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viernes, 6 de noviembre de 2020

DIVINE, la más obscena

 

©Rob Cristo

Año 1 d.c. (durante la crisis -de la Covid). Divine, sex symbol, cantante, actriz, actor, drag queen, trans, obscena, ridícula, atrevida, musa underground, rompedora, sinvergüenza, gay, performer… Es casi imposible definir lo que era Divine, cuyo trabajo se extendió por las décadas de los 60, 70 y 80. En una de sus más famosas películas, Pink Flamingos, se la describía como “la persona más inmunda del mundo”. Y no era para menos, ya que en la escena final del film la actriz se comía, entre arcadas, en un plano rodado sin cortes, la caca recién excretada de un perro callejero. Hace ya tiempo, cuando vi la película en un cine de culto que funcionó durante años en los sótanos del Mercado Fuencarral en Madrid, me sorprendí al notar como un tío que estaba sentado en la fila de atrás, se masturbaba durante esta escena. Me imagino que hay gustos para todo. Un compañero de trabajo me confesó que durante años tuvo pesadillas recordando semejantes fotogramas. ¿Se puede ser más rompedora? Por eso es la última adquisición de mi galería de Chicas Malas

La verdad que mis primeras memorias del personaje son de los años 80, cuando Divine estaba intentando lanzar su carrera como cantante con éxitos tan infames como “You think you’re a man” o “I’m so beautiful”, con una voz más que desagradable y aspecto de drag queen trasnochada cuando el término aún ni siquiera se había popularizado. Era como una versión travestida de Torrente después de haberse tomado un ácido. Enseguida empecé a ver sus películas, todas ellas dirigidas por el rompedor director estadounidense John Waters (predecesor y seguro que inspiración del primer Almodóvar), de quien era musa. Años después tuve la oportunidad de entrevistar a este director en el Festival de San Sebastián y cuál sería mi sorpresa al darme cuenta de que el rey del cine underground de Baltimore (también ciudad origen de Divine) era en realidad un auténtico caballero que bien podría haber nacido en Cambridge… Con él rodó Divine la mayor parte de sus películas, incluyendo la ya mencionada Pink Flamingos y títulos como Polyester (que usaba el innovador sistema conocido como Odorama, gracias al cual se podía oler lo mismo que la protagonista, un ama de casa con un sentido olfativo superdesarrollado y un marido de lo más guarro) y su gran éxito, Hairspray (que años más tarde sería remakeado en versión musical con John Travolta en el papel de Divine; si Travolta tuvo que recurrir a prótesis de todo tipo -muy dignamente, todo hay que decirlo- en el caso de Divine, todo lo que se veía era real).

Si empezó su carrera como peluquero de señoras y tuvo una tienda de ropa vintage, su lucha por ganarse un lugar en el firmamento de la fama a costa de rodar escenas transgresoras le llevó a escapar varias veces de la policía, protagonizando situaciones al más puro estilo Hollywood huyendo en un coche a alta velocidad con las sirenas azules a sus espaldas. Llegó incluso a compartir pantalla con la famosa heredera/terrorista Patty Hearst… Sus problemas de sobrepeso le provocaron una muerte temprana (en 1988 a los 43 años), cuando su fama estaba empezando ya a tocar el circuito comercial interpretando incluso papeles de hombre. Su falta de prejuicios y moralidad, su gusto por el riesgo y por quebrantar las normas, su atrevimiento (que no hubiera desentonado en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón) y su desfachatez nos hacen pensar que hoy en día hacen falta más personas como ella porque hacen del mundo un sitio mucho mejor. O al menos mucho más divertido.

viernes, 16 de octubre de 2020

David Bowie: El Duque

 

