van a encontrar el paraíso. O por lo menos, un mundo mejor al que han dejado atrás. Para ello han cruzado cientos de kilómetros, han arriesgado la vida y lo siguen haciendo; muchos la han perdido ya, otros lo harán en breve. Acaban colgados de una valla como si fueran víctimas de un naufragio. Y quizá lo sean. Del que hemos creado entre todos en esta sociedad esquizofrénica, en la que matar a pelotazos de goma a seres humanos que luchan contra las olas resulta no ser un crimen sino una obligación laboral por la que nadie va a pagar. Nunca.






La valla me recuerda a otro muro que tuve la mala suerte de visitar: el que divide las tierras legítimas de los ciudadanos palestinos ocupadas por los soldados (ilegítimos) israelíes desde hace décadas con el beneplácito o la inactividad de la mayoría de potencias mundiales. Allí comprobé en persona los estragos que un muro divisorio causa en las personas. A las reales, a las que día a día lo tienen que cruzar para ir a trabajar, para acudir a un hospital a parir o para visitar a sus familias que quedaron al otro lado. En todos estos años desde la ocupación no se ha solucionado nada, como mucho la situación ha empeorado, con más y más seres humanos atrapada en la franja de Gaza y en Cisjordania (en realidad todo esPalestina, incluso Israel). Si queréis saber cómo viven los habitantes hacinados en la franja de Gaza no tenéis más que echar un vistazo a los reportajes que Gonzo ha realizado para El Intermedio recientemente. Reflejan muy bien la realidad. No os recomendaré el documental que yo hice allí porque no me lo han pagado y porque de la manga se han sacado otro en el que no acreditan mi trabajo.  








Con esto sólo os quiero decir que los muros nunca han solucionado nada. Que el afán de mejorar de vida es imparable, que aunque les dupliquen las cuchillas que cuelgan de la valla, seguirán encaramándose a ella hasta desangrarse, que aunque les tiren granadas cuando intentan cruzar a nado, lo seguirán haciendo. Que los políticos sólo ponen tapones para ocultar un problema mientras están en el poder, que haga el mínimo de ruido posible “a ver si nadie se da cuenta y nos siguen votando”. Pero el ruido de los muertos vivientes ha tomado por completo el mundo de “Walking dead”. Y por mucho que se empeñen, el clamor de las miles de personas que escapan de guerras, miseria, violaciones, niños soldados y enfermedades, no se puede parar con vallas ni con muros. Ni aquí ni en Palestina. 

jueves, 27 de febrero de 2014

Yo también quiero ser infantona


Juez Marlaska... elegante
Bilbao. Año 6 d.c. (después de la crisis). Lo he decidido. Este año no pienso hacer la declaración de la renta. Me niego a pagar impuestos. Y si alguien me pregunta o me reclama ya tengo la respuesta adecuada: no me acuerdo. O quizá mejor: no me consta. O hasta es posible un simple: no lo sé. Y claro, cuando me pregunten a qué viene tanta imprecisión y desmemoria yo contestaré: es que mire usted, señor juez, yo soy un hombre enamorado y como tal sólo puedo hacer lo que me dicte el amor… Y claro, llegados a este punto mejor me invento un amante, porque no le voy a cargar el muerto a mi sufrido marido. Mejor les digo que me eché un amante, que me tenía sorbido el coco y que fue él quien me recomendó no pagar impuestos. Y claro, yo, como hombre enamorado (con carrera universitaria y un currículum profesional bastante bueno, todo hay que decirlo) siempre hago lo que me diga el hombre que me sorba… el seso. Está claro que el señor juez (que probablemente será Ruz, Bermúdez, Marlaska o incluso Garzón, al que restaurarán en su cargo debido a la importancia de los hechos juzgados) se mostrará muy comprensivo, el fiscal entenderá perfectamente mi situación e incluso el jurado popular simpatizará con mi situación de pobre hombre enamorado…


Lo que no sé es qué me pondré para el paseíllo. Porque claro, yo, al no tener ancestros aristocráticos, no me libraré de la humillación pública. Aunque ahora que lo pienso, mi añorado amigo Álvaro (de la universidad) siempre me llamaba “el Duque”. Y eso era mucho antes de los tiempos del estupendo Miguel Ángel Silvestre. Era por Bowie, creo recordar. Sí, David. No, Beckham no, Bowie, David Bowie. Y no, no me parezco al cantante glam. Aunque es verdad que yo en los 80 era bastante andrógino… Total, que la aristocracia de mi título (y mi elegancia) igual me libran del paseíllo. Pero así y todo, a ver qué me pongo. Porque por muy eleganteperosencillo que quiera ir, a ver cómo cargo yo con las veintitantas botellas de agua que me tengo que trincar durante la declaración. Igual las cambio por cerveza. Así mis declaraciones irán envalentonándose según vayan cayendo las botellas. Y quizá incluso declare lo de mis cuentas en Suiza…