©Rob Cristo

Año 1 d.c. (durante la crisis -de la Covid). No sé si será porque en mis años universitarios un querido amigo insistía en llamarme el Duque o porque mi primer novio me contó que David Bowie era el primer bisexual famoso y confeso de la historia y que la archiconocida Angie (por la canción y porque por aquel entonces era su esposa) se lo encontró en la cama con Mick Jagger (hecho creo que nunca probado y que ha pasado a formar parte de las leyendas urbanas relacionadas con famosos, como que Michael Jackson siempre quiso ser Diana Ross y que él y su hermana La Toya eran la misma persona o que uno de los componentes de Modern Talking -creo que el moreno- se cayó al suelo en mitad de un acto sexual y se rompió el pene… Ejem). El caso es que desde que, siendo un adolescente, descubrí las fotos de Bowie en los 70 con aquellos estilismos que pasaban de la androginia a la transgenética o incluso transespecie interplanetaria (mucho antes de que se inventase siquiera el concepto de género fluido), con aquellos vestidos largos acampanados y su melena rubia, que poco a poco se iría moldeando en una estética glam sideral glorificada por su personaje de Ziggy Stardust, me provocó una fascinación que iba -va- mucho más allá de la admiración como profesional o la atracción sexual.

Hay que reconocer que David Robert Jones, su verdadero nombre -su hijo es el director de cine de ciencia ficción (no podía ser menos) Duncan Jones- no era solo un tío guapo y sexy (no en el sentido estético actual probablemente) sino que fue uno de los mayores magos de la música e incluso de la contracultura de las décadas de los 70 y los 80, que sacudió los escenarios y las conciencias -aparte de la moralina de la época- de toda una generación, al menos. No me puedo imaginar lo que pensarían aquellas gentes de semejante presencia y su afán rupturista. Menos mal que le acompañaban una voz y una creatividad apabullantes, envolventes, ensoñadoras, que le llevaron incluso a varios papeles en el cine (nunca olvidaré su vampiro de El ansia, junto a unas inmensas Catherine Deneuve y Susan Sarandon…). No es verdad que tuviera un ojo de cada color (aunque yo eligiera representarlo así para contentar al des-conocimiento popular -más ilustraciones de la Aristocracia del Pop en la página de Rob Cristo). En realidad, parece que lo suyo fue consecuencia de una pelea adolescente -no olvidemos que había nacido en el conflictivo barrio londinense de Brixton- en la que una de sus pupilas quedó más dilatada que la otra de por vida, dándole así ese aspecto tan singularmente reptiliano.

Según se fue haciendo mayor fue depurando su apariencia hasta convertirse en el auténtico gentleman que llevaba dentro, ese Duque Blanco que siempre había aspirado a ser. Se casó con un personaje de cómic (¿quién mejor que Iman podía haber interpretado a Tormenta/Storm de los X-Men en una versión ochentera para el cine?), nunca dejó de trabajar y de experimentar y sus trabajos nunca defraudaron, siguiendo una línea coherente, digna, con clase, algo muy difícil de encontrar hoy en día. Poco a poco se fue asimilando con otra grande de la androginia: Tilda Swinton, que por cierto colaboró con él en el perverso vídeo-autohomenaje de una de sus últimas canciones, The stars (are out tonight). De hecho, quiero iniciar desde aquí una nueva leyenda urbana para añadir a este singular personaje. No os lo vais a creer, pero me han dicho, es más, lo sé de buena tinta, que David Bowie y Tilda Swinton son la misma persona…

domingo, 4 de octubre de 2020

Anoché soñe con un concierto de El columpio asesino

 


Año 1 d.c. (durante la crisis -de la Covid). Parecía que no pero sí, hay vida para la cultura (iba a decir después, pero aún no) durante la pandemia. Anoche fue la prueba perfecta. La Sala BBK deBilbao nos ofreció un auténtico lujo: ¡Un concierto! Qué digo un concierto, más bien un conciertazo. Nada más y nada menos que El columpio asesino, en vivo, en directo, como en los viejos tiempos. O bueno, casi como en los viejos tiempos. En realidad yo nunca había estado en un concierto como este. Algo así como una tercera parte del aforo (a pesar de que había llenazo), todos sentados en sillas individuales separadas a ambos lados y delante y detrás por un mínimo de metro y medio medido del resto de asistentes. O sea, una experiencia totalmente individual, ya que no se podía ni siquiera comentar con quien hubieras ido por la distancia. Así y todo, bendita sea la velada.

Hacía… ni me acuerdo del tiempo desde la última vez que había ido a un concierto. Es verdad que hoy en día, todo lo anterior al virus me parece que ocurrió hace ya un siglo -como decía alguien en Internet, cualquier serie es ya un melodrama histórico porque nadie lleva mascarillas. Pero para mí la experiencia de ir a conciertos era la de estar de pie, bailando y con una birra en la mano, comentando la jugada con quien quiera que hubiese ido. Es verdad que, obviamente, ahora todo es distinto. Porque tiene que serlo, no nos queda más remedio. Y podemos disfrutarlo. Porque así y todo fue una sensación de vuelta a la vida, de esperanza... Disfrutar de un directo un sábado por la noche, ¡guau! Y de El columpio asesino…

La acústica de la BBK es maravillosa, la música sonaba como si estuviese saliendo directamente del disco, el juego de luces era realmente envolvente, el grupo…, ¿qué voy a decir de ellos? Solo necesito cinco palabras: IM-PRE-SIO-NAN-TE. Si los pamplonicos empezaron el concierto con su último hit, “Preparada” y lo acabaron -antes de los bises- con su ya clásico “Toro”, en medio nos deleitaron con toda una saga de títulos de lo más disfrutables entre cuyas letras pululan quasi mágicamente cadáveres, lágrimas amargas, ballenas muertas, botes de humo, copas de champán, diamantes, azotes, mataderos de uralita, perlas y vicio, sobre todo mucho vicio. Porque las letras de El columpio son letras canallas, de rock, de pop electrónico y hasta de punk, de poesía casi sórdida entonada por las voces y los gritos de Cristina Martínez (me recordaba un poco a la Chrissie Hynde de Pretenders cuando les vi en Madrid hace ya muchos años) y de Albaro Arizaleta, que consiguieron que l@s asistentes “bailaran” a pesar de estar sentad@s. Algun@s se encontraban cerca del paroxismo por la imposibilidad de lanzarse a dar saltos al ritmo de sus canciones. Y se notaba que al grupo también le hacía falta que nos echásemos allí mismo a bailar desenfrenadamente. Habrá que esperar aún, pero todo llegará.

Mientras tanto, por favor, disfrutemos de los conciertos, disfrutemos de la cultura, del teatro, de la danza, del cine… Son espacios perfectamente seguros, mucho más que el interior de cualquier bar. No les tengamos miedo, seamos sensatos, pero disfrutemos. Porque aún hay vida -incluso- durante la pandemia. Y estamos deseando disfrutarla.

martes, 9 de febrero de 2016

Y Bowie pasó por Bilbao

©RM

Bilbao, año 8 d.c. (después de la crisis). Sí, esto no termina nunca (la crisis) y además sin nuevo gobierno, lo que no sería tan malo si no fuera porque supone tener que aguantar unos meses más al actual “gobierno en funciones” y sus corruptelas generalizadas. Pero no todo iban a ser malas noticias. El pasado jueves, sin ir más lejos, David Bowie, sí, sí, el mismo, el camaleón del pop, el Duque Blanco, Ziggy Stardust, Starman, o como quieras llamarle, se paseó por las calles de Bilbao.


O al menos su espíritu lo hizo sin duda alguna. Seguramente nos estaría observando con orgullo desde las estrellas, a las que tantas veces cantó y en las que obviamente reside ahora con sus colegas Lou Reed y Freddie Mercury. Desde el escenario de SatéliteT, bajo el puente de Deusto, un número incontable de bandas locales rendían homenaje con sus versiones a la estrella del glam. Cada una desfiló para un único tema (aunque algunos de sus miembros demostraron ser muy promiscuos y no creer en ningún tipo de monogamia, ya que reaparecieron en diferentes formaciones) y todas juntas, al final, nos ofrecieron en el más improvisado estilo “We are the world”, el temazo: “Héroes” que daba título a la noche.

©RM

Camiseta de Rob Cristo
La convocatoria de Satélite T: “Podemos ser héroes, un día más” fue todo un exitazo. La sala estaba a tope y no te podías mover sin rozar sospechosamente a quien tuvieras al lado. Y yo que había esperado poder lucir mi nuevo modelo de camiseta de Rob Cristo homenajeando al artista, me quedé con las ganas, hubiera dado lo mismo que fuéramos desnudos, nadie se habría percatado. Eso no impidió que admirásemos a estos valientes que se atrevieron a versionar (como es lógico, unos con más arte que otros) al gran lord del pop, y quedó clara la huella que nos ha dejado a todos este auténtico héroe del atrevimiento, de la genialidad, la ambigüedad y la subversión escénica, cuya música fue siempre pareja al escándalo, a los rumores, a la reinvención y sobre todo, al no quedarse quieto. Jamás. Un auténtico ejemplo a seguir.