Ah, ¿no sabíais lo de mis cuentas en Suiza? Es que, claro, lo de dar clases de inglés da para mucho. Y no digamos de los años que trabajé en la tele, que eran los de la bonanza (y me acabo de enterar que en cierto programa en el que trabajé, una productora super ñoña pagaba en algunos viajes las dietas al equipo en… coca. Y yo que siempre pensé que esas cosas eran parte de la leyenda de la televisión… ¡Y mira que era ñoña!). Total, que yo llevo años trasladando mis pequeñas fortunas a Suiza porque a mí todos mis amigos del PP (ya sabéis que tengo muchos) me decían que Zurich era una colonia de Castilla-La Mancha, vamos, algo así como Ceuta o Melilla pero en Europa. Y claro, si yo me creo lo de no pagar impuestos cómo no me iba a creer lo de la colonia (aunque yo siempre he sido más de perfume). Así que mi caso pasará a llenar los tabloides y los programas de debate (de Intereconomía al Intermedio, me muero de ganas de ver cómo lo cuenta el Gran Wyoming). Y claro, se alargará en el tiempo como pasa siempre en este país. Sobre todo cuando salga a la luz que también hacía donaciones ilegales a partiditos políticos de poca monta, que luego a su vez me daban estupendos contratos para darles clases de inglés con dinerito público (que me pagaban en negro, claro, y de la caja B)… Así que ya podemos ir pensando en el nombre que va a llevar este caso (que se prolongará en el tiempo hasta que prescriba), que mezcla no sólo aristocracia y corrupción sino dinero público, cuentas en Suiza, pagos en negro, cajas B y donaciones ilegales a partidos políticos. Vamos, lo de cualquier historia de este país de pandereta y cuchufleta… ¡Ah! ¿Y os he contado lo de los cursos inventados con alumnos fantasma para que la Patronal (ese ente abstracto cual cuadro de Kandinsky) se sacase unos cuartos, la pobre (eso me lo recomendaba mi amante también y yo no me acuerdo o no me consta). Claro que esto, si me lo recuerda Garzón durante el juicio le espetaré: “Me está usted casi ofendiendo, señoría…”

Mary of Scots
Me muero de ganas de ver la explicación que da la Cospedal de todo esto en el Telediario de La 1 (a través de pantalla de plasma, claro). Y a la trama podíamos llamarla… ¡el caso Duque! Es lo que tenemos los rojos, que nos pierden los títulos nobiliarios… Y si no que se lo digan al marido de la Duquesa de Alba, que igual acaba de rey consorte de Escocia… 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Lo confieso: tengo una relación íntima con Beckham


Bilbao, año 5 dc (después de la crisis). Como parece que en cualquier momento el país se hunde o nos meten a todos a la cárcel por levantar la mano en el sentido equivocado, creo que ha llegado el momento de hacer una confesión, no sea que más tarde no me dé tiempo y me quede yo con esta exclusiva tan sabrosa. Y no es que quiera yo pasearme por los platós de ningún programucho de esos que te dan un bocadillo y te obligan a comértelo en directo. No, es que yo quiero que si me van a llevar al cadalso, al menos se me quede la conciencia tranquila. Porque yo no puedo vivir más con este secreto. Y es que, desde hace unos cuantos meses, tengo una relación más que íntima con David Beckham. Y claro, aquí os preguntaréis que cómo de íntima. Pues sólo os puedo decir que me abraza las partes íntimas y me aporta mucha seguridad y sujeción. La verdad que me resulta bastante cómoda esta relación y cuando por la mañana he decidido que éste va a ser uno de mis días Beckham ya sé que el transcurso de la jornada va a ser más que satisfactorio.


Y es que claro, no hay más que mirarlo con esa sonrisa traviesa, esos ojos claros y chispeantes, ese pelo afeitado a la perfección, esas mechas divinas que parecen hasta reales, esa mandíbula, esas abdominales, las uñas de manicura perfecta, el abrazo sensual con el que te recibe sólo con mirarte. Porque, ay amigos, que te mire Beckham de frente no es como que te mire Luis Ramírez el de la oficina de al lado ni como que te mire Alberto el del gimnasio o el reponedor del supermercado. No, esto es una mirada directa, profunda y con toda la intención, del mismísimo David Beckham. El rey. El del balón. El de las portadas friendly en las revistas gays para demostrar que su metrosexualidad no se queda en la estética. El de la mujer absurda (que a mí me empezó a caer bien desde que se refirió a la Obregón como “esa barbie geriátrica”). El de los sueños húmedos de muchos y hasta muchas. El de la moda. Definitivamente, Beckham el de los calzoncillos.