©RM
Se lo llevó un cáncer, como a tantas otras víctimas de esta pandemia innombrada aún por las autoridades de la OMS, pero se extiende y se extiende como los plásticos en el océano. Seguro que cada uno reflejamos sobre aquel escenario nuestras propias experiencias, nuestros propios recuerdos de las canciones del hombre de la mirada alienígena: “Let´s dance”, “Starman”, “The man who sold the world”, “Modern love”, “Ashes to ashes”, “Life on Mars”... A cada uno nos han dejado una impronta diferente y no me hubiera importado ver sobre el escenario un vídeo con los recuerdos personales que cada uno de los asistentes le ponía a la música de Bowie. Más allá de sus valores musicales, para mí fue uno de los primeros que pasó de las convenciones sobre género e identidad sexual. Él las exploró todas sobre el escenario (y dicen que fuera también), haciendo simplemente lo que le pedía el cuerpo. Como debe ser.

©RM

Se lo montaron bien los de Satélite T (prometen homenajes a otros artistas cada mes). Consiguieron que reviviéramos a Bowie por una noche (aunque eché de menos escuchar al menos un tema original). Y sí, todos nos sentimos héroes por una noche más. Aunque sólo fuera por seguir estando aquí. 




domingo, 20 de septiembre de 2015

Gilda se cruza con Belize en la Gran Vía



Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Algo increíble ocurrió la otra tarde en las calles de Bilbao. En plena Gran Vía. Los focos se lo perdieron, las incontables cámaras de los móviles, iphones y dispositivos varios también: Gilda se cruzó con Belize. ¿Cómo? ¿Que no sabes quiénes son? Pues está claro, o eres muy joven o muy mayor. O quizá las dos cosas a la vez. O no te gusta la música ni el cine ni los idiomas. ¿Cómo, que no te gusta la vida…? Eso hay que remediarlo.

Belize
Fue un gran acontecimiento. A eso de las 19.45, en el cruce entre El Corte Inglés, Zara, y varios bancos de esos que te cobran comisión doble, se produjo un encuentro irrepetible. Los de Belize, esa fantástica banda que por ahora suena en Radio 3 pero que muy fácilmente podría sonar en cualquier otra cadena, salían de su presentación en la FNAC. Y Gilda, sí, la incomparable, la única Rita Hayworth (“There never was a woman like Gilda” – “Nunca hubo otra mujer como Gilda” – leía la publicidad de la película, y qué razón tenía) se dirigía, embutida en su encorsetado vestido negro con sus inconfundibles guantes largos y su estola de visón blanca, hacia la Sala BBK, donde se proyectaba la película que la convirtió en leyenda, en pantalla grande y en versión original. En glorioso blanco y negro.

Los cuatro componentes de la presentación acústica de su último álbum, nos sorprendieron con unas canciones frescas y maduras al mismo tiempo. Frescas como ellos, como su presencia de niños recién salidos del instituto (sé que no los son, pero lo parecen). Y maduras como sus voces, cascadas, profundas, de una calidez que quién diría que han vivido mucho en sus cortas vidas. Nos sorprendieron porque verles y oírles era como dos experiencias completamente distintas. Si sólo los escuchabas, te imaginabas a dos
Belize al completo
personas adultas, vividas, quizá una dama del jazz y un cavernoso cantante trasnochado en mil garitos. Si sólo los mirabas, veías a unos chavales alegres, frescos (son hermanos, nos dijeron), disfrutando de su música y del hecho de estar allí, con un montón de experiencias todavía por vivir pero que hacen una creación única. Y digo única no sólo por cómo suenan, por esa potencia poética que nos embargó, sino por el hecho de que cantaban a la vez en inglés y español.


Sí, ya sé que muchos grupos cantan en ambos idiomas, ¡pero no al mismo tiempo! Me explico. En las canciones de “Belize” (título también de este su último y reciente álbum) los estribillos en inglés se mezclan con coros en español y al contrario. O sea, que estás oyendo al mismo tiempo ambos idiomas. Me resultó una apuesta arriesgada, original y con un resultado increíblemente suave; ciertamente te entraba por los poros. Igual que su optimismo y sus sonrisas. ¡Qué jóvenes! Cada vez me ocurre más que los que actúan en los conciertos YA podrían ser mis hijos. Y me recuerdan a mi propia energía de entonces…

Gilda a punto de pecar
Y hablando de energía, a la vuelta de la esquina de la FNAC, justo después, nos esperaba otro evento mágico y gratis. Ver a Rita-Gilda-Rita (“Todos los hombres se acostaban con Gilda pero se despertaban con Rita”, según confesaría ella misma amargamente) en el apogeo de su belleza. Y también mezclando el inglés con el castellano. Versión original subtitulada, como tiene que ser. Para apreciar esas voces sensuales, esas inflexiones, esa manera de vocalizar… Y esos labios pintados de rojo bermellón (aunque los veamos en blanco y negro). Gilda, con sus insinuantes movimientos de caderas y de piernas, con ese
giro de melena (parece que durante el rodaje le lavaban el pelo cada cinco minutos para que estuviera perfecto), involucrada en esa trama noir que en realidad a nadie interesaba porque lo que todo el público quería ver era cómo sufría Glenn Ford (tan joven también, podría haber formado parte de Belize) en las manos de esa pérfida pelirroja (que al final se descubre no lo era tanto, ups, spoiler), cómo la abofetea después de que se quite el famoso guante (antes ya le había abofeteado ella a él). En realidad era una historia de resentimiento, de amor y odio mezclado hasta tal punto que era imposible distinguirlos (“Johnny, te odio tanto que soy capaz de hundirme a mí misma para arrastrarte conmigo…”). Si todo el mundo esperaba la conocida escena del guante no nos impactó menos ese otro baile con el vestido blanco –“Amado mío”-, ese movimiento perfecto de piernas (Rita venía de padre español bailarín y Fred Astaire la calificó como “la mejor pareja de baile que había tenido nunca”) y la forma en que el vestido escondía púdicamente su ombligo como mandaba el Código Hays de la época, que hacía que realmente quisieras vérselo...

Se odian-se aman-se odian-se aman...
En España “Gilda” tardó cinco años en estrenarse debido a la represión franquista. De ella decían que tenía que ser comunista, puesto que “una mujer católica nunca podría ser tan
pérfida”. En las iglesias los curas obligaban a confesarse a quien la hubiera visto. Y las malas lenguas decían que a España había llegado la versión censurada (tan acostumbrados estaban a los cortes de escenas) y que en la versión original Rita se quedaba desnuda tras quitarse el guante. ¡Ya les hubiera gustado a ellos! Nada más lejos de la moral del Hollywood de la época. Pero la película convirtió a esa mujer de melena inabarcable en la leyenda que ni ella misma pudo superar. Cuentan que cuando (ya enferma de Alzheimer) se veía a sí misma en la pantalla era incapaz de reconocerse. ¿Quién podría superar eso?



Esa fue una tarde de suerte. Primero, descubrir a Belize y su pop fresco. Después, redescubrir a Gilda gracias a la iniciativa de Arrebato Zinema. Y todo gratis. Ya podía haber más tardes así. 

Bellísimos y apasionados Rita y Glenn

jueves, 16 de julio de 2015

BBK Live forever




Bilbao, año 7 d.c. (después de la crisis). Hoy por primera vez tengo una estrella invitada como escritor de este post: Mel B, Dj y mi marido entre otras cosas. Así que no esperéis comentarios sobre política ni sobre Grecia ni sobre la ley del aborto… Ahí va, primero en español y luego en inglés.