 

Y es que yo, que no soy muy dado a las marcas, que presumo de que la publicidad me pasa por encima sin afectarme, que siempre digo que nunca llevaré una camiseta que diga Armani porque me debería pagar él a mí por hacerle publicidad, no pude resistirme: me compré unos calzoncillos de marca Beckham. Y desde entonces mi vida cambió. Son de un color gris oscuro con goma negra y unas discretas letras que deletrean ese apellido… Y no, a él no le pediría que me pagara por hacerle publicidad. Al fin y al cabo, ¿cuántas personas me ven en calzoncillos? Tampoco voy a pretender que soy el príncipe del gimnasio. Para cuatro veces que voy tampoco llamo tanto la atención. Pero a lo que iba. Yo me pongo esos calzoncillos grises y ya me siento otra persona. Me siento íntimamente conectado a David (a él no le importa que le llame así). Desde la mañana, desde que salgo de la ducha. Y estoy seguro que él lo nota. ¿Cómo no lo va a notar si se trata de una conexión tan especial? Me pregunto si su mujer también lo nota y se pone celosa… ¿Cómo me catalogaría? ¿El Jon Kortajarena maduro, como me decía una conocida de Madrid? ¿El Clooney bilbaíno como me ha dicho alguna fan alguna vez? ¿O quizá la Norma Desmond del 2013 (sí, hombre, la de “El crepúsculo de los dioses” que siempre soñaba con hacer un comeback)?

En el curso de Community Manager que estoy haciendo (online, soy así de moderno) dicen que las marcas usan los medios de comunicación para mantener una relación más humana con los usuarios/clientes, gracias al canal de comunicación de ida y vuelta que suponen. A mí, la verdad, lo de meterme en el Facebook de Starbucks o de Calvin Klein no me quita el sueño, vamos, que no le dedicaría ni cinco minutos de mi ajetreada vida. Y además, ¿cómo se va a comparar eso con llevar puesto un Beckham auténtico desde la mañana? ¿Se puede llegar a una relación más humana, más íntima que ésa? Y ahora que lo pienso, ¿tendrá Beckham una página de Facebook que humanice la marca? Me voy a meter a ver si cuenta algo de mí…

 

sábado, 30 de noviembre de 2013

I wanna be a Manic Street Preachers’ backing singer

 

Bilbao. Año 5 dc (después de la crisis). El fin de semana pasado tuve una revelación: por fin sé lo que quiero hacer en mi vida. Quiero ser la corista negra de los Manic Street Preachers. Puede que muchos no conozcáis a este grupo galés que actuó el viernes pasado en el BEC de Bilbao (deberíamos decir Barakaldo, que es donde realmente está), como parte del festival BIME. Había esperado más de 15 años para tener el gusto de verles actuar en directo. Desde que mi marido me los presentara al de poco de regresar a España e instalarnos en Madrid. Creo recordar que los vi por primera vez en uno de los últimos programas de música que RTVE se atrevió a hacer, “El séptimo de caballería”, presentado (con mucha baba) por Miguel Bosé (debería limitarse a cantar). Lo mejor que tenía aquel programa eran sus invitados y la música que tocaban en directo. Por allí pasaron REM, los Manic, Ariel Rot, Santiago Auserón, Chavela Vargas y hasta Madonna. Pero los Manic… ¡Ay, esos solos de trompeta me enamoraron! Mi marido me contó cómo uno de sus líderes, Richey, había desaparecido en los 90 y siempre se había dicho que saltó desde un puente cerca de Cardiff para sumergirse en un río y acabar con su vida. Nunca se le encontró…

 

Desde entonces estuve enamorado de la música de los Manic y me sirvió como banda sonora mientras escribía uno de mis guiones para largometraje. En él contaba, o más bien fantaseaba, sobre los acontecimientos que habían rodeado a la muerte de mi aita, uno de los hechos más traumáticos que había experimentado hasta entonces. Lo curioso es que aquel proyecto me llevó hasta un concurso organizado por la distribuidora Universal en el que buscaban creadores de nuevos proyectos. ¡Y quedé finalista! Llegué hasta los escenarios del Festival de Cine de San Sebastián para defenderlo. Éramos 12 creadores con ganas de dar el salto al largo, todos –o casi todos, el que ganó ya tenía su experiencia- éramos principiantes, inocentes y creíamos que aquello, aunque no ganáramos, nos abriría las puertas. ¡Qué nervios! Nunca me había visto sobre un escenario delante de una multitud (me salvó ver entre el público a mi amiga Nieves sonriendo) y un jurado (que incluía a una bastante borde Candela Peña y al encantador guionista de “El hijo de la novia”). Teníamos que defender el proyecto y presentar algo que lo apoyase. Yo había preparado un monólogo representado por dos de mis amigos actores, Aitor y Ainhoa, basado en uno de los capítulos del guión. También había preparado una grabación de cómo me imaginaba el look de la peli. La banda sonora, desde luego, era “Ocean spray”, de los Manic. Podeís escucharlo si abrís el link en otra pestaña:


El solo de trompeta estaba dedicado a uno de los pasajes más emotivos de la historia de mi aita (mitad ficción-mitad realidad).


Cuando el viernes pasado llegamos al BEC empecé a darme cuenta de la magia de todo este círculo. Resulta que estábamos en un edificio que se había construido sobre el suelo que antiguamente ocupaba la fábrica de Altos Hornos de Vizcaya, en la que habían trabajado toda su vida mi abuelo, mis tíos y, claro, mi aita. Allí era donde íbamos los domingos a esperarle para dar un paseo y aquellos pasillos eran los que él se habría recorrido innumerables veces en sus turnos de trabajo. Un espacio gigantesco, frío, sin demasiada alma, casi imposible de llenar para los conciertos programados. Nada más llegar, conocimos a una curiosa viajera, Deborah, inglesa, que se recorría el mundo para ver a su banda favorita, los Manic Street Preachers. Los había visto ya cerca de 100 veces, en sitios tan diversos como Japón, Australia y ahora Bilbao. En cuanto le conté mi preferencia por esta maravillosa canción, me informó con toda seguridad que no la iban a tocar, porque en esta gira no era una de las que estaban usando.

John Grant
Antes que los Manic actuaba John Grant, uno de los últimos exitazos de las radios mundiales. Todo un caballero. Ya talludito, con aspecto de oso (barba pelirroja, camisa de leñador, gorro de lana y movimientos de backing singer-corista). Abiertamente gay, canta con la masculinidad de un Sinatra cualquiera mezclado con Richard Hawley (ex de Pulp) o incluso Nick Cave. Canciones melódicas tan pegadizas como ésta:



En ellas utiliza un vocabulario abierto, que a algunos les puede parecer hasta grosero: “I´m the greatest mother fucker…” Y en uno de sus conciertos salió del armario como portador del VIH. Olé sus huevos. Se presentó en un castellano dulce e impoluto, al que regresó en diferentes momentos de la actuación, probando incluso algo de euskera con su “eskerrik asko”. Ya quisieran las Ana Botella de este mundo desenvolverse así de bien con los idiomas.

Algo que me llamó mucho la atención de estos conciertos es que la gente fumaba como si la ley antitabaco nunca hubiera existido. Y los guardias de seguridad brillaban por su ausencia, sólo les interesaba que no entrases con alcohol para que tuvieras que pagar los 8 euracos que costaba el katxi de cerveza.

Y entonces llegaron los Manic. ¡Qué gustazo! Empezaron fuerte con su “Motorcycle emptiness”:


¿Y a que no sabéis cuál fue la tercera canción? Pues sí, “Ocean spray”. Yo estaba extático… El solo de trompeta me llegó al alma. Casi pude percibir la presencia de mi aita sonriéndome, agradeciéndome el homenaje en el que había sido su lugar de trabajo durante tantos años… Fue un concierto monumental, casi un grandes éxitos. Había esperado quince años para escucharles en directo pero había merecido la pena, los tenía ahí delante, muy cerquita porque no había demasiada gente. Y tocaron tantos de los temas que yo había usado durante años como banda sonora de mis reportajes enNosolomusica… Como decía, todo un homenaje. Viéndoles me di cuenta que había encontrado mi vocación: quería ser backing singer (suena mucho mejor que corista) de los Manic. Pero eso sí, negra, que tienen mucha mejor voz y sus movimientos de caderas son más sensuales…


¿Y de mi proyecto de guión? Bueno, evidentemente no gané, se lo llevó el único que ya tenía experiencia probada dirigiendo. Pero sí que lo acabé, lo pulí, lo moví por varias productoras y una de Andalucía estuvo casi a punto de aceptarlo (y eso que toda la historia se desarrollaba en Bilbao). Pero nunca llegó a hacerse. Se llamaba “Fresas en septiembre”. Hace poco lo estuve revisando y me seguía gustando. Tanto que incluso me surgió la idea de recobrar los personajes 15 años después y ver qué había sido de ellos. ¿¿¿Os imagináis cuál será la banda sonora???

Manic Street Preachers