Jesus and Mary Chain
No se puede criticar el criterio de los promotores al seleccionar el cartel que ha actuado en el Festival BBK Live. Está claro que si no quedaban bonos de tres días y las entradas para la noche del sábado estaban totalmente agotadas desde hacía tiempo, eso significa que la política de contratar un gigante como cabeza de cartel y luego rellenar el resto del line-up con dos o tres nombres más o menos conocidos, además de muchos –digamos- grupos menores, garantiza un evento con éxito financiero aunque quizá ligeramente desequilibrado. Mumford and Sons fueron la baza elegida para la primera noche, los veteranos Jesus and Mary Chain fueron la punta de lanza del viernes y el sábado les tocó a Muse el papel de la banda que la mayor parte de los asistentes de este año querían ver.
Yo este año me limité a las noches del viernes y el sábado. James Bay llegaba muy bien recomendado pero sus melodías (tan bien orquestadas) perdieron potencia sobre la palestra del festival. Luego vino una acelerada carrera hasta el escenario Bilbao para conseguir un sitio en primera línea de playa y poder disfrutar de Jesus and Mary Chain, que tocaban su álbum de 1985 “Psychocandy”. Dado su historial de retroalimentaciones de micros, los problemas de sonido con su tema de apertura “Just like honey” parecieron de lo más apropiado. Enseguida los superaron y la banda recorrió fielmente el álbum completo, con las potentes melodías excelentemente oscurecidas en una nube cristalina de pelusa guitarrera. El ritmo insistente del último corte del álbum, “It´s so hard”, sonó increíblemente contemporáneo, casi como un hit dance, proporcionando uno de los platos fuertes con un set que abarcaba cuatro singles de lujo: “April Skies”, “Head On” “Some Candy Talking” y un brillante “Reverence”. Fue una actuación que ciertamente cimentó el puesto de Jesus and Mary Chain en mi cielo rockero.

Alt J
Alt J fueron los siguientes. Para mi desilusión, si pulsas “Alt J” en mi portátil no ocurre nada. Pero parece que si lo haces en un Apple “salva el QSO (¿?) y crea un nuevo documento QSO (¿¿¿???)”. Como no tengo ni idea de lo que esto significa, me imagino que ocurre algo aleatorio en el Mac que lleva al usuario a una inesperada esquina del “mundo virtual”. No tengo muy claro que Alt J me llevase a ningún sitio de semejante envergadura, pero sus patrones entrelazados de sonido sí que tienen ese elemento aleatorio: nunca sabes muy bien hacia dónde se dirige una canción. Quizá esa sea la belleza de su música, pero puede confundir a la multitud de un festival que acabe encontrando la combinación de luces y sonidos más propia de la ceremonia de apertura para un nuevo Apple Store. Impresionante, interesante, pero, ¿era realmente material de concierto?

El sábado di la patada de salida con un rápido vistazo a los murcianos Neuman, que tocaron “Bye Fear/Hi Love” y, como suele ocurrir, sonaron menos pesados en directo de lo que suelen hacer habitualmente en Radio 3. Sin embargo me escapé pronto para juntarme
The Ting Tings
con unos amigos y ver a The Ting Tings, que hacían su segunda aparición en el BBK Live. Estábamos a mil metros de distancia pero el sonido era bueno mientras jugueteaban con “Great DJ”, “Shut Up and Let Me Go” y más tarde con su pequeña obra maestra “That’s Not My Name”. La actuación se rellenó con un DJ-mejor-no-me-hagas-caso destrozando el “Once In A Lifetime” de Talking Heads. Incluso la cantante, Katie White, se unió a la masacre, “arañando” el disco hasta hacerlo pedazos. Pero creo que los chavales disfrutaron con ese frívolo divertimento.

Of Monsters and Men
Lo siguiente, Of Monsters and Men. Pero había malas noticias: su actuación se acortaría “por motivos de salud”. Salieron al escenario y ninguno de ellos tenía una cara particularmente verdosa, pero para cuando llegó el tercer o cuarto tema creo que la mía sí que lo estaba. El caso es que, en vez de cortar el número de canciones, deberían haber cortado dos o tres minutos de cada una de ellas. Mientras un interminable tema seguía al anterior, los asistentes se iban poniendo nerviosos. Pero la deuda se condonó cuando consiguieron que todo el mundo coreara (como si estuvieran en el fútbol) la pegadiza y ubicua “Little Talks”. 


Muse
Después: un rápido vistazo a Bear´s Den, que sonaban impresionantemente hasta que sucumbieron a un atrevido momento de banjo tipo Mumford and Son. Y luego un instante de calma antes de lo que todo el mundo esperaba: Muse. Son grandes: grandes canciones, gran sonido, grandes luces. Matt Bellamy, el Eduardo Manostijeras del rock, jugó con las canciones y jugó con el público. Lo raro de Muse es que les encanta darse el gustazo de temas larguísimos con movimientos operísticos al estilo de “Bohemian Rhapsody”. Pero para mí, lo más genial que tienen son los singles breves y concisos. La segunda canción que tocaron fue “Supermassive Black Hole”, de tres minutos y medio, muy superior a la que abrió el concierto, “Psycho” (de siete minutos), y singles como “Plug In Baby”, “Starlight” o “Time Is Running Out” son sus momentos cumbre. El himno extendido que es “Uprising” comenzó los bises mientras la épica (y larga) “Knights Of Cydonia” completó la noche. No se puede criticar la actitud, la técnica musical ni el espectáculo; y el concierto de 17 canciones hizo que la multitud que había venido a ver a Muse se fuera a casa feliz. Con oídos y piernas cansadas, me uní a ellos, dejando que las generaciones jóvenes continuaran hasta el amanecer, un nuevo día post-BBK.

Kobetamendi durante el festival

domingo, 2 de noviembre de 2014

BIME: ceniceros, Podemos y el selfie más cerdo de la historia


Bilbao, año 6 a.c. (después de la crisis). Segundo año del BIME en el BEC: ¿Morir de éxito o incinerarse vivo? Sólo ha sido su segunda edición y ya era imposible ver (o por lo menos disfrutar de) algunas de las bandas debido a las aglomeraciones, el humo del tabaco y las incesantes conversaciones de los que quieren decir que estuvieron ahí pero tienen cero interés en la música. Placebo, The National, Divine Comedy, Mando Diao, Macy Gray… Todos ellos desfilaron por los escenarios de este inmenso edificio (algunos blandiendo cigarros en sus actuaciones) que en su anterior encarnación fuera la inmensa fábrica de Altos Hornos deVizcaya. Hubo de todo, desde metro toda la noche (gracias, Metro Bilbao) hasta reivindicaciones políticas que hacían referencia a Podemos, el selfie más cerdo de la historia o el descubrimiento de que Mando Diao en español significa… I love you???


Mando Diao
The National


A pesar del olor a Lucky Strike, de los incómodos bolsos de las chicas que se te clavan en todas partes y de los precios de la cerveza (¿8-9 euros un katxi en medio de la crisis???) hubo dos reyes de este fin de semana musical: The National y Mando Diao. Ni siquiera Placebo llegó a arañarles el trono a estas dos bandas que emocionaron, excitaron, maravillaron y sorprendieron. ¿Qué más se les puede pedir?

Macy Gray
Es curioso que en la primera noche, la del viernes, los dos puntos más álgidos estuvieran protagonizados por versiones. Concretamente cuando Macy Gray hizo “Creep” de Radiohead y cuando Placebo se atrevió (con estupendos resultados) con “Running up that hill” de Kate Bush. Es verdad que ambos  tuvieron los mayores éxitos de sus respectivas carreras en los 90 y que todo el mundo estaba esperando que tocasen sus éxitos de aquellas épocas. También es verdad que desbordaron energía y demostraron un saber hacer que sólo da las tablas. Pero ahí quedó eso. La Gray tiene fuerza, es una mujer con garra. Y Placebo todavía suena a Placebo… todo el tiempo. En un momento dado había perdido la noción de cuándo cambiaban de tema porque todo me sonaba exactamente igual… Y eso que hay que apreciar que Brian Molko se esforzase por
Placebo
conectar con el público hablando en español y que el baterista era como una versión tatuada y masculina de una barbie moderna. No sé, quizá fue que la cantidad de gente que lo llenaba todo, su incesante necesidad de moverse de sitio, fumar a dos manos (si no tres) y hablar a gritos durante cualquier canción, me hicieron perder el sentido de la magia. ¿No se suponía que teníamos una ley antitabaco? Espero que para el próximo año pongan ceniceros. O quizá haya un incendio y luego todos nos echaremos las manos a la cabeza: ¿cómo es posible, fumando en un local con miles de personas…? Los organizadores dirán que fueron los servicios de seguridad, los servicios de seguridad que fue el Ayuntamiento, el Ayuntamiento que fue el propietario y el propietario que fueron los asistentes y los muertos los auténticos culpables…



Bjorn Dixgard, de Mando Diao

La segunda noche empezó fuerte. Los suecos Mando Diao en su concierto express (menos de una hora, como la mayoría de los conciertos del BIME) lo dieron todo a su manera. Eso sí que es energía sobre el escenario. Para la segunda canción su líder, Bjorn Dixgard, ya se había desprendido de la camisa para ofrecernos su torso de vikingo exuberante en todo su esplendor. Es verdad que se lo ofreció (de una manera bastante trasnochada, digna de alguien que se cree BonJovi) directamente a las chicas, pero nos daba igual. Su compañero de banda enseguida siguió el ejemplo y los dos permanecieron semidesnudos el
Mando Diao
resto del concierto, subiendo notablemente la temperatura de su rock garajero-discotequero. Cuando entonaron el tema que todos esperábamos, “Gloria”, nos sorprendió cómo habían rebajado el impulso de su melocotonazo (como dirían en Radio-3), pero enseguida quedó claro que no era más que una argucia para ir subiendo los voltios hacia el final hasta convertirlo, obviamente, en el supertemazo que siempre ha sido. Impecables incluso a pesar de su hipersexuada obsesión por dejar clara su heterosexualidad (¿o deberíamos decir heterosexismo?). Vale, están muy buenos, pero tampoco es para tanto. Llevaban un punto de insolencia pero tenían su gracia los chicos: nos contaron cómo con 14 años, cuando formaron el grupo, eligieron el nombre porque alguien les contó que Mando Diao en español significaba “I love you”… Me recordó a cuando de pequeño me dijeron que en francés se pedía la hora diciendo “Qué horita pondia” y mi primo y yo nos dedicábamos a repetirlo sin cesar creyéndonos muy cosmopolitas…

Billy Bragg
Me sorprendió el británico Billy Bragg. Quizá no por su música (nunca me ha ido demasiado el folk) sino por su insistencia en hablar de política sobre el escenario. Y de verdad que lo entiendo, creo que cualquiera de nosotros en estos momentos, si tuviéramos un púlpito y una audiencia, haríamos lo mismo. Nos felicitó por ser el único país que en las elecciones europeas había dado un giro a la izquierda con Podemos, a diferencia de lo que ha pasado en el Reino Unido con UKIP o en Francia con Le Pen (me niego a facilitar enlaces). Su idea de que la única forma de arrebatar el poder a las multinacionales que nos gobiernan por encima de los parlamentos es recuperar el poder localmente, en ayuntamientos, regiones o vecindarios me resultó de lo más atractiva. ¿La música? Sabía llevar el concierto, se metió con Morrissey y las letras antifascistas pegaban en esta semana que ni pintadas… Vamos, que se ganó a la audiencia. 


Matt Beringer, de The National

Y por fin llegó The National. ¿Qué puedo decir? Me encantan sus álbumes, pero nunca pensé que pudieran hacerme bailar. Me esperaba algo mucho más oscuro y deprimente, pero desde el primer momento me sorprendieron con su energía, el ritmo mucho más rockero, los solos de trompeta, el carisma de su líder y la repartición de roles (en un momento dado cinco de los ocho componentes estaban cantando a la vez)… Impecable el sonido, los visuales de fondo, el sudor de los componentes… y el selfie final. Según se aproximaba la hora de acabar el concierto (los horarios del programa se mantenían estrictamente), el cantante se entusiasmaba más y más. Se echó entre el público y dejó que le sujetaran en el más puro estilo rockero. 
The National
La gente se volvió loca, le sacaban fotos desde todos los ángulos posibles, hasta que en un momento dado alguien le pasó su móvil para que se sacara un selfie. Y él, ni corto ni perezoso, se lo metió en la bragueta y se subió al escenario, para sacárselo a la vista de todos (fue un momento de nervios porque nadie sabía exactamente qué iba a salir de allí) y devolvérselo a su dueño-a… ¿Se publicará alguna vez esa foto? Esperemos que no se quemara entre el humo de los cigarros…